Antes.

Y después.

Entre medias, 500gr de chuletón de DO Avileño, pero retomemos el hilo. Fue (después de un sistemático palizón de entrenamiento de Sábado y Domingo que, probablemente, ya conozcáis por facebook), un paso etéreo y fugaz de tapa y carta en Avila.

Las recomendaciones de un buen amigo nos llevaron a La Alcaravea. Antigua casa de comidas remozada con calidez y un trato profesionalísimo, enfrente de la catedral y del Valderrábanos. Primer piso. Cambiado respecto de años anteriores, según profesionales del gremio de la hostelería de la ciudad, fue (unos años solo) propiedad de los dueños del -clave en la restauración castellana- El Almacén. Pero a este templo le debemos otra visita aparte.

Tal cual, nos asomamos tras unas cañitas de aperitido, dos familias, y lo siguiente fue lo escogido (sin alardes, vayamos a lo que vamos).

– Ensaladas templadas de chipirones, canónigos y endibias. Dos, para compartir. Muy saludables y guapotas.
– Croquetas de jamón ibérico. Muy sólidas y cabales.
– Croquetas de cabrales. Sin ofender al paladar, buenas.
– Revuelto de morcilla con pera y piñones. De primera.
– Nido de mollejas sobre patata paja. Interesante y contundente. El trato de la casquería era muy bueno. Punto a favor.

Luego el personal ha variado en sus segundos entre unas brochetas de DO avileña, unos chipirones rellenos muy bien trazados (como pueden ver detrás de mi, en la foto de uno de los hijos que me está haciendo gastar lo presupuestado para viajes a Miami), unas hamburguesas de carne picada de DO, y algún alma cándida que no ha podido más que con un entrecot ecelentemente cortado y asado. Yo sí. Como se ve en la foto primera. Medio kilowatio de carne al punto.

Acompañado todo con una botella de Juan Gil (DO Jumilla) de preciosa nariz y buen sabor.

Los postres, qué quieren, un pasote. Helado casero (ayer era de galleta maría y chocolate), ‘tiramisuses’, por ahí han pedido una crema de arroz con leche muy rica, y una tarta de queso interesantísima.

Cafés e infusiones. Lo justo para pedir un paseo y un gintonic en otro buen lugar (La Posada de la Fruta, de la que haremos recensión a su debido tiempo). Remarcable sitio como alternativa a los clásicos de la ciudad del frío de pelotas y las murallas.

Nota bene: Atención. El mesón Gredos estaba chapado para el aperitivo. La segunda vez en un año. Así que, para el tema tapístico, El Rincón, a la salida de la Plaza del Ayto. Un buen vino, unas patatas revolconas y un poco de oreja rebozada.

Conclusiones del estudio: correr no es bueno para la salud. Correr es necesario para luego domesticarse cinco platos y sus copazas contingentes.

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