Escena:

Macho alfa comenta entre sonoras risotadas que el jueves se inscribió en un tour operador que le iba a transportar a la experiencia deportiva de su vida. El maratón de Nueva York. Los contertulios le admiran y sopesan entre la desconfianza y una pizca de sensatez que, quizá, no, seguramente, es una barbaridad de la que el macho alfa tendrá que retirarse. O que sufrirá en su organismo las terribles consecuencias de su bravuconada. Los chacales componentes de la manada tiran de sonrisa para que no se note la envidia ni la ansiedad. Alguno de los contertulios, del sexo que sea, deseará irse a la cama con semejante torrente de energía.

Pero  uno de los/as asistentes a la cerveza after work mira de reojo a su teléfono y teclea “correr el maratón“. El/la asistente no llegará nunca a macho/hembra alfa en la oficina pero, dos o tres escalones por debajo, ¿por qué no?

¿Qué me costaría mirar esto de correr un maratón?

Ya hago ejercicio y salgo a caminar por la montaña. Y si lo dejo otro año ¿no estará pasándose el arroz de cometer estas locuras? O ya corro y me da un miedo atroz pero… si lo hacen miles de personas en el mundo, ¿no será tan traumático? O estoy entrenando para correr 21km y siempre he declarado que mi distancia máxima es correr dos horas. O…

¿Me daría tiempo en un año? ¿Me daría tiempo en tres meses? ¿En un mes?

Un año parece un tiempo razonable. Si haces algo a la semana, un año es un tiempo suficiente como para ir acostumbrando el cuerpo a salidas a correr paulatinamente más completas. No más largas, sino que combinen potencia, larga duración o lo que se nos cruce en forma de plan, esquema de entrenamientos o grupo de amigos. En un año podemos dedicar tiempo, meses, a perder peso, fortalecer articulaciones, machacar el metabolismo.

Pero, reconozcámoslo. En estos tiempos ¿quién hace planes a tan largo plazo?

La idea probablemente te dura a fuego lento durante unos días. Miras el calendario y ves hacia donde va el calendario de los maratones más cercanos. O te invitan porque tienes la suerte de (a) trabajar (b) en un patrocinador o en sabe Dios qué  circunstancias te ves arrostrado a correr. Te dejas, quien no.

Miras y te quedan tres meses. Al pánico se le sucede la búsqueda en google. “Plan de preparación en x meses“. Cuidado con estos planes. Cuidado con todo (últimamente parezco un agente de seguros de vida, no hago más que recomendaros prudencia).

Tu preparación tiene que ir encaminada a estar en movimiento entre cuatro y seis horas. Ve con paciencia haciendo entrenamiento variado y que siempre te quedes con ganas de más. Un truco que uso en épocas de escasez de tiempo es (ya lo conté) dejar las ganas para el fin de semana. A dos meses vista de esa prueba grande, aumento la duración en horas de mi salida grande. No importa el ritmo ni la intensidad o el terreno; simplemente alargo media hora el asunto.

Yo seguiría unos pasos básicos. Para novatos o lanzados sin conocimiento.

1. Escoge debut teniendo en cuenta los cierres de control. Si vas apurado, que sepas que media hora más de cierre (p.ej. 6h en lugar de 5h30) te suponen un colchón de comodidad. Y el tráfico cortado y los servicios de la carrera disponibles para ti.

2. Trocea el maratón en secciones entre avituallamientos. Entrénalo así y practícalo en carrera. Cada 5km se puede y debe parar a beber, caminar 100m y estirar un poco. Si quieres, incluye algo de sólido. Un maratón de buenas a primeras puede ser una aventura suicida pero… ocho tramos de 5km… (borra esa sonrisa de la cara, esto sigue)

3. Deja la euforia para la PSP. Quédate atrás del pelotón de salida y comienza sumamente prudente. Si vas a respetar el punto anterior, los primeros tramos de 5km te sabrán a poco. Pero a mitad de carrera irás recogiendo cadáveres.

4. Sonríe. Es una fiesta. Han cortado la ciudad para ti y para tu entretenimiento. ¿Qué es eso de llevar la señal del guerrero trascendental en tu gesto?

Lo demás es de una importancia relativa. Ya te contarán los principios físicos del maratón: lo del muro, lo de estrenar o no ropa o calzado, lo de qué comer y qué beber… para eso hay tanta información como personas.

Si apostaste fuerte y estás decidido a meterle el diente a esta gran fiesta deportiva, ante todo, recuerda: correr es de cobardes. Aún estás a tiempo de retirarte de la apuesta.

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