Lone runner
Fuente: Wikicommons

Correr. Un pie. Otro pie. El paso siguiente a caminar. Asisto atónito a la reinvención constante de cosas “que se hacen” en conceptos “que se definen”.

Y este entretenimiento que es correr, el proceso de vestirse y ponerse en movimiento, queda convertido en una etiqueta. Lo hizo en los años setenta, cuando los EEUU popularizaron el trotar. La nación se lanzó a correr y las empresas de ventas de material deportivo se lanzaron a colgarle posibilistas etiquetas. Joggers por todos los lados, footing llenando las marquesinas de los autobuses urbanos de California.

En los noventa nos terminó de inundar el concepto de ser un runner. Por muchas veces que intento reescribir mis pensamientos, y no molestar a esa buena banda de amigos míos que publican mensualmente en la revista homómina, me salen una y otra vez los mismos gruñidos. ¿Por qué no cuajó la misma revista bajo un sencillo ‘correr’?

Ser un corredor -asumo- tenía connotaciones ya birladas por otros deportes. Un corredor podía trabajar en bolsa. Había corredores pero de apuestas. Estaba el “hemos comprado un butacón y una alfombra larga para el corredor”. Y el corredor de la muerte. Y las aves corredoras.

Imagino que en plena era del branding un corredor no podía dar empaque moderno a su afición de salir en colores chillones y con tecnología punta compartiendo término en el diccionario con un pasillo. O con la antesala de la silla eléctrica. En aquellas que, al mero hecho de movernos, nos invadía una reflexión deontológica. Cuando en realidad lo que se trataba era que el máximo de personas de este maldito país se lanzase a hacer ejercicio.

Como en tantas ocasiones, era más importante ser que hacer. El definir algo frente a practicarlo. ¡Cuánta equivalencia a otros momentos de la vida! Ser de izquierdas o ser un defensor del toro o ser del Fútbol Club Barcelona o ser de la cofradía del santo sepulcro.

¿Necesita de verdad una práctica deportiva ser un marchamo, un concepto?

Creo que no. Lo ayuda, pero no lo necesita. Después uno abre los comentarios de este blog y lee los típicos “Vaya idioteces que escribes sobre una cosa tan simple”. Y ¿sabéis? Entiendo en parte la ira que levantan nuestras preocupaciones nimias sobre cada detallito, cada tontería relacionada con el simple hecho de ser corredor. Nos hemos convertido en caricaturas de nuestra práctica deportiva. Y no hacemos más que multiplicar las posibilidades. Ya no es que correr por el condenado monte sea “trail running” sino que admitimos como operación de oportunidad y riesgo que surja el “urban trail running” o el “park and city urban trail”.

Y nos quedamos tan anchos. Porque hay una explicación detrás . Estamos tan acostumbrados a la explicación que apenas paramos a buscar la nuestra.

Hasta la explicación de este blog resulta un ejercicio vacío. Salid a correr y dejad al mundo tranquilo.

 

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