Según informa el diario El País en la edición de hoy, el gobierno del Partido Popular estudia acotar el acceso al campo en los días que se celebren las batidas de caza y montería. No es un titular de 1927. Es de 2014.

No más correr por el campo, lectores.

Cazar es una actividad para unos, un capricho para otros, una herencia cultural del campo sin duda y una aberración para otros tantos. Para los lectores de este blog que pertenecen a planetas donde esto es aberrante o imposible, o de países en los que se dejó de cazar en cuanto el acceso a los alimentos en las tiendas era normal, según este previsible acuerdo, el senderismo, correr por montaña o transitar haciendo deporte por vías públicas (caminos o sendas) estaría supeditado al entretenimiento de asesinar animales.

Soltar un bicho durante meses para que se críe, con el objeto de matarlo y exhibirlo como trofeo irá por delante de la posibilidad de que la sociedad española lleve una vida sana y activa.

“Es por la seguridad de todos”

¿Suena a amenaza de los que llevan las armas? Lo es.

Y es que armarse con escopetas y ocupar la mañana entre los aguardientes de las seis de la mañana pasa a garantizarse el uso del campo por delante de la bicicleta de montaña. O buscar setas. O correr enardecido por sendas públicas.

El trail running o el mountain bike, sin ir más lejos, han demostrado querer ir demasiado rápido. Eran modas del siglo XXI. En España vamos por el XIX, que es algo más que un cambio de sitio de una X y una I. Primero nos dicen que no se puede rechazar el aprovechamiento económico de montañas, zonas esquiables, campos de golf. Los concejales y empresarios de la derecha casposa conseguían una y otra vez recalificar, saltarse a la torera legislación ambiental, y delimitar parques protegidos como ámbitos donde vivirían en “armonía del uso económico y el ocio”. Después, que la caza es un sector económico y que no podemos mandarlo al ostracismo por que sí.

Lo mismo que se dijo cuando se pretendió hacer la revolución agraria. O cuando los vendedores de boinas se quejaron.

España vive eternamente anclada en no perder lo único que le mantiene viva: un pasado inventado por unos pocos seres rancios y unos clanes de terratenientes a los que el populacho ignorante aplaude y vitorea. Los defensores tienen una ventaja: están agrupados en un organismo con las referencias Real Federación. La realeza, la prebenda y la agrupación frente a la lógica ciudadana. ¿Veis?, es lo de siempre.

Porque no se trata de regular, según El País, el acceso a fincas privadas, sino “a petición de los cazadores, dar prioridad a las actividades cinegéticas en los montes públicos frente a otras formas de ocio como el senderismo o la búsqueda de setas”. Montes que en su mayor parte sobrevivieron durante toda la Edad Media y Moderna al uso del terrateniente. Montes que eran el asidero de una población al uso democrático de un recurso económico.

Pero el pueblo pronto quiso imitar al señor feudal y se aficionó a lo de pegar tiros. No es una lucha generacional, de viejos cazadores contra jóvenes corredores por el campo. No es una lucha de hobbies. Es económica. Es un síntoma de qué educación cultural ha recibido el país.

El de la roja y el bar.

Anuncios