¿Saludas? “Hey”, “Buenos días”, “Vamos”, me conformaré con cualquier cosa porque se trata de ser agradable.

¿No saludas? ¿Por qué? ¿No me has oído porque llevabas a todo trapo las famosas powersongs del mundo del corredor? ¿No me has visto, quizá? Es posible. Eran horas en que aún la noche era dueña de los caminos y …¡hemos pasado uno a un metro del otro!

Juraría que hasta has mirado de reojo.

El filósofo George H. Mead definió que  nuestro ‘yo’ aparece como una realidad social, sujeto a la negociación con el entorno, a la interacción simbólica a través de la comunicación. Tu ‘yo’ (tu ‘tu’, si te empeñas), también. Lo llamó ‘interacción simbólica’. Quizá sea una de las cosas que más sorprenden a los no-corredores. En la montaña se suele seguir un código ético; siempre saludar. Cuando alguien empieza a correr quizá vea a los ‘rápidos’ como seres superiores y flacos (y feos) a los que no se debería interrumpir su sesión cuasiprofesional. Pero es una sensación engañosa.

Por eso te digo que es muy agradable que saludes aunque con un ligero levantamiento de mentón – o ¿era ese el gesto que has dejado ir esta madrugada? – por las siguientes once razones. Se me podían haber ocurrido más pero tienes otras cosas que leer por Internet.

1. Es un rato de ocio para ti. Si es ocio, estarás de mejor humor que si te enviasen a conducir un camión de 14.000 kilos. ¿No, prenda?

2. En cierta medida somos hermanos de sudor. Si no te gusta mi sudor ten en cuenta que, al menos, podría ser yo el que te denunciase por tu sudor. ¿Dónde está el brotherhood del corredor?

3. Soy del sexo gañán, bella. Pero no te voy a agredir ni físicamente ni de palabra. Bastante tengo con mi pulso. Aplíquese a los bellos seres, dos, del mismo sexo. No sea que.

4. Porque primero te he saludado yo. Lo hago a menudo.

5. Algún día irás aburrido y te apetecerá pegar la hebra. No querrás ser ‘el idiota de las siete y cuarto’ al que la gente evite.

6. No sabes si hace diez minutos un tumor o una corriente han dejado tus cuerdas vocales inservibles. Ejercítalas por si acaso.

7. Aristóteles dijo que tu y yo éramos animales sociales. ¿Vas a contradecir a Aristóteles?

8. No llueve. Los días de buen tiempo alegran a los animalillos.

9. Llueve. Las plantas están alegres.

10. En el colegio y en casa te enseñaron que debías ser educado. ¿Vas a tirar tanto empeño puesto en tu formación? Ay, si te viera tu madre.

11. Porque un día me vas a pillar más caliente y te voy a llamar cualquier cosa o lo mismo te arreo una pedrada. Y sé por donde corres (eres así de previsible)

El de ahí arriba… ¡hola hombre!

SANYO DIGITAL CAMERA

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