Sin más pretensión que la de mostrar un ejemplo, os enseño un plan típico de fin de semana. Muchos habéis empezado a correr o lleváis un tiempo domando esas distancias de diez a veinte kilómetros. También llegan muchos comentarios de los que apenas le habéis metido el diente a lo de correr. Y de vez en cuando se lee en la prensa o se ve por las redes sociales que existe un núcleo creciente de locos a los que parecen haber dado cuerda y van cargados con baterías de isotopo de uranio 237.

Correcto. Existen.

Pero no son (o somos) más que gente más curtida. No tenemos más facultades. Probablemente seamos más lentos que muchos de vosotros. Y más peros que no voy a defender ni a atacar. Sencillamente nos gusta coger la mochila y lanzarnos a cruzar mundo.

No somos super-nada.

Esto que cuelgo podría ser perfectamente una de esas “salidas largas”. Son muchas veces entrenamientos encaminados a una carrera más larga. O regalos que uno se hace en combinación con las agendas de la familia. Unos más y otros menos, acumulamos horas en ruta. También los famosos metros de desnivel positivo, que son sencillamente los metros que asciendes a lo largo del día, sumados y a los que se coloca un rimbombante D+ detrás.

48k

El sábado que viene dejaré el coche en algún punto indeterminado de un pueblo. A él regresaré. A una hora canalla incluso para muchos duros runners, camino y manta. ¿Es poco sano? ¿Es una bestialidad? ¿No es más que una excursión?

Reitero que es simplemente un entrenamiento. En la mochila llevamos de comer y de beber. Las mochilas modernas llevan sistemas de almacenamiento de líquido de hasta dos litros. Yo uso una Salomon XLab 12L pero anteriormente era un fijo de las viejas Quechua de trail. Meto embutido mejor que geles y barritas.

Somos tendencia. Resumir

 

 

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