Por su particular interés y porque muchos no comprasteis el diario porque no os dio la gana, reproduzco mi columna del suplemento ZEN del pasado 8 de Noviembre.

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Os voy a contar dos secretos. Sé el porqué de este polémico cambio horario. La eliminación de todo tu tiempo útil de las tardes de invierno, que tengas la luz eternamente encendida en casa y que ni Dios entienda lo del ahorro energético. ¿Quién hay detrás? Todo está manejado por el lobby de los corredores que madrugan. ¿Creíais que ese anuncio de compañía eléctrica con un corredor triscando alegre era una moda? Incautos.

Pensadlo detenidamente. ¿Habéis vuelto a leer en las redes sociales ninguna queja de vuestros amigos madrugadores? Nada. Desaparecidos y callados como tumbas. Y es que termina septiembre y la oscuridad se echa sobre esa brigada recia de los corredores de la primera hora del día. Sufren. Sufrimos. Cuando os animaron a empezar con el running olvidaron detallaros algunas limitaciones de esto. La que nos atañe: correr de noche es arduo.

Muchos tenéis un gimnasio o corréis en la pausa del mediodía. Unos pocos miles nos levantamos hora y media más pronto, porque sí. Os trajimos la prensa que lees. Dejad que gobernemos los husos horarios. Corremos frente a riesgos que cualquier grupo activista acogería como denunciables.

Escuchad (sic). Un día de Enero entrenábamos por las calles iluminadas mientras todos vosotros dormíais y echabais el ojo a la alarma del móvil. Sin luz y bajo la neblina heladora decidimos pasar a un bosquecillo. Con buena luna y el cielo despejado se pisa bien, sobre un camino firme. Recuerda. Vosotros bajo el edredón y nosotros entrando en la negrura de la noche.

Pues bien. Nos topamos con unas sombras. Dos, cuatro, siete, nos rodean. Ni extraterrestres ni ladrones de cable. Ni vacas bravas. Nosotros con el cerebro semicongelado. Unas luces rojas. Un vuelco en el corazón. “No, tranquilos”, nos dice una sombra. Enfocamos. “Estamos de maniobras nocturnas”. Unos comandos del ejército al lado de mi barrio ¿Irían a tomar el polideportivo?
“Tranquilo yo ya estoy”, balbucí por mi pavor milenario por las armas. Tranquilo deseaba yo que estuvieran esos soldados que salían de la oscuridad. Ellos y no yo llevaban el dedo en el gatillo.

Pensé que en Mayo todo es diferente. Pensé en el horario de Moscú. Y también pensé en hacer lobby para que siempre fuera de día. Poneos en que, un día, podríais necesitar salir a correr a las seis de la mañana. Y una leche os ibais a acordar de los del horario de verano. Los del flexo prendido a media tarde. Lo entendeis ahora. Y el ejército no ha vuelto a las calles por donde entreno. Ese era el segundo secreto.

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