Buenas a todas y todos.  Me presentaré: llevo décadas metido en el mundo del correr de manera más o menos alocada. He organizado carreras, sufrido, corrido, animado en las cunetas, ayudado en avituallamientos, entrenado, organizado quedadas y hasta he logrado que alguno que otro de mis seres cercanos prueben a correr. Para muchos será una relativa sorpresa verme por aquí, para otros una natural consecuencia de bloguear y dar por saco durante años.

Lo primero es lo primero. Así que agradecer ante todo a 20minutos la posibilidad de abrir un agujero en las comidas de empresa, las resacas de las navidades, los emails que cruzan la oficina contando los asuntos de eso que llaman sansilvestres, y que a todos les pique el gusanillo en mayor o menor medida.

El correr. Ay.

Porque es un tema candente. Tu cuñado habla de lo bien que se lo pasan cuatro colegas que salen a sudar y a correr monte arriba. Dos de las compañeras de recursos humanos comparten un trozo de tablón para colgar fotos de las quedadas. Tu marido se ha afeitado los cuatro pelos de la cabeza y ha perdido tres kilos y ya no frecuenta el bingo. Tu hija ha echado al cesto de la ropa una camiseta llena de colorines con un número impreso y la terraza está, día sí, día no, llena de barro o chinatos. Es la escalada armamentística más popular de los últimos años, excluyendo las manifestaciones de indignación o de afirmación, y el retorno de la estética mohicana en los jovenzuelos de la ciudad. El running, el correr, el trote, jogging, trail o no.

¿Qué pasa, que ahora todo el mundo le ha dado por correr?

Pues sí y pues no.

Es normal que aparezcan miles de personas al trote en tu ciudad, decenas en tu parque, incluso que te corten el tráfico y preparen la de Dios es Cristo por algún evento deportivo de estos llamados “carreras populares”. Pero también es España uno de los países con menor práctica deportiva por mil habitantes. Nuestras chicas apenas son un 20% del total de una carrera, en el mejor de los casos, y los supervivientes de los años 80 pueden relatar los “piropos” que se les dedicaba cuando iban en pantalón corto por los caminos y calles. Ha pasado medio millón de años desde que empezamos a caminar erguidos y estamos en potencial riesgo de anquilosarnos. Algo tan fácil, tan barato y para lo que estamos tan adaptados genéticamente

Entonces ¿qué? ¿Me animo a correr como mi cuñado el rapado o me tiro a los cursos de cata o escuelas de padres?

Todo vale. Tanto el vino como la psicología infantil como el correr. Esto me da pie a que conozcáis mi decálogo (y puedo aseguraros que llevo muchos años corriendo, miles de kilómetros zapatilleados y mucho visto).

Ah, es un decálogo de cuatro puntos. O sea, un tetrálogo.

1. Vale. Correré. Pero acompañado. Salvo valientes, correr solo es un coñazo.

2. Correr no se puede convertir en tu vida. Es un hobby, por muchas facultades que muestres. Hay más cosas.

3. Si ya corres, nunca entrenes lo mismo de un día a otro. Cambia las rutinas que bastantes tenemos ya en la vida diaria.

4. Un héroe no es quien corre 42km en Nueva York o Berlín, sino quien recorre 8km buscando un pozo de agua potable o una escuela.

El asunto es tomar todo con perspectiva. Como decía Anton Ego en Ratatouille, no queda de eso en esta maldita ciudad así que haremos un trato, vosotros ponéis la pasión y yo pondré la perspectiva del correr.

Foto: Mapoma, km 17. Autor: I. Palero, tw: @cabesc

Salud.

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