Por su particular interés y porque muchos no pudisteis leerlo en el suplemento ZEN, os reproduzco aquí mi columna Run & Lemon del 11 de Octubre

CRBdgTnWwAAFnIX

Ayer fui a comprar unas zapatillas. La frase entre las frases. Pero en este caso era estrictamente cierto. Y necesario. Con lo que desempolvé mis conocimientos sobre el asunto y bajé de tiendas. Las tiendas de deporte han mutado en flagship stores de running. No me molesta en particular. Mi memoria a largo plazo guarda la imagen de cuatro filas de cajas. Y ya.

Estaban las de dos mil pesetas y las buenas. En poco tiempo tres o cuatro marcas se introdujeron con varios modelos. Uno se arreglaba con unas rápidas para competir y unas resistentes para salir entre semana. Y todos contábamos con un par de piernas. En eso hemos evolucionado más bien poco. Y sigue funcionando.

El flagship store ―anglicismo para tienda insignia― al que entré daba la sensación de coartar la libertad de mercado. Todo de la misma marca. Y es que se trata de tiendas donde una marca decide exhibir todas sus tropas en paneles sin final. ¿Y la oferta y la demanda? En otra store o en las grandes comercializadoras. Es necesario recordar que las marcas hoy día tienen público fidelizado o público analítico. El fidelizado comprará esa marca por gusto. El analítico caerá tras repasar y comparar en la pre-tienda de hoy día: Internet. Así las cosas, si eres de tal marca compras de entre un catálogo desmedido, completísimo y mutante cada temporada. Exacto. Como la ropa.

Navegar entre cien modelos, sin exagerar, es un acto de fe. Han cambiado las coloraciones, los materiales se acercan a los polímeros de ciencia aeroespacial y los maniquíes pasan hambre. Junto esos cien modelos de zapatillas cuelgan y reposan de estanterías las ropas ―a juego― y los complementos que hacen correr más de aquella manera. Un vendedor esquiva aspectos de la zapatilla y comenta sensaciones del runner. Sensaciones, dice. Yo me limito a escucharle. No sé si es consciente de qué es capaz la gente de llevar en los pies para correr. Debería hacer más trabajo de campo en gimnasios, bosques, parques y aceras. Desde cualquier cosa fluorescente hasta unas huarache caseras dignas de la edad de piedra. Escojo y pago. Soy discreto.

Uno se siente entre macarra desenfadado y comprador pasado de moda. Sólo quería unas zapatillas para destriparlas durante mil kilómetros. Luzco setenta y cinco kilos y tengo los ligamentos reviejos. A punto del finiquito. Pero claro, esto no se lo podía comentar a los vendedores. Os lo comento aquí, en privado.

Anuncios