¿Quién no ha deseado tener la combinación de detener el tiempo, amalgamar la materia y parar las ideas malignas de los villanos? Estás repasando esa pila de bolsas de plástico que contienen papel con el que se podría envolver Groenlandia. Lees en la etiqueta de la lycra para corredores palabras traducidas por google. En las instrucciones del reloj de plástico se apiñan comas mal situadas, las zapatillas para maratón son una bota malaya y te cortan la circulación sanguínea de un dedo y dos uñas giran en sukahara carpado hacia dentro, tu delicada carne. No han sido muy hábiles con los regalos de navidad.

 

Tienes, además, diez mejores ideas sobre qué regalar a un corredor. Esa inscripción a tu primer maratón, el posicionador de tus rutas por satélites hasta hace poco de uso antimisiles o esas sesiones con el mejor fisioterapeuta, para dejar de lado las sobrecargas de la fascia ileotibial.

¿Es que no fuiste claro? Pues haberlo sido.

Tienes hasta las próximas celebraciones para construir una cultura proactiva para con tu Liga de los tipos en ropa deportiva. Es un momento complicado de la existencia humana y debes afrontarlo

¿Conciliación paterno-filial o esa amortiguación para pronadores?

¿La poderosa atracción de ese ultratrail por sendas alpinas o el bono de los parques reunidos?

La ilusión de un hijo hace que en mi muñeca haya un reloj con una correa imitando piezas de Lego. Pesa como una chirimoya y los digitos están construidos en 16bits. Y es que si definimos las fiestas navideñas como familiares, no cabe duda que los lazos entre mi hijo y yo quedarán indisolublemente soldados. Hemos pasado veinte minutos alicates en mano para quitar un pasador de metal entre dos piezas de gomilla y hacer el engendro más ajustado a un reloj. Para alejarlo de la nave alienígena de juguete. Porque salir al día siguiente a rodar 18km con una suerte de omnitrix de Ben10, eso hay que ponerlo en perspectiva emocional.

– Tiene gracia, hijo. No sé cómo has llegado a deducir que me hacía falta un reloj para correr.

Cuando entrabais a la tienda multisecciones con la idea de finiquitar la lista de los regalos navideños, tu cuerpo quería seguir a tu mujer y niños hacia la planta de juguetes educativos y libros. Tu lenguaje corporal y los ojos, sin embargo, eyectaban fuego. Salían despedidos a la sección del podómetro.

¿Te has enfrentado alguna vez en batalla a muerte entre los miembros de tu familia? ¿En Navidad?

– Amor. El año que viene…

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