Reconciliémonos con quien no nos comprende, ni comparte o apenas muestra simpatía por correr. Hay gente que no y es que no. Pero ¿qué les lleva a no plantearse siquiera probar? Aprendamos de sus disensiones para pillarles desprevenidos algún día o, al menos, tener argumentos para discutir con ese compañero de oficina o amiga.

De este gremio es David Vivancos, un prometedor escritor de microficciones (de su Blog Grimas y Leyendas surgió Cruentos Ejemplares, 2012, Ed. Seleer) y que tuvo el honor de ser escogido como conejillo de indias para la primera microentrevista. La verdad sea dicha, un poco al azar, entre mis amistades. Y que no corre ni trota ni se confiesa pro- o anti-correr. Cosas de literatos.

En este sentido tengo que decir que sí, que también tengo amigos que me ven como un emplasto caído de otra constelación. Tiro de él para ametrallarle con esta entrevista que ha salido de mi cabeza mientras otros discutían sobre si la San Silvestre Vallecana es un negocio o no. O sea, corriendo.

Miedo me da.

Pregunta: David, ¿corres?

Ni hablar.

[P]: A tu edad, ¿te consideras ya caso perdido para probar a correr?

Un caso perdido. No habría sabido expresarlo de mejor manera.

[P]: ¿Crees que esto del running es una moda o un sincero ejercicio de la sociedad para
ponerse en forma?

No, no creo que sea una moda. Entiendo que es demasiado sacrificado. Tampoco pienso que sea un sincero ejercicio de la sociedad. Dejémoslo en que es un ejercicio de una parte de la sociedad para ponerse en forma. Una parte minoritaria, a mi entender.

[P]: ¿Una infancia dura en Educación Física en el colegio?

Durísima. Todavía no he podido escapar al olor del gimnasio, ya sabes, del cuero del potro y de las colchonetas. Me persigue, lo tengo aquí metido. Cuando veo un plinto o unas espalderas me estremezco. Oír esos nombres me pone los pelos de punta. En mi colegio se estilaba lo que se llamaba la hoja de disciplina, donde el profesor anotaba diariamente los desmanes de los alumnos. No presentar las tareas, cosas así. Tuve el honor de ser uno de los pocos mencionados por el profesor de gimnasia, un tipo sañudo
con pasado benemérito. “Ojo, bajísimo rendimiento”, decía la nota. ¿Cómo olvidarla?
Todo eso acabó al llegar al instituto, donde nos hacían tirar a canasta, dar volteretas, saltar a la comba y poco más y dejé atrás, definitivamente, todas aquellas prácticas sádicas que me ocasionaron unos cuantos suspensos en el colegio.

[P]: Algún otro deporte te podría servir como puente… Eres fan del fútbol de base.

Más que del fútbol base, al que yo asocio a equipos cadetes, infantiles o juveniles, soy seguidor del fútbol territorial o, digamos, más modesto. Soy socio y aficionado incondicional del Club Esportiu Júpiter, un club de Barcelona de historia centenaria al cual he seguido durante los diez últimos años por campos de tierra y categorías que ni siquiera sabía que existían, hasta su retorno a la Tercera División. No, amigo, el fútbol o el baloncesto o la pelota están muy bien para verlos confortablemente sentado pero no para practicarlos.

[P]: Entonces, ¿no piensas entrar al trapo y salir al trote?

Yo al trote no salgo jamás de ninguna parte. Y menos de una entrevista.

[P]: ¿Pedirías salir a una potencial pareja sabiendo que sí es apasionada seguidora del running?

No veo por qué no.

[P]: Como escritor, ¿aceptarías ‘running’ o mejor ‘salir a correr’?

Salir a correr, obviamente. Y más desde que me enteré de que running se pronuncia algo así como raning. Qué despropósito. El otro día un amigo me comentó que en el gimnasio hacía spinning. Le pregunté qué demontre era eso y, para mi sorpresa, me contestó que bicicleta estática. Imagínate. No entiendo qué puede empujar a alguien que pedalea encima de una bicicleta estática a decir que hace spinning. Para qué engañarte, tampoco entiendo, dicho sea de paso, qué puede empujar a alguien a pedalear encima de una bicicleta estática.

[P]: Y, claro, ni por ésas.

Ni por todo el oro del mundo, que suele decirse.

[P]: En esta sociedad tan tonta y esteticista, ¿aceptarías correr como remedio rápido para mejorar tu apariencia física?

Desde luego que no. Si así lo creyera ya habría empezado, ¿no crees? Porque aunque me hayas presentado como a un joven y prometedor escritor, algo que agradezco a pesar de que considero que contiene un par de inexactitudes, años tengo unos cuantos.

[P]: ¿Qué te sugiere oír en el rellano de la escalera: “Natividad, cierra la puerta que me voy a correr”?

Por lo que tengo entendido, quienes suelen pronunciar ese tipo de frases lo hacen a unas horas en las que yo acostumbro a estar durmiendo. Espero no encontrarme jamás en esa situación de pesadilla que describes.

[P]: ¿Abominas de su propaganda o simplemente correr y tú vivís esferas paralelas?

Paralelas no lo sé pero sí en esferas diferentes. No abomino en absoluto. Que no comulgue con ello no quiere decir, de ninguna manera, que tenga nada en contra de quien practica eso del correr. Faltaría más. Entiéndaseme: que no corra no quiere decir tampoco que tenga la actividad física de una anémona. Lo que pasa es que yo soy más de caminatas.

[P]: Entonces, si tuvieras que ordenar las palabras “cafelito”, “sudar” y “glamour”…

Ya están bien en el orden en que las has enunciado. No es que me apasione el sudar pero se me ocurre alguna que otra manera satisfactoria de hacerlo. Definitivamente, sí, el glamour cerraría la lista. Quien me conozca un poco no se sorprenderá al leer mi respuesta.

[P]: Dime cómo podría argumentar en tu propia contra. Quizá así el próximo entrevistado…

La crisis obliga a suprimir el transporte público. Y me hacen entrar al trabajo una hora antes. Ahí tienes el argumento definitivo que podría acabar obligándome a correr.

[P]: Sugiéreme con toda la maldad del mundo alguien para la próxima microentrevista.

Fernando Romay. Ah, ¿con toda la maldad, dices? Mejor, entonces, el Rey.

Anuncios