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Hace unos cuantos años me entretuve echando cuentas sobre los maratones de medio mundo. No sólo mirando la cantidad ingente de corredores que participaban (esto ya es más común también en España) sino cómo se corría.

Calculé los tiempos de media que tardaban los puestos porcentuales 10, 30, 50 y algunos otros. En general, la conclusión era esta: salvo un reducido grupo de un primer 20 o 30%, el corredor de maratón (y distancias más cortas) aparecía en las clasificaciones con unos ritmos muy suaves. Yo vivía acostumbrado a darme palizas a ritmos más serios. De todos modos, entendí que era lo que en los primeros años se llamaba jogging, luego pasó a ser fun running. En fin, quien haya viajado un poco por Europa o los USA (más recientemente también en Asia) verá que la participación estándar es disfrutona.

Hay varias causas, entre las que destaca la cuasi igualdad de mujeres y hombres en meta (ronda el 40 o 50%), o la seriedad del concepto de deporte-salud frente al deporte competición (insisto, salvo la parte de muy delante de las carreras). Colócate un dorsal y asoma por una carrera de 21km por Philadephia con tu cara de hambre, tu cráneo y patas depiladas y tus tiempos cercanos a los 15km/h y estarás cerca de los trofeos.

El boom del correr arremetió contra la sociedad occidental de manera definitiva y para quedarse después de la victoria del estadounidense Frank Shorter en los Juegos Olímpicos de 1972, en Munich. Esto hizo que el americano medio fuera muy receptivo a una moda que difundieron los medios (¡quién no recuerda a aquella gloriosa Jane Fonda!) y que lanzó a todo hombre blanco a la calle o el parque.

Pero no es lo que tenía ganas de repasar ahora.

Estoy mirando en este paraíso estadístico las cifras medias absolutas de las carreras en Estados Unidos. Como cálculo en bruto (total corredores vs total tiempos), no hay muchas diferencias entre carreras de maratón.

Por ejemplo. El exigente y calificatorio Maratón de Boston tiene unos 21.000 entrados en meta. De las 2h04 del vencedor al último corredor, que participa pasando una calificación previa por tiempos, resulta un tiempo medio de 3h50. Con la principal sección de tiempos (más de 8.000 corredores en 2011) entre 3h30 y 4h00.

Chicago, otro dominio de los superespectáculos. Casi 38.000 participantes en meta. Tiempos estruendosos en cabeza (habituales vencedores cercanos a 2h04) y un tiempo medio de 4h32 en 2012. La masa está mucho más repartida en la tabla del pizzero. Hay tres grupos de casi 8.000 corredores que llegaron en los tramos 3h30-4h00, 4h30 y 5h00.

NY. La maquinista de la generala. En 2011 llegaron 46.000 personas a Central Park y la media se fue a 4h28. Más de 11.000 finishers se agruparon de 4h00 a 4h30.

Cifras similares. Pasado un rato de toma de contacto me puse a jugar con las tablas. Nos encontramos con unos hechos estadísticos irrefutables.

En la tremebunda y elitista Boston, de nuevo, solo unos 6.500 corredores (de 23.500) bajaron de esas 3h30. Hey, what’s going on here? Se supone que – dividido por sexos y edades – es como participar en la milla de los Milrose Games. ¿Un 25% únicamente es capaz de correr por debajo de cinco minutos por kilómetro? ¡Pero si en mi grupo de rodaje solo hace falta un guiño para que nos pongamos a cuatro treinta“! ¡Si somos unos matados sin entrañas!

More.

En New York sólo 5.300 de los 46.000 corredores bajaron de las muy respetables 3h30. Los 4.50’/km sostenidos durante los cuarenta y dos kilómetros y pico. Apenas un 9%. La élite de la élite. Quizá me leas y sonrías con suficiencia porque este año estás embarcado en ese plan de entrenamiento sub 3h30 y ya no eres un lento futinguero. Un 91% de los finishers de la NYCM te verán como un tipo inalcanzable.

Echémosle la culpa a los turistas que quieran correr Nueva York como mero hecho social, sin ser realmente corredores batidos en el polvo y la estepa. A los sofocantes grados de la edición de Chicago de hace unos meses. A que los corredores hispanoparlantes somos más duros y ligeros que … No. Seguro que esto en Boston no sucede.

Quizá la ‘culpa’ es de esas masas que salen a la calle simplemente a terminar las 26 millas y media. Eso no es correr un maratón, como se suele leer. Veamos si las pruebas menos famosas tienen menos porcentaje de pachangueo.

Cleveland Marathon, (OH). No más de dos mil quinientos llegados a meta. Febrero, amplias avenidas, algo ondulante, sí. Pero esto no es un carnaval. Tiempo medio… 4h37. De nuevo el paquete entre las 4h y las 4h30 domina.

Richmond (VA). Finales de Octubre. Tiempo medio 4h24. A carreras más regionales o locales, menor participación y tiempos similares o más altos.

¿Es esta la tónica? ¿A qué se debe? 

Según marathonguide.com la media de todos los tiempos de finishers en 2011 en los Estados Unidos fue de 4h37. Más concretamente 4h26 para hombres y 4h52 para mujeres. Sin temor a equivocarnos, el país de las barras y estrellas acoge con cariño a corredores que merodean las dos horas en medio maratón. Quizá sus maratones incluyan un poco de caminata para recuperar la fatiga generada por el duro esfuerzo de estar casi cinco horas en movimiento. Posiblemente muchos mejorarían si se acogiesen a unos buenos programas de entrenamiento.

Pero los tiempos medios se mantienen en las carreras observadas desde hace unos cuantos años. En 2002 la media de los 325.000 corredores que terminaron un maratón era también de 4h38. Y eso que la ciencia del entrenamiento avanza. La mejora en los patrones de nutrición es un issue en los EEUU así que, por lo tanto, algunas mejoras deberían ser evidentes.

¿Es posible que la gente no desee correr más deprisa? Unos lo verían como una señal de madurez, mientras algunos como de incapacidad. Quizá sea el subcontinente norteamericano el Dorado del correr tranquilo. Sea como sea…

¿Ocurre lo mismo tu entorno? 

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