Un cuento para pasar los ratos en este día festivo. Regalo de cosecha propia.

La vida de Angel discurre entorno a la búsqueda de gente. Mientras fue estudiante cambió su residencia varias veces, siempre tras el cambio contínuo de caras y con la esperanza insatisfecha de saborear los ultimísimos nuevos hormigueros urbanos.
Angel aborrece la soledad por encima de todo. De sus contemporáneos ha heredado la necesidad de estar en eterna compañía. Héctor le proporcionó momentos de juerga en un piso compartido en la calle Fuencarral hasta que sus futuros se hicieron divergentes. Héctor tenía en la cabeza espacio para volar y el ideal de Angel era fotografiar mentalmente la sala de embarque de la mayor terminal de viajeros del mundo. En lugar de neuronas parecía tener millones de caras coleccionadas y decenas de millones de palabras cruzadas durante el día y la noche.

El relato entero, aquí.

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