Está viviéndose en Japón un boom desmedido alrededor del correr. Y la figura de Yuki Kawauchi nos sirve como excusa. Hablando con él durante unos minutos vi que sabíamos muy poco sobre qué se cuece en el lejano Oriente.  Nada imaginable ni comparable a la tradición maratoniana del país. Agárrense: el maratón de Tokio dejó una lista de espera de 300.000 personas. Cuando me aceptaron la publicación de un artículo en ZEN, el suplemento dominical del diario El Mundo, creí de utilidad ampliar al máximo la información en este blog. En un hipotético listado mundial que calibrase el número de participantes en maratón, en 2016 por primera vez Japón se colocaría líder por delante de Estados Unidos. Por lo tanto, si no pudiste comprar la prensa el domingo 23 de julio o deseabas más, inserto en este post el artículo desarrollado.

Un español, un canadiente y un japonés se sientan a charlar. Como en los chistes. Uno pregunta, el otro traduce y el nipón desgrana pensamientos sobre uno de los oficios más hoscos del mundo: corredor de fondo profesional. El epicentro de la conversación es Yuki Kawauchi, una de los maratonianos más conocidos del mundo. Les ponemos al día del boom del running japonés.

Nos sentamos con Kawauchi y Brett Larner, su intérprete y periodista a la cabeza de Japan Running News. Hemos hecho cada uno de los tres nuestros deberes matinales. Yo troté media hora. Brett arrastra un jet-lag que le hace levantarse a las cuatro y media y correr su media hora. Kawauchi tenía otros deberes y más de media hora. “Como corredor de élite japonés, su sistemática nos garantiza saber en todo momento qué está haciendo. Sé incluso a qué hora me mandará sus emails”, afirma Larner. Yuki ya ha terminado de desayunar. Repito: son las siete y media de la mañana. Usted, mientras, duerme.

Foto: RunCzech

Medio planeta conoce la historia del maratoniano aficionado más célebre del planeta, capaz de correr y ganar maratones con apenas semanas de separación. Es recomendable que el otro medio mundo se ponga ya al día. Arrojemos un poco de luz sobre él y sobre el mundo del running en Japón. Yuki Kawauchi (Tokio, 1987) consiguió sorprender al mundo viniendo prácticamente del circuito amateur y fue bronce en el major japonés con 2h08, marca que aún perfilaría dos años después en el clásico maratón de Fukuoka. Progresa rompiendo con su entrenador, un acercamiento casi herético en su sociedad. “Las herramientas para entrenar ya las tenía. Además, durante el muy caluroso verano japonés apenas se puede correr salvo en la isla del norte, en Hokkaido.” Por alguna razón personal que dejamos de lado en nuestra conversación, comienza hacia 2008 una actividad atlética casi suicida. Compite sobre larguísimas distancias semana tras semana y asumiendo los sistemas de máximo volumen de kilometraje como entrenamiento para generar velocidad. Los métodos de Arthur Lydiard llevados al paroxismo.

Algo no me encaja. Le pregunto cómo casa su modo desbocado de correr con esa relación casi cinematográfica entre maestro razonable y discípulo atlético. En la imaginería que manejamos en Europa, el discípulo entrega su tiempo y cuerpo a la sabiduría de un entrenador, un maestro. Tanto el corredor como el periodista canadiense, residente desde 1997 en Japón, están de acuerdo en que no es una relación muy espiritual. “Es una mezcla de respeto por el papel de la sabiduría de los expertos y la optimización de los recursos entre ambos”, detalla el maratoniano.

Foto: RunCzech

“¿Entonces hay menos ZEN del que nos llega a Occidente?”, atajo.

Kawauchi sonríe al escuchar el dardo y mira unas décimas de segundo al suelo. Temo que el carácter distendid de la charla se rompa pero Yuki es un tipo muy franco, directo. Pero no. Su enfoque es tajante. “El tradicional gremio corredor en Japón está siendo deglutido por la industria. Tras el éxito de Tokio no dejan de aparecer carreras en cada una de las ciudades grandes”. Cuando habla mueve las manos de una manera que resulta muy familiar. Gesticula vehemente mientras se explica. “Todos pelean por tener un maratón con 20.000 participantes. Se están perdiendo los valores tradicionales del atletismo japonés”, diagnostican casi al alimón Larner y Kawauchi.

No piensa así Tadeo Hayano, director del maratón de Tokio, consultado por El Mundo ZEN. “Al contrario. Todo empieza cuando abrimos en 2007 el maratón de élite a la participación de los corredores aficionados en el maratón de Tokio. Las carreras eran coto de los atletas profesionales. Y la gente quiere participar por fin de esa tradición de grandes corredores”. De nuevo los valores de los condenados japos, pienso. La tradición frente a una magnitud imposible de entender fuera de lo comercial.

Entonces ¿cuál es la imagen real de ese nuevo éxito?

Durante los años ochenta leímos en Occidente sobre la veneración que Japón profesaba por sus corredores y la existencia de carreras de prestigio. Fukuoka, Tokio, Osaka Ladies, Beppu-Oita, los cien del Lago Saroma, algunas con participación prohibitiva, de élite. Toshihiko Seko vence en Boston, Londres, Chicago y Tokio. Los gemelos Takeshi y Shigeru So campean por medio mundo en el top 10. Sus primeros espadas engancharon podio en los maratones de Juegos como Barcelona, Atlanta Sydney y Atenas.

Al menos sabemos que, hoy, todo se ha desbordado. La pasión japonesa por las modas y la poderosa industria del correr hace que, en fila y ordenados en sentido contrario a las agujas del reloj, cuatro mil japoneses corren alrededor del Palacio Imperial de Tokio cada mañana. En esa última generación popularizada al máximo por la tecnología de la información surge Kawauchi. Ídolo de masas.

Cojan aire. En un hipotético listado mundial que calibrase el número de participantes en maratón, en 2016 por primera vez Japón se colocaría líder por delante de Estados Unidos. Son casi 600.000 los nipones que terminaron un maratón el pasado ejercicio. Y es que el país asiático vive una explosión descontrolada de nuevos practicantes de la carrera. En 2016, según el ránking de la ARRS (Asociación de Estadísticos de Carreras en Ruta) hay veinte maratones japoneses que superan los 10.000 participantes, con Tokio (36.000), Osaka (29.000) y Yokohama (22.000) a la cabeza. Existe un maratón exclusivamente femenino como el de Nagoya con 20.000 llegadas a meta. Y el maratón de Tokio dejó trescientas mil personas a la espera de un dorsal.

Yuki Kawauchi me mira escrutador mientras escaneo esas cifras. Tengo que mostrarle mi pasmo. Según desgrana Kawauchi, tal fenómeno se sustenta sobre tres pilares: “nuestra tradición atlética, con una generación de ídolos que salían del amateurismo, y un calendario de carreras que dieron brillo al prestigio del país”. Larner añade “la existencia de un sólido conglomerado del atletismo en ruta de las universidades japonesas, probablemente el más potente del planeta” y, finalmente, equipos profesionales funcionando de una manera muy similar a equipos ciclistas.

Las dimensiones del iceberg en el que sobresale Kawauchi y sus casi semanales aventuras heroicas son colosales. “Las cotas de audiencia alcanzan el 30% para la retransmisión de la Hakone Ekiden. Japón se detiene delante del televisor o acude en masa a las cunetas de una carrera de relevos entre veinte equipos universitarios, en la que se repite ida y vuelta un recorrido de 20 kilómetros durante dos días. Estamos hablando de un mercado potencial de 40 millones de espectadores”, reflexiona el entorno de Yuki. En la punta de la pirámide de atletismo en ruta hay trescientos corredores locales que bajan de 1h05 en medio maratón. En España en 2016 fueron nueve.

¿Se siente una figura que inspira a la gente”, le pregunto. Kawauchi da un paso atrás. Este tipo de pelo pincho y piel tostada por los entrenamientos rebosa sencillez. “Soy un tipo que sale en la televisión y, bueno, muchos japoneses verán que ahí está trabajando en las oficinas de un instituto. Si sirve como manera de poner atención en el sacrificio, estoy contento”. Trabaja de 13 a 21 horas como administrativo en un instituto dedicado a la enseñanza de adultos y emplea sus sesiones matinales en redondear la veintena de kilómetros.

No es extraño que Yuki sea un personaje público de nivel nacional, capaz por sí mismo de aumentar en 30.000 los espectadores que acudieron a presenciar su participación en los 30km de Kumanichi, celebrados dos semanas después de su victoria en Beppu-Oita. En efecto, se impuso a todo cristo y batió su mejor marca.

De nuevo la superación y los valores de trabajo extremo, la esencia extenuante. La esclavitud ante esa discreción silenciosa. No me resisto a preguntarles si los nuevos corredores recreativos japoneses se sabrán tomar su trote como un entretenimiento saludable o tienden a embalarse hasta la extenuación. “Mi sacrificio y compromiso son la inspiración”, redondea Kawauchi. Ya. Pero “Yuki mismo suele llegar a meta y desplomarse acto seguido arruinando las declaraciones a la prensa”, interviene el canadiense entre las risas de todos. Larner no ha perdido cierta socarronería occidental después de veinte años residiendo en Japón.

Me preocupo por las enseñanzas que están esperando extraer los lectores de ZEN. Insisto en que nos tranquilicen y nos digan que sigue existiendo una escala de valores en esa vorágine comercial. La programación de la empresa deportiva japonesa y las cifras movidas en el sector han lanzado a las grandes áreas urbanas a montar “eventos mercantiles” (el subrayado es mío). En realidad, la industria vive días de bonanza. Según Euromonitor, las cifras de venta de los seis grandes de la industria en calzado deportivo se consolidaron en Japón en 2017. El efecto de la candidatura olímpica de Tokio 2020 y una concienciación de la salud como arma de vida incrementaron un 4% el valor total de las acciones de estos seis gigantes.

Kawauchi ahonda en la herida. “Estas carreras masivas están haciendo desaparecer carreras locales que encarnaban una tradición de nuestro atletismo”. Intento que me confirmen si se refiere al papel de las carreras de club o de las fiestas de los pueblos en España y el maratoniano deja de sonreír. “En efecto. Pruebas locales, algunas de clubes, municipales. Están desapareciendo”.

Por su parte el director del maratón de Tokio se defiende. “No las eliminamos. Las estamos potenciando. Nosotros tenemos un acuerdo con hasta treinta prefecturas de todo el país. A los organizadores de carreras les damos la posibilidad de seleccionar a sus mejores corredores y que corran en Tokio”. La carrera se expande exponencialmente y la pasión por participar en el gran evento de la capital “retroalimenta que existan más pruebas de carácter regional”, según Hayano.

El tiempo no es un concepto elástico para la sociedad japonesa y no somos una excepción. Tenemos que despedirnos de Kawauchi. Reverencias repetidas. Nos quedamos pensando en ese largo viaje al Extremo Oriente. En 2017 únicamente 85 españoles corrieron en Tokio. ¿Vas a ser uno de los próximos?

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