Pongamos que vosotros y yo tenemos un pacto no escrito. Tácito. Yo propongo la idiotez de saltar sobre un par de zapatillas/deportivas/trainers/huarache/tenis y vosotros miráis a vuestra espalda, después a vuestros pies y, finalmente, por la ventana más cercana que tengáis. Ayer (o esta misma mañana, por si estás repasando los posts de este recién creado blog) quedamos en un empate técnico que deberíamos deshacer. Está bien, deshagamoslo.

– “Hoy, solo hoy, has ganado, bloguero. Si mi cuñado sale a corretear como un lechón o como un springbok, no seré menos e intentaré moverme al sabroso ritmo que indiquen mis anquilosadas piernas y mi deteriorado sistema vascular. Pero ¿de dónde saco yo tiempo para esto?”

Ahora tengo bola de set. No vais a quedaros quietos. Quiero que volquéis toda vuestra ira en los comentarios. No hemos habilitado una línea caliente de comentarios para darnos bálsamo de “qué buenos somos” o “si no fuera por los runners, el planeta languidecería”. Estoy acostumbrado a leer o escuchar cosas de todo tipo. Venga, suéltate.

– “¡No tengo tiempo, mis hijos me reclaman atención absoluta!” – dale.

– “¡La reputa, pero si apenas tengo tiempo para mirarme si llevo idéntico color de calcetines!”

Ok. Una cosa ¿De dónde sacas tiempo para tuitear? ¿Y para desmoronarte sobre la butaca del teatro?

Pues esto es lo mismo. Hay que organizar las prioridades de la semana. Teniendo en cuenta que tu ejercicio no va a ser prioridad uno, pero sí que necesita un hueco.

¿Eres un early bird? ¿Te gusta liberar tareas lo más rápido posible? Es más que probable que tu latitud y horas de luz natural sean tu peor enemigo. Sobre todo cuando los inviernos llegan y lees todo ese correo basura que acude a tu mailbox, anunciando vacaciones en lugares más cálidos. No te rindas. Hay materiales y métodos de despertar de la cama brutales, y a las 6am SIEMPRE encontrarás un grupo.

Es una verdad axiomática. No importa qué pronto estés dispuesto a levantarte, siempre hay alguien que corre a esa hora. Mi experiencia en años me ha llevado a levantarme para estar a las 5.50am dando zancadas por la ciudad o el campo.

¿Soltero? ¿Has llegado a un acuerdo con tu pareja? ¿Puedes salir a última hora, después de cenar, sin que tu estómago te aborrezca? A esa hora se desarrolla una frenética actividad deportiva. Mozos, chicas, veteranos, restos de serie, varones a punto de caducar, cuadrillas paramilitarizadas de señoras mayores, supervivientes de la dieta yo-yo, saluda, pide permiso para arrimarte y trota.

Si es muy de noche, procura siempre llevar elementos reflectantes (muchos están impresos en calzado deportivo y ropa), del mismo modo que deberás hacerlo si eres madrugador.

¿Jornada partida? ¿Te alimentas de bizcocho mientras trabajas y puedes aprovechar la hora de comer? En ese tramo horario en que los demás degluten y sestean, comen cocido y arroz con leche, o toman un sandwich en las escaleras del Lower East Side o le limpian los estantes a los supemercados de la zona, puedes acomodar un trote ligero que despeje tu cabeza y te de cuerda para la sesión de tarde.

O en fin de semana, como complemento a otras actividades físicas.

O una vez al mes.

O una vez en la vida.

O, qué menos, una vez en la vida de otro. Alquila tu ser incorpóreo y regresa para correr, si es preciso, de entre los muertos. Pero echa un pie detrás del otro de una maldita vez, PRUEBA y nos cuentas.

[Próximo post: SAN SILVESTRE…]

(Competitors run during the Gay Pride High Heels race in Madrid). Autor: Agencia GTRES.
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