Por su particular interés y porque muchos no os dio la gana leerlo en el suplemento ZEN, os reproduzco aquí mi columna Run & Lemon del 25 de Octubre

Me pregunta mi amiga Ángeles si aquí sólo se habla de corredores varones. Por la furia del domingo pasado. Me arrea porque, lo que sale de mi afilada lengua, raspa a tío y huele a Brummel. Lo peor es que Ángeles siempre tiene razón. Corriendo el riesgo que, incluso cuando defiendo el papel de la mujer en la esfera trotadora, me ciega esa profusión de machos. Inundamos las sendas, carreteras y eventos deportivos.

Porque, siendo razonable, seguimos siendo más. Muy poco a poco estamos alcanzando cifras de proporción absoluta al 50%. Solo en las carreras más fáciles y cómodas. Se vende como un éxito que los maratones más masivos de España acojan a una cuarta parte escasa de mujeres participantes. Tenemos más tiempo, nos duele menos dejar todo empantanado en casa para irnos a correr y no nos quedamos embarazados. Ay, los tíos.

El domingo me cabreé como una mona con los flojos y los birrias. Según me recuerdan, quedó esa pregunta pendiente: De toda la que nos inunda en el running, ¿se manifiestan las corredoras de igual modo que los corredores? Me remangué y me puse a ello. Midiendo la tontería por bloques, saqué unas conclusiones que son las típicas generalizaciones precipitadas pero conclusiones y mías, que es lo que cuenta.

Las corredoras que veo y conozco (y conozco unas cuantas) son más participativas en el rito del selfie, más constantes en el correr saludable, más miradas a la hora de qué ponerse para hacer deporte. Como contrapartida, son menos competitivas, cosa que ni es bueno ni malo. El correr recreativo parece ir más con ellas. En la etología del correr hay menos hembras-alfa.

Menos masculinidad hegemónica. Quizá porque componen el grueso de la segunda mitad del pelotón en meta. O por impulso biológico. ¿Sabiduría de la conservación de la especie? Démoslo por bueno.

En cualquier caso no todo van a ser malas noticias para el varón de la manada. Igualan a los maromos en varios puntos. Mis corredoras son o aparentan ser tan sociales como sus compañeros. Les tira la cerveza o el café con charleta posterior a correr. Han tomado con la misma pasión la furia de ponerse unas zapatillas. Relativizan los progresos iniciales contra el crono del mismo modo que muchos hombres. Y es que una novata y un novato son un amor. Es más. Cuando conté a mi amiga Ángeles que aparecería hoy en esta columna, frente a usted, reaccionó de modo idéntico a un hombre. Y me sonó a pitorreo.

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