El mes de los maratones se nos ha escurrido por los dedos. Habitualmente el final de abril significa que hay que dar paso a las montañas. Se habla de esa jerga llamada ‘trail running‘ y te apetece iniciarte por los cerros.

Pero este año la montaña asusta de invernal que está.

¿Qué se puede hacer? Te llaman esas cumbres y esos famosos senderos entre pinos pero los sistemas montañosos españoles, a 2 de Mayo, lucen tal que esta foto tomada por Venta Marcelino (Puerto de Cotos y alrededores). O el Vall de Núria.

Aquí vienen unos consejos para que vayas disfrutando sin tener que acudir a que te deslomen en grupos de entrenamiento como los de Mayayo Oxígeno o de la tienda TrailXtrem.

Equipamiento básico.

Básico es contar ya con tu par de zapatillas específicas para la montaña. Puedes usarlas para correr por terrenos variados así que no deberás comprarlas sólo para el monte. Hay miríadas de guías de cómo y dónde buscarlas. Googléalo.

Llega el tiempo bueno y, para iniciarse en ello, apenas hace falta algo más que tu vestimenta normal de correr. Los calcetines te aguantarán las primeras salidas.

Una inversión básica es una riñonera donde puedas colocar un bidón con líquido. Esos 500cl te harán más llevadero este salto inicial a lo extremo. Además cuentan con un bolsillito donde puedes meter las llaves del coche o de casa, algo sólido para comer y algún ‘extra’.

Para la frente (contendrá el sudor que cae hacia tus ojos), un ‘buff’, término con el que la marca Buff ha instalado el genérico para estos pañuelos o badanas. Si te estorba puedes pasarlo a la muñeca, puede abrigarte como una gorra contra el sol o contra el viento, vamos, el invento del decenio.

Y ya. Al monte.

Fortalece esas piernas para las primeras sesiones.

¿En serio no conoces una cuesta en tu localidad o en tu parque? Muchas veces habrás rechazado esa barbaridad de rampa por motivos múltiples. Ahora es el momento. Trota hasta su comienzo y estira un rato. Estás preparado para una buena sesión de cuestas cortas y tensas. Hazlas a ritmo suave. Tienes que acostumbrar la musculatura, no desgarrarte hasta el esfinter anal.

Escaleras. Las de casa, las de un centro comercial, del estadio al que vas a pegar gritos o las de tu oficina. Sí. Lo mismo trabajas en la planta 14. Haz escaleras. Hazlas lentas, de uno en uno y de dos en dos. Siente dónde tira y dónde tu cuerpo va usando músculos para equilibrar las fuerzas y el peso del cuerpo. Se llama propiocepción. Ayudará a que tu tren inferior esté mejor preparado.

Empieza a correr por la base de la pirámide.

Tanto la base de la montaña como la base de la dificultad.

Que sean algo como unas “escapadas guerrilleras de entidad e intensidad moderada”. Ten en cuenta que es tu primer acercamiento a este mundo del correr por lo salvaje y lo escarpado.

No se puede subir a la cota 2000 (ya ves cómo está de nieve) pero puedes tomar como referencia para iniciarte un cerro cercano. Las primeras estribaciones son ideales para subir dos o tres veces por un escarpado pedregal. Nada exagerado, que dure lo mismo que mil metros a tope en llano (de cuatro a seis minutos valdrá).

Te propongo que hagas unas subidas que te fuercen a trabajar “como en montaña” pero de las que puedas bajar rápido y trotar entre una y la otra. Los técnicos llaman a esto “transferir el trabajo de las cuestas”. Se basa en que, después de una sesión de fuerza muscular, donde el músculo se atrofia, se acorta (modo concéntrico), se debe pasar al modo excéntrico (modo de trabajo muscular de la carrera a pie), en el que el músculo se elonga al contraerse. Bueno, un poco de teoría que nunca viene mal.

Un ejemplo, correr diez minutos por el llano, una ascensión, media vuelta senda abajo, trote vivo por el llano y repetir el ciclo.

Seguro que terminarás calentito y se te habrá pasado el ansia de ver las cumbres nevadas.

Y, si estás aún ansioso por el trail running más duro, siempre está internet y sus vídeos y fotos.

 

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