1.

La ciudad huele de una manera muy diferente cuando sales a correr por la noche. Vengo pensando en dónde ir. De noche corría por Amsterdam cuando nevaba, vagando por los canales blancos y amarillos. De noche regresaba de entrenar en las pistas de atletismo de Olympiaplein, donde la campeona olímpica Fanny Blankers-Koen hacía intervalos en los años treinta. De noche salía a correr hacia un mal iluminado Rembrandtpark a las cinco de la tarde.

Cuando se acuesten Teresa  y los niños, saldré de Admiralengracht hacia algún lado donde los adoquines sigan siendo redondeados. El agua de los canales sigue acogiendo parejas de fochas. Las gaviotas se habrán desplazado hacia sus reposaderos y, hasta mañana, no volverán a chillar pidiendo su cuota de protagonismo.

2.

Mañana es día de vuelos y de transición entre destinos. Me he acordado de aquellos consejos que os mandaba en mis primeros días. Consejos sobre cómo arreglarse entre aeropuertos, hoteles y oficinas.

No es mala idea recordarlas. Aquí.

3.

Mañana, insisto, dejaré el viento del noordwest. Volveré durante unas horas al tórrido calor seco de Madrid.

Una inquietud parecida me llevará al oeste. Llevaré los cacharros de corredor hacia el oeste. El final de la tierra me espera y, ahí, un hueco donde abrir el portátil y contar cosas.

Al final, soy un moderadamente habilidoso contador de cosas.

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