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Antes era el golf el que te daba ese plus de riesgo. Ir a jugar a una de esas exquisitas partidas podía ser el momento de tu ascenso, donde podías mostrar tu valía a los superiores. También podías ser fuente de un momento hilarante, donde saldría a flote tu falta de escrúpulos a la hora de arrastrarte, o tu manifiesta torpeza.

El siglo XXI ha añadido una variabilidad deportiva total. Unos intentarán utilizar el pádel como ascensor. Muchos insistan con el asesinato de animales con armas de fuego. Pero la democratización del esfuerzo ha llevado a las calles a muchos managers, CEOs, MBAs, y decenas de acrónimos y estúpidas etiquetas corporativas. Sudan como tú. Jadean al mismo tiempo que tú. Se han inscrito en un evento deportivo días antes que lo hicieras tú. Pero hasta ahora no lo sabías. Muchos de tus superiores en el trabajo corren.

Para ser equitativos, también corren muchos de los que están trabajando para ti pero… este es un blog de clase (no somos perfectos).

¿Cómo sacar el tema?

Un paso más en la valentía y tu estrategia laboral (se la que sea, la de ascender, congraciarte o meramente sobrevivir a los próximos planes de despido) ¿te llevarían a proponer a ese jefe la posibilidad de correr juntos? Vamos a ver, está en juego que no seas el próximo despedido. O quizá tu jefe sea una maravillosa persona que optimiza los recursos humanos y vives en esas empresas idílicas que alguien conoce. El ambiente de tu oficina o tienda o peonada es ya de por sí bueno, humano y habitualmente sacáis temas pero, leches. ¡nadie se había atrevido a preguntar al jefe sobre sus ratos de ocio! Todos creíais que se limitaba a trabajar, gastar dinero y acudir al palco del campo de fútbol.

Pero no. Le gusta correr. Venga… ¿Hay huevos o no los hay?

Nunca he tenido esta situación delante pero en mi familia ya me han contado varios casos. Parece ser que es un tema muy tratable. Directores financieros que se desenmascaran y sacan su vis paciente y trotona reaccionan de modo muy saludable. En lo alto de la escala laboral y financiera también se usa el correr como terapia. Sí es cierto que muchos carecen de tiempo (irónicamente, cuando el jodido en los horarios eres tú) y tienen que trotar en incómodos entornos como gimnasios de hotel. ¿Aprovechar los últimos segundos de un café cruzado o una reunión de trabajo para ello?

Algo así. Estáis levantándoos de las sillas y la gente baja la guardia, empieza a abrir los sistemas operativos de sus smartphones, o recoger las carpetas. Pones cierto gesto de cansancio y susurras hacia tu jefe:

“Voy a por el tercer café ya (politoxicomanía que te integra con los jefes, sin dudarlo) que esta madrugada salí a correr un rato y…”, mientras sacas una mueca de complicidad, o te incorporas sujetándote los riñones.

Si desea haber tenido ese rato de running, sonreirá o será franco. Al menos mirará. Si ha hecho lo mismo o ayer lo hizo antes de su vuelo a Frankfurt, te devolverá una puerta abierta a una breve conversación. Si es un habitual y adicto a correr, preguntará directamente.

Para qué.

Hay tantos motivos. Desde los más inocentes hasta el tiranicidio.

El asunto clave es si quieres estrechar lazos con él. Si es por motivos profesionales o por curiosidad. También cabe si quieres restregarle tu verdadera valía ante su asquerosa nómina, esa que tiene unos alucinantes ratios de miles de euros por semana trabajada. O si deseas llevártelo a esa ruta homicida para poner sus pulsaciones a 194ppm y dar un golpe de Estado en la empresa. O escalar en el organigrama de tu Dirección General.

¿Crees que no es para tanto? ¿Eres de los que piensan que al final todos somos gente corriente que busca una vía de escape?

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