Llevan presionando en casa varios días para que escriba mi entrada sobre la Madrid-Segovia. No hay peor cuña que la de la misma madera. Sí que estamos buenos; me han convertido en bloguero profesional desde mi propia guarida. Nevertheless… estas son mis impresiones sobre el buen evento del Sábado 22.

Las buenas.

Han construido un evento muy apreciado. El equipo de Anna, Fernando y demás entusiastas han conseguido que se entienda el espíritu de la prueba. Más que una prueba diseñada para mimar al corredor, es casi una cosa cercana a los cuidados paliativos a enfermos de cansancio. El cariño (que es muy útil para tapar algunas carencias) y el empeño de equipo organizador y voluntarios, de diez. Como siempre.
Se ha podido con mil dorsales. Estábamos todos en la salida. En meta, la primera clasificación provisional da unos 700 llegados a Segovia. Con esa tasa de éxito hay que empezar a pensar en que pocos quieren perderse el festín de llegar al acueducto. Excelente ratio.
El sol de España, por sí mismo una buena noticia. ¿Que no? Así podemos recibir a las turistas suecas y presumir en las conversaciones con nuestros colegas de trabajo fuera de las fronteras de la piel de toro. Porque… el sol nos da vida y es la alegría de nuestros campos.

Las malas.

Nunca hay buenas noticias sin su contrapartida. El evento, según se pudo saber, estuvo en un serio peligro por una cuestión de autorizaciones. La fuente que me lo desveló posiblemente quiera mantener el quién alejado. Una de las instituciones clave en el desarrollo dijo que por sus cojones no daba el adelante (iba a escribir ‘el ok’ pero Mayayo se me enfurruña con los anglicismos). En esta cultura deportiva no se puede vivir. Tres días antes de la celebración de un evento con mil personas embarcadas, un estúpido veto político-administrativo podía haber mandado todo a la mierda. Españistán.
Aparte, cuando ya todo rodaba, llegó el apartado de malas noticias personales. O sea, las mías.
El sol de España. Sí, otra vez. Me baqueteó durante los primeros kilómetros. Lo cierto es que me venía jodiendo desde hace semanas. Para mí, un verano de más de 12 semanas es demasiado. Más de 80 noches sudando, penando y durmiendo poco y mal, sufriendo calambres que van a más semana a semana, no es el mejor filtro fisiológico para que me plante en un ultra. En junio todavía conservo el cuerpo para GTP o TP o similares. Pero empiezo a entender que soy pasto de la dependencia de suplementos de sodio y potasio. Atenderé a recomendaciones.
En el km 5 (Oh tempora, oh mores) sentía las piernas como bloques de granito. Depósitos llenos de glucógeno, pensé. En el km 9 subía hacia El Goloso y comenzaban amagos de calambres. Así… ya me diréis. Al llegar a lo más alto de Colmenar Viejo me di la vuelta porque no daba un paso sin una contracción muscular involuntaria. Eran escasamente las 11h30 de la mañana. ¿Dónde iba yo en esas condiciones, con 70km por delante?
Qué entiende la sociedad por autosuficiencia. Diría yo, qué entiende por correr un ultra. Sobre esto habrá siempre ríos. El UTMB acaba de llamar marranos a los participantes en su monstruito particular. Sí. Se anuncia a bombo y platillo que se obliga a llevar a cada participante un mínimo de material y vituallas. Pero no se dice nada sobre qué hacer con los restos. Por otro lado. Se dice que hay que asegurarse líquido y sólido y que la organización colocará X e Y en tales puntos. Pero no se examina psicológicamente a los participantes ni se les pregunta qué piensan sobre ahorrarse unos gramos de peso. Ni sobre su concepto previo a la participación. Ni si se han planteado qué aporta a sus espíritus competitivos correr una prueba mal medida, que no es campeonato del mundo de nada, sin cajones de salida ni sin duchas con gel de baño (en Tor des Geants no dan. Tampoco).
En realidad se pregunta poco en este mundo.
La prueba correrá -una vez más- peligro. Se acaba de decretar el estatus de Parque Nacional a las faldas y cumbres por las que pateamos. Una sola botella que se despiste, un solo dirigente que tome unas fotos y en ellas aparezcan envolvotios de gel, (hay para todos) o unas cintas de balizado sin recoger provocarán que ya habéis oído sobre la edición de 2013.

Las inocuas para la sociedad.

Porque lo son. A la sociedad le dará lo mismo si renuncio a dorsal alguno entre el 1 de Junio y el 30 de Septiembre. Empero, deberá saber que me tomaré ahora sí un descanso estival. Ahora que miro por los cristales de mi oficina y se cimbrean las copas de los árboles, se abrigan los madrileños exagerados, entiendo que ha llegado mi hora. De 1 de Octubre a 31 de Mayo soy todo oídos. Pero no me van a ver en ultras o trails que superen los 30º en muchos puntos. Me reservo, además, el derecho a abandonar si la cosa se tuerce porque “ha salido un día inusualmente cálido para estas latitudes”.
A la sociedad tampoco le pasará nada si escribo menos sobre running y más sobre otros temas. Es una traición al mundillo este por el que muchos me conocéis. Pero también será un alivio para otros. O no.
Lo que sea, bienvenido será.

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