En el libro decía: “Las serpientes boas tragan a su presa entera, sin masticarla. Luego no pueden moverse más y duermen durante los seis meses de su digestión”. Reflexioné mucho sobre las aventuras de la jungla y, por mi parte, logré trazar con un lápiz de color mi primer dibujo. Mi dibujo número 1. Era así:

Mira que mostré mi obra maestra a las personas mayores, mientras les preguntaba si mi dibujo les daba miedo. Solamente dos o tres mayores con cara de hambre y de susto me contestaron que aquello no era una serpiente ni una boa ni un camello. Me contestaron: “¿Niño, vas a hacerlo entero o solo la mitad?”

Mi dibujo no representaba un perfil de un trail, en verdad era una una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa, pero aquellos mayores de cara de hambre se habían enzarzado en una discusión sobre desniveles acumulados o si llevar o no bastones.
Entendí que los corredores de trail siempre necesitan discusiones. Mi dibujo número dos les pasó desapercibido. Era una corredora de velocidad jamaicana.
El número tres era una zapatilla espacial, con tubos de escape, y humo saliendo de la suela.
Uno de los mayores preguntó si había sacado ya modelo nuevo Raidlight. El otro dijo que era una plancha. Su mujer, a cambio de dejarle salir a competir fuera de Madrid, le obligó a firmar un papel cediendo veinte horas semanales de tareas domésticas. Y veía planchas por todos lados. Bueno. La zapatilla que dibujé tenía algo de plancha.

El cara-de-hambre número uno decía que correría el GTP (dijo getepé) grande porque se había quedado sin dorsal. Creí que hablaba de su espina dorsal y me extrañó mucho. Caminaba muy recto. El otro, el cara-de-hambre número dos, el que veía planchas por todos lados y que necesitaba tratamiento psiquiátrico urgente, dijo que no, que se había unido a un grupo que comandaba un holandés que corría carreras con sombrero y que les pastorearía desde Rascafría al Reventón, que irían contando chistes, hablando de cervezas y de jamón.

Encontré muchísimo más peligroso cruzarse a solas con el cara-de-hambre número dos que con el uno. ¡Dónde va a parar!.

En fin. La cosa resultó ser que el próximo día 23 de Junio habrá un pelotón de caras-de-hambre, fraccionado en dos, que recorrerá los lomos (o dorsales, parece ser que se llaman) de una montaña con forma de boa que se ha tragado un elefante.

Me ha intrigado. Iré a verlo. ¿Y tu?

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