Lo mismo que mi bodega parece en ocasiones un mueble-bar vacío, otras, muy escasas, la verdad, se juntan botellas tan bonitas y variadas que da gusto mirar. Es como si estuviese aprendiendo a hacer bechamel. No hay término medio, a días espesa y contundente y, a días, acuosa, más floja que el caldo de un asilo. Pero centrémonos. No vamos a hablar de running. Siguiendo los dictados de los que me enseñan, he hecho acopio de las siguientes referencias.

LAS HERMANAS (Bodegas Luzón, DO Jumilla). Gafapastismo insurgente de etiqueta color azul tabaco. Me lo recomendó mi querido Jose Luis, de Bodega Trigo y aquí está. Es un monastrell y syrah jumillano. Hasta ahí lo poco que puedo decir del origen. Puedo confesar que, en mi incultura enológica y escaso bagaje, tengo un favorito de esa uva (monastrell) de Jumilla: el gran Castaño de maceración carbónica. Respecto de Las Hermanas de Luzón ya contaré. Hay una cosa de la que ya sí podemos disfrutar: del trabajo de Pou Larrosa para la bodega. Rastreando por la red podemos ver ese etiquetado completo que es como un sorbo de anuncios televisivos de los años 50. Es un vino joven que irá estupendamente con un estofado o con un arroz. Como ocasiones para hacer un arroz o unas carrilleras al horno nunca faltan, incluso combinándolas. Aprovecho para colgar aquí el mozo que he descubierto en un blog; el Lolo y sus fogones. Que todo suma.

BAIGORRI. El maceración carbónica de 2011. De este goloso y afrutado alavés ya he hablado así que no me extenderé por no repetir. El otro día asomé por Makro y lo encontré a gran precio. Me dijeron después que esta superficie mayorista cuenta desde no hace mucho con un sumiller para cada tienda y que es recomendable, mucho, pasar a echar un ojo. Venden al año más de dos millones de botellas. Entre ellas, las de este lindo pajarito de las bodegas Baigorri.

ABADENGO crianza 2006. DO Arribes. No sabía que hay uvas casi en peligro de extinción. La variedad Juan García está en trabajo desde hace más de sesenta años aunque dicen que la inversión de un grupo leonés sacó mejor cara y más rendimiento a esta bodega. Los Arribes son como el cuarto que queda al lado del de matrimonio, que siempre pasa desapercibido para el paisajismo español. Pero es una especie de barranco de desagüe de toda la brutalidad de la castilla leonesa, donde el Duero se purga de su aspereza, rompe unas fallas graníticas hercinianas y se le quitan todas las tonterías. Los Arribes son el nudo corredizo de lo castellano y el punto donde nos convertimos en emigrados y en escondidos. De ahí en adelante nos transformamos en otro tipo de iberos, más silbantes, más atlánticos. Pero ya es tarde para una federación entre los del curso superior o inferior del Duero/Douro. Lo bueno se lo lleva el río a los Arribes, lo malo se evapora en una espuma que humedece los montes fronterizos. Sólo falta que el vino esté de muerte. Prometo crónica.

MONTEVIEJO, del Valle de Uco. Vino argentino que me llegó a través de mi proveedor de drogas duras. Todo hombre maduro debe contar al menos con uno, si no dos, suministradores argentinos. Es imprescindible que un mayorista de las palabras te muestre sobre cómo patalear el lenguaje sin que suene a violencia cultural. Que te muestre que existe un ‘assemblage’ que un francés agarra y que tire de mí para yo terminar leyendo enlaces como este sobre el global Michel Rolland. Que este Monteviejo elaborado con malbec y syrah sea este mes mi selección argentina, aunque está en dura pugna con La Selección Argentina, editado por Paidos, es culpa del de siempre. Mi dealer.

DEMENCIA, 2008 (DO Bierzo). No podía cerrar el listado sin un ejemplarón de este vino de mencía. La Demencia es noticia también porque lo es el Estudiantes. La locura, acepción de demencia, se apoderaba poco a poco de la directiva del club y lo iban acomodando a los nuevos tiempos. El equipo era como una reunión de neocons donde se maximizaban los fichajes y se envolvía todo de un celofán azul que sonaba a metacrilato según se abría, según se conocía el regalo. Envenenado.

De ahí que había que adquirir un homenaje, aunque fuera con la tilde cambiada, a la afición de patio de colegio.

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