El astro argentino está con diversos dolores y contusiones. Pero ¿alguien ha sacado en la prensa tu particular calvario?

Podríamos decir que cien de cada ciento un corredores se ha lesionado en algún momento. ¿Tendinitis? ¿Problemas con el calzado que te han derivado en un parón que no deseas? Sea una fascitis, una incómoda inflamación del periostio de la tibia o una sobrecarga en las articulaciones de la rodilla, empleas horas en rastrear causas y soluciones.

Llega un momento en que te ríes cuando aparecen las noticias desgarradoras de un deportista profesional. Tal ha tenido que parar durante cinco partidos por un desgarro en el aductor. ¡Cinco partidos! ¡Pero si lo miman durante toda la temporada! Tú llevas jorobado desde el origen de los tiempos.

Ese pibe de veinticuatro años va a parar cinco partidos. Tu sordo dolor lleva sin dejarte correr medio año y te está afectando hasta la vida privada. Lo tuyo sí es calamitoso, piensas. Y mañana tendrás -dicen que con suerte- que volver a bajar las escaleras con esa punzada en el menisco o volver del trabajo conduciendo con el interior del sóleo ardiendo; ese, con el que embragas y que no terminas de recuperar porque estás con el camión de reparto durante once horas. Pisar, pisar y pisar.

Desahógate aquí. ¿Quién dice que las consecuencias de tu lesión no son importantes?

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