Hace unos días os hablé de las pruebas con tiempo predeterminado, de seis, doce o veinticuatro horas. Algunos quizá descubríais el fenómeno de los corredores profesionales de hace más de cien años. Bien. Nos queda una curiosidad más por sacar de este tiesto veraniego del correr.

Stephen King, cuando discurría 1966, escribió una novela que sería posteriormente publicada en 1979. La Larga Marcha. Bajo seudónimo, King escribe un entorno de ficción (una Norteamérica en situación dictatorial) para una prueba deportiva demencial: una carrera que disputan un centenar de ciudadanos a lo largo de todo Estados Unidos, que descalifica a quienes paren y que premiará al último que quede en pie.

La historia, con unas connotaciones ficticias estupendas (política, totalitarismo, relaciones interpersonales) pero también se ha aproximado a la realidad décadas después.

Independientemente de las pruebas ciclistas de eliminación, muy frecuentes en puntuación en velódromo, tenemos unos pocos ejemplos de correr hasta ese límite. Como si fuera la peligrosa mente de un escritor quien las hubiera diseñado.

TransAmerica.

Sí. Salir de una costa y terminar en la opuesta. Ya en cualquiera de las penínsulas europeas que conocemos sería una locura. Pero a la novela de King le salieron vivos y fervientes seguidores. A lo largo de más de cinco mil kilómetros, normalmente desde Los Angeles a Nueva York, un puñado de gentes con energía y motivación suficiente han recorrido el gigantesco país. El año pasado, sin ir más lejos, los de la Trans America Footrace on Trail. Éstos.

Hasta que sólo quede uno.

Organizada por un grupo de corredores españoles sobre un recorrido corto, la diversión y la eliminación a cada vuelta dejan solamente uno en pie. Lolo Díez, corredor de montaña y gente inquieta, montó una edición en la costa de Gijón en la que los participantes debían subir y bajar acantilado y playa hasta… que sólo uno quedó.

En la provincia de Badajoz se ha celebrado un evento durante unos años con las mismas características. Alrededor de un circuito urbano había que resistir en movimiento hasta que solamente quedara uno.

Badwater es una palabra que despierta escalofríos entre los corredores de larga distancia. Se disputa sobre 135 millas (calculad y convertid) desde el punto más bajo del Valle de la Muerte hasta lo alto de Mount Whitney. Las temperaturas que se alcanzan convierten el reto en una pregunta sobre si la ficción podría superar la realidad.

El Death Valley fue parte de la ruta de escape hacia California en los tiempos de la fiebre del Oro, de la posterior migración desde Oklahoma a las granjas californianas (recordar la fabulosa novela de John Steinbeck “Las Uvas de la Ira”). Hoy día es un punto de parada en las vacaciones, pero también donde un puñado de ultracorredores se la juegan cada año.

Foto: MarkusMullerUltrarunning.

¿Estamos locos o no?

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