El porqué de todo esto. Este sencillo proyecto tiene un motivo que ocupa un par de líneas: quiero que nadie olvide el sufrimiento humano diario; un sufrimiento que discurre a pie. Tal cual. La huida que sigue a la expulsión.

Quiero sacar un aspecto que debería tocar el corazón de mucha gente. Pero queda solapado por el bombardeo de titulares y de ofertas comerciales que se entremezclan frente a nosotros.

Ahora mismo hay una columna de hondureños que intenta cruzar país tras país. A esa montonada de gente se le unirán guatemaltecos, cubanos o mexicanos. Otra hilera de subsaharianos intenta estirar el dinero que consiguieron para pagar sobornos y costes de las mafias que los acarrean hacia Europa. Vencidos del Sur que quieren llegar hasta sus vecinos del Norte. Varias líneas de refugiados sortean Oriente Medio para huir de lo de siempre: guerra, hambre, pobreza y muerte.

Llevamos siglos huyendo de calamidades y sólo pagando mucho se ha podido, históricamente, hacerlo a caballo o motorizado. A diario se huye a pie.

¿Pero cuánto es eso? ¿Un día sí y otro no? ¿De noche la gente no huye? ¿Dónde se descansa? ¿Qué come un refugiado en mitad de la nada?

De cómo se ha huido durante siglos sabemos poco porque lo hemos querido olvidar. Y es que tenemos bisabuelos y abuelos en nuestra heráldica familiar que fueron del campo a la ciudad a pie. Que combatieron a pie. Que escapaban del hambre hasta un puerto cercano en el que cogían un barco. Que huían de la aldea al monte para no ser delatados.

El padre de mi suegro, una vez terminada la batalla de Brunete, arreó caminando hasta el centro de Madrid. El padre de mi padre caminó para picar piedra. Mi bisabuelo cruzó sin control alguno desde Portugal hasta Valladolid, andando.

La noche del 31 de octubre quiero poner en visibilidad la huida. Con una mano delante y una detrás. Con poco.

Sé que muchos vais a compartirlo conmigo como un reto deportivo. No os puedo quitar la idea de la cabeza. Es nuestro modo de celebrar las cosas. Corremos para todo. También para conmemorar. Por supuesto os recibiré con un abrazo de hermano si aparecéis y decidís trotar y caminar conmigo. Huiremos un poco, pensaremos mucho pero también dejaré que las emociones nos rijan. 

De todo esto, resumir que no haré demasiado ruido. Comeré lo que lleve o lo que se me ofrezca. No medraré usando como trampolín este proyecto. Nadie saldrá derrotado ni habrá un fracaso si las expectativas se desinflan o se desbocan. Lo importante es que, cuando mires al horizonte, pienses que podría haber una hilera de expulsados que camina de Sur a Norte allá a lo lejos. Nacieron en el lugar equivocado y ahora purgan sus miserias a golpe de zapatilla.

Nada más. Ese es mi regalo. Suelo disparar al estómago. Una especie de portavocía gamberra del columnismo, como le decía al gran periodista Miguel Angel Rodríguez.

Foto: Omar Sanadiki para REUTERS
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