No tengo mucho dinero. El Pony Expréss me deja enviártelo en telegrama. Esto es lo que pasó el Sábado.

Empezamos a las cinco. Me había levantado a las tres. Maldormí hasta las dos y pico.
(Dormir es a veces una serie aritmética chunga)
Eran las siete cuando amanecía subiendo hacia el cementerio de Colmenar Viejo. Desayuné un cafecito suave en el k22 y arreando.
Empezó a hacer calor sobre las diez pero ya estábamos bajando hacia Manzanares el Real. Lo hacíamos desde la vista panorámica más bonita de Madrid (si no la conoces luego te la cuento).
Maratón en 5h20 aproximados.
(Una exageración)
Paciencia para subir a Mataelpino, mitad de carrera. 6h35. Vimos dos caballos preciosos en una granjilla cimera. A la derecha, según se sube desde El Boalo. Lo conoces. Creo. Ahí, en la plaza (no en la granja), unos pocos macarrones boloñesa, cargar bidones. Y a La Barranca.
La Barranca es un matahombres. Pero desde ahí se desciende algo hacia Cercedilla.
En La Barranca la gente se quita las mochilas y llaman.
A sus familiares. Les dan coordenadas para el abandono.
En Cercedilla eran las tres de la tarde.
(En tren habríamos tardado mucho menos. Lo sé)
La Fuenfría está muy alta. También está lejos si subes por la carretera de la República.
Pero, es tan bonita…
Arriba refrescó. Eran las cinco. Faltaban veintidós hasta el acueducto. Llegaba de sobra a cenar.
Pinares inmensos. Casas derruidas con quinientos años de historia.
Vacas negras.
Vacas pardas.
(Charolesas, qué raro)
Va y se termina el pinar. Se ve la catedral al fondo.
También una torre rarísima. Son las seis y media.
Llamo a Teresa y le confirmo que llego en dos horas.
Cruzo la vía del AVE.
Por un puente, no vayas a creer.
Las siete y veinte. Pasa un tren dirección Madrid.
La gente nos aplaude por las calles.
A las ocho y cuarto llego al acueducto. Ciento dos kilómetros cumplidos.
Abrazos, ropa limpia y a cenar.
El Fogón del Sefardí. Insisto en que acudas a cenar a él.
(Es que los camareros van de chaqueta y son muy serios)

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