Usain Bolt, Eusebio Cáceres, Haile Gebre… parad. Parad. Los medios de comunicación hablamos habitualmente de los atletas que acaparan ya los titulares. Vencen, deslumbran, nos obnubilan y quizá a más de uno os hayan motivado a empezar a correr.

Pero ¿se conoce la densidad real de este complejo y magnífico deporte? ¿Alquien conoce, pongamos el caso, al que llegó en mitad de una serie clasificatoria de un campeonato regional?

¿Quién demonios es Iván Palero o a qué se dedican José Povedano o Manoli Panizo? Como se suele preguntar en tu oficina o en el bar, “¿cuánto les ha sacado el primero?”. Habitualmente son historias anónimas que interesan al círculo de amistades y poco más. Pero son atletas. Consumen atletismo. Vibran con las retransmisiones y sostienen las audiencias. Compran el calzado que los famosos desarrollan de acuerdo con las marcas deportivas. Además, ya decimos, son participantes en carreras, saltos, lanzamientos.

Dado que 20Minutos lleva ese número tan simpático en su cabecera, veamos quién está en esa vigésima posición de alguna de tantas pruebas. Recordemos que, en definitiva, alguien que llegue el puesto veinte permite que los diecinueve anteriores no sean los últimos.


Foto: Kataverno.
Mónica Valdepeñas fué la vigésima clasificada femenina en la cronoescalada del Kilómetro Vertical de la Barranca. Os resumo. A Mónica le llevó 1h24 recorrer un kilómetro. Pero se trataba de mil metros ¡de desnivel!. Esto es, la diferencia entre la altitud de la salida y la meta suponía correr hasta reventar superando mil metros hacia arriba.

La toledana, perteneciente al club Atletismo Las Lagunas, llegó con unos 21 minutos de diferencia respecto de la vencedora pero se trata de esos atletas que sostienen las pruebas. La participación de corredores como Mónica es crucial. Los organizadores no serían nada sin ellos. En semanas se le pudo ver en otro kilómetro vertical, el que ascendía por piedras y sendas casi inexistentes a Peñalara. Otra cima de más de dos mil cuatrocientos metros con la que Mónica ha cumplido el ritual de ascender a toda velocidad.


El vigésimo clasificado del maratón de Valencia de 2011 fue Carlos. Un tipo duro que no pudo acercarse a los tiempos de escándalo de los profesionales africanos. Pero hay que añadir que Carlos, perteneciente al club Cárnicas Serrano (tan en boca de todos estos días) tiene otro trabajo. Saca tiempo para hacer siete y más sesiones y poder marcar un espectacular tiempo de 2h28 en meta. Lo tiene que sacar de los turnos de duro sacrificio que le deja su trabajo en la Unidad Militar de Emergencias.

En efecto. este corredor es uno de esos soldados que han estado todo el verano buscando el cuerpo de algún ahogado o extinguiendo incendios por todo el territorio. No dudamos de la utilidad social de las hazañas de Bolt o de las declaraciones de Yelena Isinbayeva. Qué duda cabe que uno termina aprendiendo de todo y de todos.

Para hacernos una idea, si bien está lejos de los brutales cronos de los vencedores, Carlos está en el rango de ritmos de las primeras clasificadas femeninas a nivel internacional. Por establecer una comparación, corrió a más de 18 km/h durante cuarenta y dos kilómetros por hora. Láncense con unas zapatillas y cronometren un kilómetro. Multiplíquenlo por cuarenta y dos. Carlos Alcalá no es profesional pero evalúen ahora su importancia en el mundo del atletismo popular.

Lo dicho. Podremos seguir glosando los saltos de altura de Bondarenko o la zancada de Alison Felix. Pero recordemos una cosa. Sin ese corredor anónimo, los de arriba vivirían carreras fantasma.

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