Utilizo una galería estándar de fotografías tomadas durante un evento de casi 18.000 personas. El medio maratón de Madrid. En la galería hay aproximadamente setecientas fotos. Y me pongo a jugar a contar.

Mi idea era repasar cuántas chicas salían en el encuadre. También he de confesar que venía atraído por la posibilidad de comprobar las caras que llevamos cuando corremos. El drama, el dolor, esos ojos cerrados o hasta esa sonrisa beatífica.

Pero rápidamente he notado que prácticamente sólo aparecían corredores de evidente origen español.

Estas eran las cuentas: 330 rostros contabilizados; 2 evidentemente andinos, 1 evidentemente caribeño y 3 tipos con un ineludible aspecto de turista de un país del norte de Europa o de Norteamérica.

¿Son estas cifras acordes con la división de población española por su país de origen?

Hace un par de años salió en Runner’s World (USA) la reescritura de otro artículo conocidísimo en algunas esferas (desconozco si se tradujo o si se citó en el ambiente hispano). Why is running so white? Las preguntas eran eminentemente las mismas: ¿Dónde está el espectro social que se puede ver en la calle, en la cabalgata de reyes o a la salida de un partido de fútbol de una ciudad mediana?

La National Runner Survey estadounidense hizo una encuesta con más de 12.000 entrevistados y un 90% de los corredores censados eran caucásicos, apenas un 5% hispanos (en USA es un grupo censal propio) y 3.9% asiático-pacíficos. ¿La población negra? Un 1.6%. Correr “es para blanquitos”.

¿En nuestro entorno ocurre algo parecido?

Mi muestreo acientífico y sui géneris certifica (de aquella manera) que alrededor de un 1% de los corredores de la prueba de Madrid eran evidentemente latinoamericanos, no parecía haber norteafricanos entre la masa de corredores populares, y se acabó. Hablamos de un país con un 12% de extranjeros.

Pero ¿no quedamos en que correr es barato, sano y que todo el mundo puede hacerlo?

El mantenimiento de unas zapatillas y una ropa cómoda para correr era, hasta ahora, económico. ¿No debería atraer el fenómeno de las carreras a practicantes que no pueden costearse 1.200 euros en una buena bicicleta o alquilar pistas de pádel a siete u ocho euros la sesión? Sin duda correr es más barato que eso, pero también lo es juntarse a jugar al fútbol en un descampado y compartir neveras para las cervezas. O esos macrotorneos de voleibol donde los peruanos son los malditos reyes de la ciudad.

Quizá habría que mirar en dos direcciones: la sociología de quien ve correr como un hobby extraño (volvemos a los comentarios y deportes más populares entre la raza negra norteamericana) y los precios de inscripción de “ese deporte tan barato”.

¿Te animarías a convencer algún vecino o conocido de otros grupos étnicos?

postdata. En realidad, ¿le importa esto a alguien? Vivimos en una sociedad individualizante. Cada día se ve más gente corriendo sola y enchufada a su silencio musical.

postdata(2). Pienso empezar a preguntar a latinos, rumanos y maroquíes por qué no salen a correr. Y lo pienso tuitear.

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