© The North Face® Ultra-Trail du Mont-Blanc® – Pascal Tournaire

Treinta días. Ya está a la vuelta de la esquina.

A partir de hoy desgranaré brevemente cómo ir de cara y sin miedo a una de las pruebas más exigentes del mundo para un corredor.

Sobra deciros que no estoy recomendando a nadie que piense en ir. O sí. Pero que nadie minusvalore la trastada. Participaré en la Courmayeur-Champex-Chamonix, la prueba menor del gran bucle alpino, el Ultra Trail del Mont Blanc. Nada más y nada menos que veintiséis horas de tiempo límite para recorrer 3/4 partes del giro al macizo del príncipe Europeo. Sí, vale, son cien kilómetros.

Por otro lado, esto tampoco será la crónica épica de un cuarentón vigoréxico. Resumiendo. Si seguís este blog, creo que sabéis de qué va la cosa.

Hoy he dado rienda suelta al cuerpo. Después de estar casi un mes descansando del intenso Gran Trail de Peñalara, que me dió un simpático revolcón pasados ochenta kilómetros, tocaba comenzar con los deberes.

El gimnasio ha acogido los primeros circuitos de fuerza. Para no iniciados, digamos que correr implica mover las piernas y un poco los brazos y hombros. Correr por terrenos variados exige más de todo el cuerpo. Pues correr por montaña, y caminar por montaña (que será lo que haga durante muchas horas) pide al tren superior un trabajo doble. Y los que corremos solemos ser unos birrias de cintura para arriba. Preguntádselo a nuestras parejas.

Por lo tanto, en mitad de las calorinas de mi ciudad, como escribe mi amiguete el bicioso Pedro Bravo, sudores y más sudores para tirar de pesas, hombros, brazos, remo, y entre medias recuperación subidos en las bicicletas de spinning y la cinta de trote cochinero. Dicho de otro modo, sufrimiento innecesario aunque imprescindible para poder ganar algo de músculo.

Mañana, [-29].

Permaneced atentos.

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