En Julio de 1973 se inscrustaba en la élite del atletismo nacional una menuda niña prodigio, Loles Vives. La velocista nacida en Manresa había conseguido 12″3 manuales. Sin haber cumplido los dieciséis años era subcampeona de España de cien metros lisos y apuntaba más allá de los 5,20m en salto de longitud. Había buenas expectativas para  una de aquellas atletas bajitas y potentes de la incipiente velocidad española. Después, un parón en una progresión que, en atletismo, no siempre es lineal. Como ella comenta, hubo bajones de forma.  Y es que se mantuvo en competición en categoría absoluta hasta los 28.

El ciclo de apertura del atletismo español estaba en 1979 a punto de dar un paso adelante. España competía en un nivel internacional ‘B’. Los seleccionados de la época competían en las denominadas Universiadas o en la Westathletic, un encuentro deportivo sin los deportistas del Telón de Acero y sin la losa de las locomotoras  estatales en lanzamientos o velocidad. Eran los titanes de la generación del 57/58, gente que hizo de padre espiritual de los chicos de Barcelona’92. Los velocistas Ángel Heras, Javier Moracho y Carlos Sala en las vallas, marchadores de hierro, Benjamín y Jose Luis González y Jose Manuel Abascal en las vueltas a la pista o el saltador Antonio Corgos. Las chicas pugnaban por alcanzar la internacionalidad un peldaño más abajo dado que la herencia del franquismo había mandado a las mujeres a las catacumbas del deporte. ¿Cómo salir del ‘techo ‘?

El dominio de la ex-RDA era evidente.  Muchas velocistas, con posteriores historiales de dopaje masivoEra la época en la que el sprint puro estaba polarizado entre las velocistas americanas y las complejas historias detrás del Telón de Acero. La Europa del Este dominaba desde su concepción del deporte-Estado y empleaba las armas que fueran necesarias para derrotar al enemigo capitalista. Se vivía un apasionante duelo entre la líder mundial, Marlies Gohr, de la República Democrática Alemana, y la estadounidense Evelyn Ashford, una bala bajita con cañones en las piernas.

11.99

En la prueba que determina la mujer más rápida del planeta estaban rompiéndose ya los once segundos. Marlies Gohr lograba en Dresde unos 10,88 eléctricos (en algunas pruebas de los años 70 aún se tenía cronometraje manual) y abría las puertas a las velocidades del futuro, como un 9.90 en hombres. En España la barrera de los doce segundos en cien metros femeninos equivalía al primer partido de Amaya Valdemoro en la WNBA, a un título del circuito LPGA de una golfista como Azahara Muñoz.

En España los títulos nacionales en 100 metros se enjugaban alrededor de ese margen de los doce segundos. Las contendientes eran, por un lado, la longeva sprinter Lourdes Valdor que con 18 años ya ganaría con 12.4 en 1972 y por otro Ela Cifuentes, que consiguió con la ayuda del viento 11.9 o Yolanda Oroz y sus manuales 11.8 ventosos. Todas mordiendo esa barrera. Todas queriendo dar un salto adelante y entrar en el mismo segundo de las inalcanzables y entrenadísimas europas del Este. Quizá la apuesta más cercana por romper la barrera era Valdor, que con condiciones favorables y viento a favor correría el 13 de Agosto por primera vez bajo ese tiempo en el estado Serrahima, en un día de verano tormentoso en esa montaña mágica de Montjüic. Pero el viento es el principal enemigo del velocista puro, irónicamente. Casi cinco metros de velocidad de viento invalidaban la marca. La cántabra confirmaría en años sucesivos la evolución de la prueba y dominaría las tablas de ránking hasta la llegada de la principesca Teresa Rioné.

Vives habla de una barrera mental:

Lo curioso fue que tras hacerlo yo, muy pronto otras lo consiguieron. Fue como romper una barrera psicológica. En aquella época, las atletas españolas estábamos muy poco valoradas y salvo alguna excepción teníamos un gran complejo de inferioridad cuando salíamos a competir por Europa.


Foto: Archivo Loles Vives.

Pero tres semanas antes Loles Vives daba un golpe en la mesa en un quince de Julio, durante los campeonatos de Cataluña. El piso recalentado y el tartan ondulante del Serrahima la ven volar con una marca 11.99. Loles es así la primera velocista española que baja de los doce segundos. La grada abarrotada (antes se llenaban los estadios) es testigo de la némesis del trabajo del esprinter. El momento en que todo el entrenamiento recibe una justa recompensa y los tobillos parecen impulsar un poco más, el trabajo del tren superior parece perfecto… Todos tenemos en mente esos momentos de ingravidez que repiten los vídeos de los corredores a cámara lenta. Loles coronaba las listas de la velocidad en 1979.

El duelo entre Vives y Valdor se prolonga durante todo 1980. La primera, en estado de gracia, encadena tres meses excelentes. En Mayo bate el récord de España por tres centésimas. En Junio lo coloca en 11.95 y llega Julio con la temporada lanzada. Es año olímpico y, aunque la mínima para los Juegos de Moscú queda lejos, la del Bagés resta otras catorce centésimas a la mejor marca absoluta. En un año se ha pasado de 12.00 a 11.81. Pero llegan los Campeonatos de España y Loles pasa a ser tercera. La rosada pista del estado Vallehermoso regala en la sesión del Viernes un tiempo sensacional y Lourdes Valdor recupera el trono con 11.80. Un mazazo para Vives, que se queda en discretos 12.2.

La revancha llega con el mágico discurrir del tiempo.

Diez años sin practicar atletismo a alto nivel y una vida enfocada a  completar sus estudios universitarios y el nacimiento de su primer hijo. Casada con Martí Perarnau, periodista y también atleta internacional, era inevitable que el ambiente atlético, las competiciones en televisión y las tertulias deportivas estuvieran demasiado cerca. Vives regresa tras sus últimos 12.0 logrados con 27 años. Comienza con el exigente entrenamiento para salto de longitud con cuarenta años y se planta en 5.40m, su marca con dieciocho.

Un conocimiento excelente del propio cuerpo y el paso de los años lleva a Vives a los primeros lugares del atletismo veterano. En 2013 mantiene el salto por encima de los cinco metros. Ha perdido algo de resistencia pura y en cien metros cuesta mantener los trece segundos pero trabaja a tope en la explosividad pura. Aún así, ha hecho unos magníficos test sobre la recta completa y se convierte en la primera española que baja de 13.00 con cuarenta y nueve años.


Foto: NacioDigital.cat

Tal y como se encarga de recordarle su entrenador, Alexis Sánchez: “no por entrenar más, correrás más rápido”.

A mis 55 años esta frase debo tomarla al pie de la letra (no siempre lo he hecho) porque excederse en las cargas de entrenamiento supone un alto riesgo de lesión. Cuando eres mayor los parones y las recuperaciones castigan mucho más y te hacen perder muchas décimas de segundo. Por eso, entreno duro, pero siempre con un punto de prudencia, evitando ejercicios de riesgo y cuidando mucho el descanso. Sin embargo, a pesar de todas las precauciones, las lesiones siempre están al acecho, pero mientras pueda ir superándolas estaré al pie del cañón.

El trabajo da sus frutos. En 2007 bate el récord del mundo femenino de 60 metros en pista cubierta para W50. 8″01 con cincuenta años. Con veintiséis corría en la recta de la pista cubierta solamente una centésima más rápido. La bióloga y especialista en dietética y nutrición busca sus puntos fuertes y los trabaja. Seis años después mantiene una salida pegada al material sintético y unos primeros apoyos magníficos. Pasa el tiempo y conserva los 8″42 que perduran como la mujer más rápida del planeta con más de cincuenta años.

Hace treinta y tres años que se rompía una barrera en el atletismo español. La protagonista está empeñada en que no se olvide la importancia del trabajo metódico y está restando valor a aquellos once segundos. Lo ha sustituido por la fórmula de la eterna juventud.

Larga vida a la chica bajita de Manresa.

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