O, contrario sensu, ¿conduces igual que practicas tu deporte favorito?

Ayer viví un episodio de homicida montado en un coche, haciendo barbaridades y poniendo en peligro seriamente a varios conductores. Tras dar parte a la Dirección General de Tráfico (cuya línea de twitter está abierta), me dio por pensar cómo sería en la vida real este hijo de tres padres -expresión de mi santa madre.

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Fuente: Propiedad del autor del blog.

Es más. ¿Cómo haría deporte? En el caso de que lo practicase.

Parece irremediable comparar nuestras actitudes haciendo el deporte que adoramos con la actitud del día a día. En mi casa siempre se dijo que no todos son capaces de echar paciencia durante meses frente a un deporte tan duro como correr. ¿Os imagináis a esas personalidades violentas que tienen que agachar las orejas frente a esa falta de aire en mitad de una cuesta? ¿Asentiría y sonreiría cuando le diéramos esos ánimos o esa palmadita en la espalda? ¿O nos soltaría un bufido lleno de espumarajos?

¿Alguien me puede decir qué ocurriría con un impulsivo y vehemente ciudadano en plena carrera, en la que ha calculado mal el ritmo y ve que le adelantan decenas de compañeros de todas las edades y tamaños?

Esto me lleva a preguntarme cómo sería. Por un lado me parece que correr es un excelente palo en las costillas a nuestros egos. Nos pide paciencia, calma y mesura. Por otro veo algunos runners y los veo vociferando al volante, recortando en las curvas o amedrentando al coche que van a adelantar.

Y no llego a conclusión alguna. ¿Me echáis una mano?

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