Cerramos el repaso a los atletas españoles que han participado en los Campeonatos del Mundo de Atletismo. Lo hacemos con las especialidades dentro del estadio (posteriores a Stuttgart’93).

Mediofondo y fondo corto.

Las pruebas de 800 a 5.000 traían las etiquetas de estrategia, avidez y ritmos de locura. Los tipos rubios y altos, que parecían sacados de ‘Carros de Fuego’, copaban los medalleros. Ellas, las potentes máquinas de los laboratorios rusos.

A partir de los años noventa se produce una explosión demográfica en el mediofondo. Británicos y españoles tienen que repartir el botín con atletas marroquíes, argelinos, los omnipresentes africanos del Este (Kenia, Etiopía, Eritrea, Somalia) y la nueva hornada de norteamericanos. Desaparecerán los atletas de la Europa de la postguerra pero su hueco, en hombres y mujeres, es ocupado por deportistas que parecen desplazarse levitando sonbre la pista.

 

Fermín Cacho se dió de bruces con dos genios de la distancia. Tras su título olímpico, en primera instancia tuvo que pelear el subcampeonato del mundo de 1.500 en Stuggart ante un infalible Nouredine Morcelli, que poseía ya los récords del mundo de la zona alta del mediofondo. Cuatro años después, en Atenas, se le colaría delante El Gerrouj. Fermín sería octavo en Goteborg Hicham, el más grande, le privó de un oro que habría redondeado la carrera de Cacho. Reyes Estevez, el atleta español que yo -confieso- he visto pisar con más elegancia sobre unas zapatillas de clavos, sería bronce en Atenas’97.

En la magia del estadio sevillano Estévez repetiría bronce en 1999. Para una carrera largamente discutida, un botín que nunca sabremos si correspondió a su clase. Fastidió la fiesta de los chicos de rojo que se colara N. Engeny, otro talento descomunal del altiplano con formación en EEUU, pero lo mismo podrían pensar los kenianos de Cacho (4º) y Andrés Díaz (5º). Las tres vueltas y tres cuartos es una de las carreras con menos justicia teórica del atletismo.

La producción de nuestro 800 masculino quedaba en similares peldaños que el nivel actual, con interesantes pero insuficientes acercamientos de Reina, Olmedo y demás atletas a una criba mortal en la que hay que dominar los 1m44. Un poco más arriba en la distancia estuvieron Enrique Molina en los 5.000m de 1997 con un estupendo octavo puesto. También la (posteriormente sancionada por un positivo) carrera de Alberto García con un cuarto puesto en 2001, incrustado entre lo mejor del fondo etíope y keniano.

Edmonton pasará a la historia como quizá el campeonato más equilibrado del atletismo español pero, sobre él, caen las sospechas de uso masivo de doping. Algunos atletas se han visto afectados por sumarios resueltos de aquella manera. La medalla de plata de Marta Dominguez en 5.000m es un punto oscurecido por unos años salvajes. El velocista de EEUU Tim Montgomery abusaba de la EPO. El campeón de 200m K. Kenteris, terminó metido hasta las axilas en casos de prácticas de dopaje, y saliendo de espantada en plenos Juegos de 2004. La plata rusa en disco femenino lo mismo. La plata griega de Ekaterine Thanou estuvo en las mismas que Kenteris. El relevo estadounidense de ambas distancias fue descalificado por contener miembros con casos de uso de EPO, el subcampeón de 5.000 admitió uso de nandrolona y el caso BALCO salpicó a medio equipo de EEUU, que regresaba a casa cargado de medallas de Kelli White o Marion Jones.

El atletismo tenía que sobreponerse a sus propios fantasmas. Había demasiado en juego. Dinero, sobre todo.

Muchas de nuestras atletas femeninas brillaron de manera gradual. Sin ir más lejos, en Goteborg, con el cuarto puesto de Mayte Zúñiga en 1.500m. La vitoriana se quedó a centésimas del podio justo en el año en que una todavía Junior Mayte Martínez se estrenaba en competición internacional.

La vallisoletana Martínez sería medalla de bronce en los Mundiales de Osaka’07, vengando la injusticia cometida por el cronómetro con Mayte Zúñiga. Anteriormente Mayte Martínez había sido finalista en Edmonton’01 y Helsinki’05, y lo sería de nuevo en Berlín’09. Una de las grandes damas del anillo atlético.

Al añadir obstáculos al fondo corto se consigue una especialidad de espectáculo sin igual. Los 3.000 metros obstáculos han dado a la selección un buen tono. Antonio Jimenez ‘Penti’ sería sexto en Edmonton’01, detrás de toda la batería keniana. Repetiría puesto en la final de Helsinki’05. El aragonés Eliseo Martín fue bronce en París’03 metido en mitad de esa jauría de chacales africanos de los Kemboi, Tahri, Cherono, o el gran S. Shaheed (nacido S. Cherono) y su reluciente y dorado pasaporte de Qatar. El maño sería de nuevo finalista, séptimo, en 2007 en la edición de OsakaLuis Miguel Martín Berlanas, el africano de S. Martín de Valdeiglesias, habituado a codearse con cuartos y quintos puestos en esta ingrata especialidad en Juegos Olímpicos y Campeonatos de Europa, sería 4º en Edmonton’01 y sexto en la cita de París.

Concursos.

El lanzador Manuel Martínez comenzó a superar calificaciones en Goteborg y se asentó entre los mejores en 2001. Se le resistió el bronce. Fue 4º en Edmonton, pero estamos hablando de palabras mayores. Delante estaban J. Godina y A. Nelson, con sus largos 21 metros. El lanzamiento de peso, también bajo las convulsiones de las drogas deportivas, es un reducto casi imposible de dinamitar.

Similar competencia se encuentran nuestros discóbolos. En la última década contamos con Mario Pestano y ahora con el ex-cubano Frank Casañas. Ambos han estado muy cerca de la gloria. Pestano, octavo en París’03, y siempre entre los doce mejores durante los últimos cuatro campeonatos del Mundo. Casañas tiene que aprovechar su veteranía en quizá su último año en la élite mundial.

Edmonton conoció el fin de ciclo de la gran excepción del atletismo español: una participante en saltos en el podio, y de manera repetida. En Canadá se vió como la saltadora de longitud Niurka Montalvo se hacía con un bronce. Había sido plata compitiendo con Cuba en 1995, y campeona del Mundo en Sevilla 1999.

El foso de longitud había dado alegrías a España con el asturiano Yago Lamela, un extraordinario talento precoz que se puso casi a la altura de los gigantescos registros de Carl Lewis, Mike Powell, Conley o Myricks. Cedió el oro ante el cubano Iván Pedroso en Sevilla y redondeó con un ajustado bronce en París’03.

La colchoneta de salto de altura ha tenido un tardío renacer. El caso de Ruth Beitia, una vez que comenzó a rondar los míticos dos metros, es el de la solidez. Participante en cuatro campeonatos del Mundo, ha sido sexta en Osaka y quinta en Berlín, algo impensable en los tiempos en que los españoles éramos bajitos y recios.

Todo esto es historia. En atletismo todo lo contado sirve solamente para tomar más impulso y seguir entrenando.

Los nombres quedan y este repaso será un aperitivo de lo que acontezca a partir de las próximas horas en Moscú. Gracias a un acuerdo de última hora se podrá seguir en televisión para toda España. Aunque la televisión es ya solamente uno de los medios. La era de internet permite ‘estar’ en el estadio, tener la información en vivo de los resultados.

Recuerden, la cita es en el viejo estadio Lenin. Aquel donde Ovett y Coe y el boicot de los estadounidenses… Historia pura. El deporte rey.

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