Erase una vez un cuarentón o una treinterañera que corrían. Y lo habían incorporado ya a sus hábitos. Esa persona que muchos conocemos. Quizá nosotros mismos. Nuestro peor enemigo.

El corredor vino un día de un entrenamiento especialmente motivador. O del gimnasio de una sesión de cardio. O llegó a casa de participar en los festivos 8km del Buenos Días Run Series. En cualquiera de los tres escenarios había charlado de manera animada. La generación de endorfinas y la circulación de la sangre habían elevado las emociones. Chicas jóvenes y deportistas o chicos sin tripa y sonrientes que se interesaban por la evolución de los entrenamientos de nuestra hipotética corredora.

Abrió la puerta y le saludó su compañero, su esposa, su novio o la madre de sus hijos. Y le vino a la cabeza el comparar con esas otras personas que dejó en la zona de meta o de recogida de las bolsas de la carrera. El corredor huyó mentalmente hacia la próxima vez que se vería rodeado de esas nuevas y deportivas amistades.

¿Conoces casos similares?

Haz memoria de las conversaciones que han salido mientras corríais. Su anterior pareja no era tan deportista. Quizá fumaba. Estaba pasado de peso o prefería recordarle que el/ella tendría que quedarse con los niños o que las tardes estaban para comprar o para pasear.

La historia de las nuevas amistades es vieja como la humanidad misma. Correr (en general, el deporte) es un hábito incorporado recientemente a la sociedad. Pero es algo que se ha buscado un hueco en el ocio de la vida en las ciudades occidentales, grandes o chicas. La ruptura de las parejas también está enraizado y, si vemos a nuestro protagonista, el corredor, dos años más tarde, ha buscado un nuevo rumbo en su vida.

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Y ¿de qué depende todo esto?

Es fundamental entender que muchísimas parejas se forman anteriormente al momento en que descubres el running. Las estadísticas de participación en pruebas de calle nos  colocan ahí a los que rondamos los treinta-y-cuarenta. En EEUU en 2000 el 44% de los que terminaron un maratón tenían más de cuarenta. En medio maratón, la prueba que más ha crecido en el planeta en partipación (más de un millón de norteamericanos al año) la edad media de las mujeres participantes está sobre los 38 años. En el medio maratón de Torremolinos de este año la edad media de hombres y mujeres fue, respectivamente, 39 y 41 años.

Y el espectro ya no solo corre por batir el reloj sino porque correr es cool, ayuda a sentirse bien y a perder peso. Unos parámetros nuestro corredor no tenía que preocuparse con veinte años, cuando conoció a su pareja.

El tiempo, que todo lo revuelve. Y llegan las preguntas, con o sin malicia.

¿Descubres que lo que más te gusta es correr? ¿Piensas en cuánto tiempo has perdido sentado en el sofá o paseando por centros comerciales?

Como siempre, depende de las prioridades en las que sitúas el correr. Nuestra corredora descubre que correr es ahora lo más importante y que ya pueden colocar por medio la instalación de los armarios de Ikea. Nuestro protagonista organiza once fines de semana al año con las carreras y medios maratones a los que no piensa renunciar, amén de los planes de entrenamiento de tres, cuatro o cinco sesiones semanales, se pongan en casa como se pongan. ¿Y es esto culpa del otro?

Es una de esas preguntas que nuestro hipotético personaje se hará. ¿En qué medida tiene el otro la culpa de que hayas descubierto el running y toda esa estupenda gente? Bueno, depende si sales a correr para huir del tedio o de las discusiones en tu pareja, o si es un entretenimiento que colocas en tu parcela vital.

¿La solución es cambiar de pareja? ¿Llegará nuestro personaje a ese extremo? Yo conozco bastantes casos. Conozco asimismo casos en los que el miedo a afrontarlo o la crisis económica les hace vivir encerrados en una pareja que no quieren. Vidas paralelas dentro y fuera del grupo de entrenamientos también he visto unas cuantas en estos treinta años largos en el planeta running.

Siempre es lícito buscar la mejora de las cosas pero, insisto, ¿en qué lugar colocas en la lista de prioridades a tu mundo del corredor?

Si estás tan absolutamente apasionado por esa chica con la que entrenas, o con ese grupo que sale a correr L, X o V (como los taxis), si querrías viajar y correr maratones y no tener que combinar esa Feria del Corredor y el Pasta Party con entretener a tu familia, si tu trendline en twitter está lleno de #run y yermo de #family, quizá no estés hecho para vivir en pareja.

Un peldaño interesante, intermedio, es hacer deporte en pareja. La búsqueda de google de “deporte en pareja” arroja veintidós millones de resultados. Así pues, hay información de sobra. Todo vendrá dado por la disposición de la pareja y también de lo que entiendas por deporte. Si aceptarás salir a pedalear o caminar en pareja o si “eso no es lo mismo que correr” o “yo no voy a dejar de correr porque correr me hace sentir vivo”. Una gama intermedia infinita.

Eso es. Como persona que ha ido creando el entramado de este personaje hipotético (o no tanto) estoy obligado a advertirte.

Todo estará relacionado con la perspectiva con la que afrontes cualquier hobby. En este caso hablamos de correr. Bien. Corre. Corre y deja vivir.

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