Fuente: Old-Picture.com

‘Ten miles of smiles’, decíamos. Diez millas de sonrisas y pitorreo ‘hooligan’. Los cuatro amigos volvíamos andando a casa después de una noche de juerga en Clacton. Poco más o menos lo que muchos británicos hacen en nuestras costas. Y es que Clacton-on-Sea (53.000 hab.) es una villa costera y turística del sureste británico. Ayer era noticia por albergar el primer parlamentario (MP) electo para Westminster por parte del partido populista y euroescéptico UKIP. Es Douglas Carswell, recién fugado del Partido Conservador de David Cameron y que ha levantado de sus asientos a los analistas, sacando al mapa esa costa entre calmada y con olor a fish and chips.

Pasé muchos veranos en un pueblecito cercano. En aquellos últimos ochenta participé en una carrera muy local y con las calles medio vacías. Clacton-on-Sea siempre ha tardado en desperezar. Curiosamente, también eran diez millas. En aquellas Clacton 10 uno era más joven y llegaba a las carreras en autobús. Nos reíamos de casi todo. Así que un año invité a mis tres mejores colegas -reconozcámoslo- a contribuir al jolgorio típico de alcohol, ruido y pubs donde mandaba la ley del más simio. Pasábamos el verano a una distancia suficiente como para cambiar de parroquia y de atmósfera. Debíamos ser la penúltima generación de turistas de baja estofa aunque a la ciudad parecía importarle poco. Había que decir que la caspa reinaba en sitios como The Carlton y alguno otro de los sitios.

Con el tiempo uno se ha vuelto más exigente y reconoce que éramos menos exigentes. Y teníamos veinte años. Ahora Clacton tiene también veinte años más y, sobre todo, está demostrando en su espectro electoral que tampoco son mucho más exigentes. De hecho, están cargándose una dualidad histórica interesante.

¿Me estás tomando el pelo? ¿El Clacton-on-Sea que yo conozco?

En realidad ya no tiene nada que ver con el bullicio turístico de las décadas de los 50 a los 70. El distrito electoral de Clacton es más amplio. Engloba, como cabecera más populosa, con su mercadillo zarrapastroso, un paseo costero con el pier de madera y sus bares, pubs y tiendas enfocadas a la playa. La playa es un alfombrado de guijarros y a ellos se tienen que acostumbrar los niños. Sus futuros ciudadanos y su futuro electoral. Los entretenimientos de su paseo marítimo son terriblemente antiguos, créanme. Me pregunto  si esa es una de las claves y parte de la reserva moral de los votantes del UKIP. El aburrimiento ha llevado al pavor inducido por su lider, Nigel Farage, ante la posibilidad de cerrar las fronteras a los inmigrantes con enfermedades contagiosas. En general, ante jaleos, restaurantes exóticos y lo que suene a exterior, ajeno.

Por ejemplo, inmigrantes enfermos. Sea SIDA o tuberculosis. El modelo UKIP, argumentan, es el sistema de control australiano. En estos terribles días resuena de nuevo la agitación del control sanitario de los ‘de aquí’ contra ‘los de fuera’. Historias sin final feliz, en la mayoría de los casos.

¿Qué tiene que ver la infancia con el UKIP?

Que cada vez hay menos niños. Parece ser que la vieja Clacton y sus satélites Walton-on-the-Naze (6.000 hab)  y Frinton-on-Sea (5.500 hab), han homogeneizado su pirámide demográfica. En general ha ocurrido en la pacífica linea de costa de todo el Este británico. La seguridad de los niños y el sistema de bienestar que llevó a los laboristas a surtir de MP, se ha transformado en un 40% de voto por la seguridad de todo ante todo. Viejos temerosos que parecen muy receptivos a los clichés del UKIP sobre control a lo extraño.

La última vez que estuve en esas ásperas playas llevé a bañarse y comer patatas a, previsiblemente, unos de los pocos elementos extraños de ese verano. En Frinton, incluso habiendo desembarcado un campamento de verano con todo el aspecto de pertenecer al sureste pijo del país, mis hijos vocingleros y morenos desengrasaban aquella quietud.

Ya no existen las viejas peleas entre las gamberras Clacton y Walton y la pacífica Frinton, llevadas hasta la manera en que se pronunciaban sus nombres. Veinte años atrás, cuando yo pateaba los kilómetros de las onduladas carreteras locales por Harwich y las marismas de los alrededores, cuando quedé entre los quince primeros de las Clacton 10 Miles, aún se decía aquello de ‘Harwich for the continent (es terminal de ‘ferry’ hacia Hook van Holland), Frinton for the incontinent‘.

El proceso ha llevado a este viejo político conservador, perteneciente hasta hace poco al bando tory, a situar a los independentistas al borde de destrozar (21.113 votos) a conservadores (8.709) y laboristas (3.959). Un 59.7%, seis puntos más de los que consiguió para vencer desde el bando conservador en las últimas elecciones generales. Es por lo tanto un MP asentado durante los últimos diez años. Clacton tiene una tradición industrial nula y el sindicalismo relativamente silencioso. El peso de los votos de los pensionistas hace que los distritos electorales no urbanos se hagan más partidarios de las opciones de David Cameron y Nigel Farage.

El precio de la vivienda, de esa casa definitiva, es considerablemente más barato que en el cinturón sur de Londres o en las costas del sureste. A día de hoy el ONS declara diferenciales de precios con tendencia ascendente. Tanto que seis regiones del país tienen ya precios similares a los de los días previos al crack financiero de 2007. Los tres cuarentones que recuerdo aplaudiendo en la esquina del Ocean mientras corríamos por calles desiertas tienen ahora sesenta años. No eran los ciudadano londinense retirado de alto nivel o los históricos censados en las constituencies de Brighton Pavillion o Lewes, feudos de Liberal-demócratas o Conservadores de corte europeísta. Muchas explicaciones son cuestión de libras esterlinas e hipotecas.

Carswell reside en Fulham, Londres, fuera del distrito electoral al que debe su salario. En sus campaña escribió que desearía terminar con los derechos de los trabajadores ante los despidos de sus empresas así como declaró su fobia a los matrimonios homosexuales. “Hay algo de arrogancia en los ministros que pretenden regular leyes comunes que se ha sostenido solas durante siglos”, fueron sus términos. Votó contra la Equality Act en 2007, la ley que eliminaba la discriminación por motivos de opción sexual.

Lo más curioso es que se embarcó en la cruzada independentista del UKIP cuando el debate gira, precisamente, a la prohibición de dejar entrar inmigrantes en Reino Unido con, entre otros, el virus del SIDA. Su padre, Wilson Carswell, era médico en Uganda cuando él era un niño y ayudó a detectar los primeros patrones epidemiológicos del virus en aquel país. Son hechos que quizá nunca conozcan muchos de los que hoy le votaron.

Cinco millas de ida, cinco de vuelta. Carretera de Thorpe, cruce a la izquierda hacia Kirby Cross, allá se ve Clacton. Un rato más, tocar la playa y regresar a la ducha.

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