1.

No me he encontrado con Fernando Mamede. Ni con Carlos Lopes o Carlos Cabral. He corrido por los contornos serrados de las playas de Guincho, de la reserva costera de Cascais y un trozo más allá, al este, hacia Estoril, por la orilla de un río ya desabrido, convertido en mar. Casi cuarenta grados y manifestaciones en Belém.

Como buen romántico del atletismo querría haber visto camisetas verdes y blancas del Sporting Clube de Portugal. Aquella escuadra que en el extranjero llamamos Sporting de Lisboa porque los portugueses llevan siglos permitiéndonos licencias sin tenernos mucho en cuenta. Pero, a lo más que llega mi experiencia corriendo por las orillas del Tajo ha sido a ver chicos con ropa muy negra, mucho decathlonizado.

Sí. Ellos también tienen nada menos que cinco tiendas, en Torres Vedras, Amadora, Loures, y dos más en la zona donde estoy estos días. Cascais y Sintra. Y yo, buscando rastros de los “leones”. El romanticismo es una enfermedad que se cura viajando, como otras tantas.

2.

No es una zona propicia para grandes aventuras, en principio. Lisboa presume ante el planeta de su medio maratón de siempre controvertido recorrido. Recordemos que sus estratosféricas marcas tienen que se homologadas y discutidas ad aeternum por la diferencia de desnivel entre la salida y llegada. Aunque la IAAF ya le otorgó la Gold Label y solucionó todo aquello y ahora puede presumir de las marcas más rápidas del orbe. Tadese Zersenay  conserva desde 2010 sus 58.23 lisboetas, una marca que sigue por superar hasta hoy.

Su maratona muestra a los teóricos de la lengua por qué la distancia de los 42 kilómetros es una palabra con formas y empatía femenina. Su half es un triatlón apreciado. Pero faltaba saber si en este esquinazo atlántico era posible hablar de aventura.

Ser13gio, quién si no, me abriría los ojos. Es en bicicleta pero digamos que ellos y nosotros, los chicos de las ruedas gordas y los madelmanes de la mochila sudada, somos primos hermanos.

Y sí. Se hace mucho el burro en esta zona de palacetes y de maravillas. Es la Oh Meu Deus. Quien diga que no es el mejor nombre para una prueba deportiva de larga distancia, no tiene entrañas.

Oh Meu Deus y, claro, Fat Ass Fifty. Sobre Fat Ass Fifty tengo pendiente un post.

Felices vacaciones, gente acalorada.

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