-Hacéis la corta, ¿no, tortolitos?- nos sugieren.
-Hacemos la corta. ¿Qué esperaban?. Somos tres tipos duros pero prudentes.
-Nunca una carrera de montaña es demasiado corta- añade alguien bajo la luz de la bombilla.
-¿Vamos a seguir mucho tiempo hablando como en un diálogo de Los Soprano? -tuve que imponerme.

El asunto de la corta o la larga se dilucidó en cuanto alguien abrió la boca. Los valles y cimas pirenaicas, sendas bajo los pinos más altos del este peninsular, empingorotadas pedreras donde campan las cabras y donde los tipos más versados se dejan las energías de toda una semana. No. No íbamos a hacer el burro más de lo estrictamente necesario.

Porque somos de Madrí. De Madrid, no. De Madrí. Y esto conlleva un savoir vivre.

Adoptados, criados de aquella manera o que hemos terminado trabajando en la capital del trail ibérico. Pero de Madrí. Y esto debió llamar la atención de las buenas, bravías y generosas gentes de Ultra Pirineu.

Gentes que pusieron el etiquetado ‘ultra’ a una cosa de estas de ciento cinco kilómetros por las sierras. Pensaron, con toda la razón, que el personal correría esos ciento y ciento más. ¡Qué digo ciento; cinco cientos! Y que la cosa terminaría, como viene siendo habitual en este gremio del deporte, como los del Dúo Sacapuntas.

-¿Se lo cuentas tú o se lo cuento yo?
-¿Lo cualo? -respondí.
-Lo de Madrí.

Y tuve que remangarme, apoyando los nudillos sobre la mesa y, casi con la lóbrega bombilla pegada a mi frente, explicar al resto de los allí reunidos que unos pollastres como nosotros, superando la treintena y con esa perspectiva vital que da mirar al horizonte y ver el Guadarrama entre tonos marrones y anuncios en las autovías, nos teníamos que decantar por la corta.

Que 45 kilómetros era una distancia ideal para nosotros. Es la media de desplazamiento al trabajo en Madrí.

Que 2.400 metros de desnivel nos parece bien. Subir cargado de cubatas desde la estación de Príncipe Pío hasta casa sí que es desnivel.

Que sería un riesgo innecesario embarcarnos en la prueba de 110 kilómetros y terminar calentando la cabeza al pobre chófer del coche escoba o amable pastor de cabras que diera con nosotros.

Y no. Seremos lo que seamos pero nos gusta molestar lo justito. El próximo post desgrano el Who is who

 

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