Tengo en la recámara una crónica del viaje a Praga pero esto es un asunto de salud pública. Así que, al lío.
Anoche nos vamos a cenar algo a El Séptimo. Diego de León, 7. A ver qué tal. La idea es acomodarnos a uno de los dos menús degustación que ofrecen a través de Eltenedor.es, consistente en esto: Foie fresco con puré de mango, Pastella Samira: brick marroquí de pollo y pasas, Pimiento relleno de bogavante y gambas en salsa de ibérico, Calamar de arrastre relleno de risotto nero, Magret de pato con salsa de frambuesa y Tarta Tatin de mango.

Diego de León es un semiesquinazo blindado de la civilización occidental. Está la embajada de los USA en Madrid y esto arrastra todo, desde Serrano hacia arriba. Se aprecia que la vida normal no empieza hasta bien subidos a Lagasca. En medio nos encontramos con dos servicios complejos como una residencia militar, un chiringo o dos de alto secreto financiero, el INSS… que producen consumidores segmentados y raros. Total, que ahí está encajado el Séptimo. Al lado de un bareto de copas con cincuentones rodríguez de sienes plateadas. Y mulata anunciante en la puerta, como luego veremos.

Los entrantes nos saben de más a menos, con un foie muy bien, especialmente bien braseado. Nos avisaron antes de sentarnos que lamentaban no tener el Calamar de arrastre relleno de risotto nero así que tuvimos que ceder ante un risotto de calamares triste por sabrosazo. Ya saben la cocina italiana como se vende. Mucho parmiggiano rallado por encima y el arroz con mucho moco gelatinoso. Pero bueno. Quedaba por desequilibrarse el fiel de la balanza. Con el maigret de pato sin alardes, no muy hecho, pero eso, maigret de pato. Pensamos mi santa y yo que qué difícil es de encajar la carne en los menús de degustación. Siempre se llega agotado y es una pena. Hemos salido cansados en otros restaurantes de los intentos sobre milhojas donde acumulan todos los malditos acompañamientos de la carne, la patata en rodajas, etc. Hemos aconsejado a Yayo Daporta que siga el ejemplo de los grandes de Galicia, que sustituyan la carne por un todo pescado. Pero no podemos ponernos a comparar unos y otros.

El remate debía ser la Tarta Tatin de mango, bastante bien quemada, pero algo aceitosa. Lo siento, yo es que soy de dulce frío, no caliente. La sorpresa vino luego cuando me pasé a hacer un pis.

En el baño de ‘gents’ yacían semiasesinadas tres ejemplares de insectos rojos gigantes de Men in Black 3. Con sus patitas meneándose y panza arriba. Pido discretamente a una camarera papel y boli y escribo una nota diciéndoselo. “Tenéis tres cucarachas horrendas medio muertas en el aseo de caballeros!”, le paso en un papel doblado a una camarera latina que se lo lleva sin leer. Al momento viene otra chica. Lo lamenta mucho. Lleva dos días en el negocio y se ha estrenado con esta situación, y que han desinsectado y salen así, muertas (si no, a llamar al agente J). Le salva su origen del este europeo y que no sabe expresar su corte ante la situación.

Porque… para asuntos lingüísticos tenían la camarera colombiana. Con su móvil privado en marcha. Bien. Era una noche sin gran estrés en las mesas pero no está a lo que necesitamos en las cuatro mesas ocupadas. Y que parece hacer muy buenas migas con la mulata, la chica-reclamo del bar de copas de al lado. La moza en cuestión, del género jinetero putón, se apalanca en la entrada de El Séptimo a charlar con su amiga, dando un aspecto lamentable a la dignísima acera de Diego de León. No es solamente culpa de las caribeñas en este caso. Son normas básicas que los contratistas del sector hostelero se creen que, con pagar 700 pavos por 40 horas, las no preparadas mozas ya se traen sabido. Pues muy mal. Mal efecto.

Mi nota en ese momento estaba siendo un 7 en la decoración de la sala, del estilo casa rural romanticona. Un 6 en la comida, siendo agradables. Un 4 en servicio y en higiene e instalaciones un 0.

Al salir, pasa un momento mi sra al baño, con la esperanza de que hubieran pasado una fregona de emergencia, y se encuentra con otro cucarachón pardo en el aseo de ‘ladies’. La bronca ya no es en papelito sino que se lleva una reprimenda, por marranas. Coño, ¡que te acaban de echar la murga por eso mismo! ¡Agarra inmediatamente una fregona y limpia o te cae una denuncia en Sanidad!

Quizá sea un síntoma de chiringuito-que-monto-con-seis-sillas-monas-y-dos-camareros-baratos y me forro, que es el barrio de Salamanca. Cartón piedra para un Madrid de cartón caspa. Aceptan cromos del Zorro, eso sí. Apenas a 28€ y dos coleópteros por cabeza con la oferta de http://www.eltenedor.es/Las-opiniones-sobre-el-El-Septimo/k_11016_3_0_0.php

Estén atentos, siempre. Salir a comer debería ser un placer, no un motivo de preocupaciones por esquivar rateros del gremio.

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