Seguro que has corrido por un lugar salvaje, encantador, delicadamente cuidado o que evoca lo mejor de tus pensamientos.

¿Nos lo cuentas?

Vayan los míos.

Ladera sur de la Sierra de Lagunilla (Salamanca-Cáceres).

Hay una caída entre mesetas por donde discurren el GR10, sendas de herradura, huertos y sosprendentes castañares y robles. Es imprescindible visitarlo aunque sea sin correr. Un poco más allá de los famosos cerezos en flor.

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Rive de L’Erdre (Nantes, FRA).

Saliendo de Nantes centro, en el valle del Loira, un afluente de este “rio de los Reyes” tiene un sendero lujuriante, marcado para el odio y el deporte. Aparentemente sin final. Como todo en Francia.

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De Ribadesella hacia el oeste.

Camino de Santiago o simple excursión. Desde la terminación de la playa de Ribadesella, una de las villas marineras más bonitas del país, en dirección al finisterrae. Se pasa por Tereñes, carreteritas y se desemboca en el desfiladero de Entrepeñes. De ahí, a la playa de Vega. Un paraíso.

Camino de Santiago: Triacastela

Bajar desde O Cebreiro hacia el entorno de Triacastela es una barbaridad para los sentidos. El descenso se enroca en sendas, arbolado y aldeas escondidas.

 

 

Por el South Bank, Támesis, (Londres, UK)

Cruza el río hacia la parte sur. De ahí surge el Thames Path. Un GR de decenas de kilómetros que trastea detrás de edificios históricos, los famosos puentes de Londres, etc. Y lleno de runners.

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Fotos: AngelPilger.net, DiscoverLondonBridge.co.uk, Spanjaard, Wikipedia.

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