El sábado celebramos una prueba deportiva en la que no hubo retiradas, ni calambres, ni nos quedamos secos ante la carestía de los avituallamientos que ponía la organización. Era el Certamen-Cata Morro Fino de Tortilla de Patata Preferiblemente con Cebolla, organizado por y para la más truculenta sección de fans de la grada estudiantil. La peña Morro Fino (DO). These were the Hearings.

Asistentes los conocidos y mencionados arriba, miembros de un pelotón de exterminio de viandas y conocidos por mantener atado a las barandillas del Palacio de los Deportes un cordel de chorizo abulense durante semanas. Con una colección tal que así de invitados/participantes, nos dimos el gustazo de recibir las viandas preparadas… a ver cómo lo contaría yo.

Cava Rosado (Bohigas) para empezar. El picoteo es nada más que la antesala de la tensión del concurso. Asoman máquinas de guerra envueltas en papel aluminio, modernos artefactos cubiertos con film… secretismo, secretismo y secretismo. Sólo yo descubro mis cartas a la primera (dicen que con malas artes, que la gente estaba canina). Denominadas como I y II, saco para el picoteo de entradas una simple de patata, cebolla y un dientecito de ajo, medio cuajada dentro y firme fuera. Será la primera en desaparecer así que para las votaciones llevará sobrenombre de ‘la fantasma’.

En orden de la segunda de las fotos de arriba, siguiendo el sentido de las agujas del reloj, la fantasma (troceada y a medias), con su partenaire, una ensalada gigantesca con rulo de queso de cabra, frutos secos y brotes que trajo la Sita Nuria. Más abajo, la ‘sin cebolla’ admitida a concurso de Gus y santa (una mujer interesante, simpática y que ayudó a rebajar los líquidos hasta el agua de los charcos), la de mi amigo Juanjo (su ‘I’), una clásica con cobertera muy hecha. Fuimos colocando de partenaires unos cuencos de pimientos de piquillo, atún y pepinillos agridulces.

La sección más cercana a la cámara la componían: la Gus/Raquel I, una excelente clásica con todo lo que se merece maridaje con la ensalada de mango, cecina y foie que preparé siguiendo la receta de mi buen colega Guille o, más bien, de su esposa). Con la (casi escondida en la foto) king-size de Nuria, la tortilla de más alzado que se ha visto desde la construcción de las Cuatro Torres, pero de interior fabuloso y semicuajado (y patatas al microondas, dicen), a la que le iban de miedo el maridaje con la ensalada de canónigos y salsa de eneldo. Por el lado izquierdo de la foto, frente a Gus, la segunda de las mías, con cebolla morada y cebolleta, pero que se me quedó a mi gusto poco cuajada por dentro (lashprisash). Aún así tiene su público, según podemos comprobar en los votos. Finalmente, la Juanjo-II, tortilla con nombre de whiskería, una fusión con pimienta de Chisuán o de por allí cerca y perejil y de gran esponjosidad aunque mucho más cuajada.

Todo en la mesa, nos arreamos un Blanco Nieva Pie Franco del pueblo de uno de los asistentes, sito en la DO Ribera de Duero, un vino blanco y frío, de gran aceptación. Claro, tantos vasos (y eso que había algunos de la Liga de la Ley Seca) hicieron que se echara a perder todo el vino por los coladeros de nuestras gargantas, con lo que nos arreamos a continuación un Jumilla excelente como es el Juan Gil, monastrell de nariz golosísima. Quizá sea aquí necesario remarcar que las botellas iban a todo trapo. Lo escabroso de la conversación hizo que mandáramos a los gurruminos asistentes a jugar y a dejar de dar por saco por allí.

Tras dejar tiritando varios platos pero no pudiendo con las tortillas al completo, limpiamos un poco el terreno de juego y sacamos un melón (nadando en) Pedro Ximénez que nos sacudió meninges y tuétanos. Alguno se comió un par de yogures pero What happens in Vegas, stays in Vegas.

Café y dispersión tras una votación manipulada, conformista, educadísima con el anfitrión y sobremesa alargada con cremas de orujo, Candado de PXimenez y demás marcas. La conclusión fue que todo estaba dignísimo, rico, que somos tan buenos haciendo ensaladas como tortillas, y que a generosidad no nos gana nadie. Admitimos un vikingo como crítico gastronómico.

La próxima, pues ya se verá.

Un placer. El de la victoria del certamen, claro.

Anuncios