Por su particular interés educativo y porque no cayó en las actualizaciones web de El Mundo Zen, cuelgo mi columna del domingo 04/10.

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Sé de buena tinta que llegas a esta página con un Zen diferente. Me dicen los lectores que la viñeta de Gorka relaja y que soy un chispazo final. Pero tus deberes de Domingo no han terminado. Con el propósito de que no dejes puntada sin hilo, te pregunto a riesgo de que me secciones con las tijeras de la costura o con el cutter ―o con la App equivalente. Por algo aparezco yo en este esquinazo y no un dulce propagandista de la zapatilla. Si quieres, aún puedes saltar al final de esta columna. Si no, responde.

¿Finalizaste ya con las inscripciones de todo tu grupo de amigos a la próxima aventura? ¿Estás seguro que tu pareja ha contestado que sí a ese próximo viaje maratoniano con sinceridad? ¿Compraste las tabletas de sales contra la deshidratación y la hiponatrenia? ¿Has probado a controlar tu pisada? ¿Tienes preparadas las medias de compresión? ¿Decidiste ya si podrás descargar las rutas de tu GPS al móvil? ¿Estiraste bien después del rodaje? ¿Pensaste ya alrededor de ese próximo reto, probar con las distancias ultra? ¿Tienes  al día el perfil de Instagram? ¿Crees que ese enfoque de funrunner molestará a los de tu exigente grupo, el que lleva dos años batiéndose el cobre los jueves en las series de cuatrocientos metros? ¿Si se enterasen, te desterrarían de la pista?

Hay más preguntas. Hay todas. Mil pasos que des caminando o corriendo, mil que surgen. Evidentemente no son todas así de burguesitas. También quedan esos pensamientos en los que chequeas tu correr como hecho saludable, la pertenencia al grupo o la ayuda que brindas a tu pareja en ese esfuezo titánico para que se sienta sano. O que le quepa la ropa. ¿Corres y te sientes bien? ¿Corres pensando en salvar la humanidad, en caso que esta lo merezca? ¿Corres sin preocuparte de las molestias físicas? ¿Sonríes y corres?

Si colocaras esas preguntas en bloques o en hileras tendrías un panorama diacrítico. En el que claramente hay un Ying y un Yang. Podrías teorizar y clasificar y despellejar posteriormente. Es muy fácil hacer bandos. Irreconciliables. Pero todo es más sencillo. Correr es colocar un pie y luego otro. No todo lo que rodea al dichoso running es tendencia ni tampoco todo es tan frugal como salir con la intención de que te dé el aire.

Probablemente esos dos montones quedarían divididos por una línea ancha y rugosa. Y se podría leer “¿Has probado a preguntar si te gusta correr?”

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