El blog ha tenido poco movimiento. Cierto. Decir que ha sido poco es pecar de optimista. No se ha movido desde los últimos fileteados de mis columnas de Zen. Digamos que la cantidad de cosas a las que se enfrentaba el autor (servilleta) eran inversamente proporcionales a las entradas. En el proceso lamentable de echar la culpa a algo, he decidido poner las cartas sobre la mesa.

La culpa la tiene este.

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Desde hace unos días está a la venta en los canales de distribución habituales y los nuevos medios de promoción (las benditas malditas RSS). Es tirando a regordete, como era yo cuando comencé a correr. Amarillo como esos limones colganderos que entramos una vez Garbanzito y mi familia a saquear en una finca murciana. Enrojecido como el moflete metido en pleno esfuerzo, bufa que te bufa. Tiene un hedor inmarcesible a alcohol como, en fin, no quiero dar muchas pistas. Dará guerra mientras pasa desapercibido porque, ni él ni yo somos santo de devoción de las grandes masas. Será criticado por muchos y alabado por otros y todos tendrán razón porque un libro no es un escaparate con cosas arremolinadas (si es una tienda regida por un manazas) ni alineadas (si es un cuartel de la NATO). Un libro es el sumatorio de ratos que gente diferente emplea en leer, que es una manera de descansar de vivir lo de uno y ponerse a vivir lo de otro.

Este Run con Limón (Editorial ViveLibro) es la auténtica razón por la que este blog ha permanecido tan parado. Inciso para agradecer a la gente de ViveLibro el cariño con el que se han tomado sus servicios, que están yendo más allá de los meramente editoriales.

Comienza así:

“Madrid, Julio de 2015. Guardo entre los cuchillos de la cocina un arranque ficticio de libro. También hay espumaderas, algo de plástico que pela y corta kiwis, hay cucharones de madera y tres abridores de botellas.
Pero solo hay un arranque para este libro. Resume esos pensamientos a los que un corredor, al menos una vez en su vida, debe enfrentarse. Resume lo que siempre quiso saber el acompañante o familiar del que corre. Lo otro, los cuchillos, las espumaderas, eso son las cosas del día a día, de otra pasión. Este arranque da paso a un libro que alguien tenía que sacar. Igual de cortante que los cuchillos. El discurso de perro cabreado que ningún adulto tiene ganas de aguantar durante cuatrocientas páginas.
No sé si he recopilado el libro que todo aficionado a correr debería leer. Más bien un cajón de una cocina desastrosa”

Aunque debo decir que por delante se ha colado un tipo que se carcajea hasta de su sombra. El prólogo de Roberto Leal, colega de trotes, tiene la virtud de jugar a despistar. Porque no soy tan malo. Vosotros lo sabéis.

Decid que no. Anda.

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