En la Europa de las fronteras permeables, Nijmegen es ahora un destino más, un evento que se difundirá por twitter y que dará de comer a cinco o seis establecimientos hoteleros, cafés y quizá complete asientos en los vuelos al aeropuerto de Eindhoven. Pero hace cuarenta años, Nijmegen (punto de partida de la prueba, que termina en la universitaria y católica Tilburg) era el punto más cercano de la frontera alemana. Los chavales cruzaban en bicicleta en aquellos años setenta desde el lado alemán al barrio rojo de la ciudad del Rhin. Desde Emmerich, Kleve, Düffel o Bedbug-Hau, Nijmegen (Nimega, en español de Ortega) era el Rosse Buurt y la libertad de poder consumir marihuana para los chicos de la Gross Deutschland.
Aquellos días se fundó un evento escolar, que recorrería a pie y en relevos, los 172 kilómetros que conectaban Nijmegen y Enschede. Ayer terminaba la carrera de los récords. Con más de 8.500 participantes, la Batavierenrace ha batido su propia marca mundial como la carrera de relevos más popular del planeta.

Los kilómetros son troceados en 25 etapas, 17 para los chicos y 8 para las chicas. Así, una marea estudiantil con participantes, amigos, bicicletas que acompañan y los lugares por donde se discurre, conforma un pelotón de más de trescientos chavales que en todo momento recorren la provincia de Geldres y Twente, a tramos de entre 3 y 11 kilómetros. Entre medias, tres salidas reagrupadas en las que las caras cambian, los acompañantes y los amigos del equipo se desplazan en masa, ocupando las planicies y las sillas de tijera y las barras de improvisados bares.

¿Quieren ver el listado de instituciones que han pensado que los chavales no son un peligro terrorista ni unos borrachos? Aquí, las entidades patrocinadoras. Asombra ver el número de ‘fondos’ de apoyo a las universidades.

Por orden horario, desde la salida del primer relevo (salen ellas) hasta la caída de la tarde. Fotos de la organización.

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