Las grandes migraciones y el atletismo y sus grandes cosas

Hay discusión sobre cuál es el mayor movimiento migratorio de la Historia reciente. Unos dicen que son los 4 millones de personas que cruzaron en 1949 el Punjab en busca de una vida mejor. Otros, que los 120 millones de chinos que confluyen en las nuevas áreas urbanas desde la apertura de Den Xiaoping en los años 80. Siempre tras la búsqueda del bienestar, relativo o en una escala infinitesimal. Esas migraciones son bloques de piedra que van construyendo una pirámide donde encajan las habilidades de la sociedad. Nuevos guerreros, nueva mano de obra, nuevos ciudadanos.

El atletismo profesional es, probablemente, la punta de esa pirámide. El atletismo busca la victoria, la selección de lo mejor entre lo mejor. Muchos ven innecesario leer la competición atlética como selección entre especies, como batalla de razas o naciones. Empero, hay mucho de ello. No por nutrirse de la pureza antrópica sino por un enfoque menos idílico, marxista: la cúpula del negocio atlético necesita buscar y exprimir cada ejemplar posible sobre la faz de la tierra.

El objetivo es que el show gire y la producción de momentos-televisión (hoy día cada vez más minutos-youtube) siga dando rédito a la cúpula del capital deportivo. Posteriormente surgirán cosas como la desaparición de 23 millones de euros en un pago en la IAAF, o se concederán los Campeonatos del Mundo a Doha 2019 tras una mareante oferta de 37 millones. Desmáyense si quieren pero el atletismo de alta competición, el que nos tiene atado al sofá o tras el teléfono, pendientes de un gesto, una brillante victoria, el ondear de la bandera o la mejor marca personal, el atletismo, créanlo, tiene esas cosas.

No hay que ser ciego ni hacérselo. Hay campeones olímpicos porque todos aceptamos las reglas de la competición. ¿Es innoble desear la victoria por encima de todo o abuchear a un pertiguista? Lo es tanto como contabilizar un éxito basándose en un medallero o un ránking. No estamos hablando de adorar el atletismo por la belleza de la zancada de Alberto Juantorena o David Rudisha. Ni de sentir escalofríos viendo las imágenes de un pelotón de maratonianos bajo el sol implacable o angustia por la pájara de un marchador. Esa es la parte emotiva del contrato que firmamos como espectadores.

Hablamos que, desde el otro lado de la mesa, el show business busca, entresaca, apura los límites del reglamento y compra y vende talento. El talento humano más veloz, el que más salta o lanza. Las fuentes de las que se nutre esta cruel selección son, siempre lo fueron, la ansiedad, el hambre, la competición feroz entre los débiles. Asumamos que ya no hay barreras para huir de todo ello. Los determinantes geográficos terminaron de ser un problema a partir de la invención de los sistemas de transporte masivos.

El hambre y la esclavitud, o la huida de ambos, han movido a los pobres y los débiles en una búsqueda continuada de nuevos territorios. La miseria de otros y el tráfico humano completan la cruel historia de la Humanidad. Hasta 20 millones de africanos fueron transportados como esclavos entre 1600 y 1800, constituyendo con el tiempo una nueva base demográfica en América y Europa. Sobrevivieron los más aptos y quienes tuvieron más suerte.

No es reduccionismo. La mera supervivencia de los fuertes los trasladó en apenas cien años a un mundo nuevo: aquel en que la fortaleza se podía exhibir compitiendo. Lo ancestral se anidó con lo moderno. Boxear o correr saltaron de la lucha por la vida al cuadrilátero o el estadio. Y los gerentes de la miseria, la esclavitud y el capitalismo de ciudad industrial entendieron que en el deporte residía un germen económico total.

Los tiempos modernos del atletismo nos exigen bucear en las cinco o seis generaciones que lo sostienen. El éxito de la población de origen jamaicano de Reino Unido, de los nietos e hijos de norteafricanos en Francia, o los años recientes de las nacionalizaciones en Qatar, Bahrein, España, Italia, no son más que un ajuste de lo que siempre ha llevado al ser humano a negociar, a traficar con lo mejor de nuestra especie.

Tras la Primera Guerra Mundial, contingentes de jamaicanos fueron admitidos en el norte inglés para nutrir las fábricas de armamento de su majestad la reina. El flujo no se detuvo y, sobre 1961, ya se estiman 170.000 afro-caribeños residiendo en las islas británicas. Padres y abuelos de los Colin Jackson, Linford Christie, Tessa Sanderson o Kelly Holmes (sumen medallas entre todos estos diamantes). En el periodo de entreguerras (1921-1935) 1.1 millones de emigrantes acudieron a una Francia aún libre. En los años 60 otro millón y medio de norteafricanos emigraron a la metrópoli. Son los abuelos y padres de los Marie-José Perec, Mehdi Baala, Mahiedine Mekhissi o Myriam Soumaré.

Del mismo modo seguirán llegando jóvenes bajo los ejes de un camión o recién nacidos en barcaza. Todos deberán acomodarse en las escuelas de atletismo ya sea con seis o dieciséis años. O asimilados, ese eufemismo, por los petrodólares o las promesas de éxito. Todos tendrán que aprender que el atletismo es esfuerzo y más esfuerzo. El deporte que enseña cruelmente a convivir con la incertidumbre de si habrá otro atleta que salte un centímetro más. El deporte que debe mostrar a los jóvenes a las claras la gran verdad de la competición: nada es inamovible, ni el deseo de huir de un país o de un sistema político precario.

Y esto no va a parar. La dinámica migratoria moderna, con sus bajas y su nueva selección natural, traerá una nueva generación de atletas más fuertes. Nacidos después de otro éxodo, de nuevas guerras o de una mezcla deseada de razas en países desarrollados. Y es imprescindible mientras sigamos esperando las grandes citas del más grande de los deportes. La salud del atletismo del más alto nivel se mide en la pugna por la centésima, por los tiempos de corte estratosféricos para acceder a un podio.

No nos hagamos cruces; estamos exigiendo que la bandera y el himno que nos representa no caiga en el olvido. Quizá una exigencia que no aplicamos en nuestros derechos ciudadanos. Pero el deporte saca de nuestras profundidades un kraken violento, empapado (en sudor veraniego y en cañas y tinto de verano) y que grita victorioso de igual modo cuando Orlando Ortega o Bruno Hortelano rascan medalla.

Mientras, podemos discutir sobre si aquel es más español, si la federación compró medallas o formó atletas en ciernes o si es una vergüenza marginar personas por cuenta de unas medallas. También podemos probar a practicar más atletismo, a nuestro nivel, en el parque o el gimnasio, y dejar esas otras cuestiones en manos de quien se juega los dineros en ellas.

[-10] para Montblanc: detalles que lo convierten en una carrera casi perfecta

¿Qué es eso que tanto se habla de que la organización del UTMB es prácticamente perfecta? ¿Es para tanto? ¿De verdad se acerca tanto a un Tour de Francia o a un Maratón de Nueva York de las carreras de montaña?

No emitiré juicio hasta que no lo vea con mis propios ojos de cordera agotada. Falta ver la logística, la resolución de conflictos cuando la meteorología o los inconvenientes del momento lo requieran, el trato al corredor, mil cosas.

Pero, para ir entrando en materia, os daré unas pistas del material que llega a mis manos. Una de las maneras de chequear el estado de salud de un evento o una empresa es ver cuánto se trabaja en las oficinas de comunicación de la carrera.

Todos recordamos nombres y eventos de lo contrario. Donde uno se entera de los cambios 48 horas antes, cancelaciones o modificaciones, o notas de prensa donde predomina la información menos relevante, las fotos con los políticos de la zona.

Pues bien, en las últimas dos semanas, las personas que movilizan el departamento de prensa del Ultra Trail del Mont Blanc han logrado lo que parecía imposible: la avalancha de información me ha sobrepasado. Han tenido el cuidado de mantenernos al día de (agarraos):

1. Resumen personalizado de horarios y alojamiento.

2. Invitación a probar una nueva línea de frontales Petzl con uno de los corredores más famosos del orbe montañero: Seb Chaigneau.

3. Recordatorio de que visitemos y cumplimentemos el espacio ‘salud para el corredor’, donde quedará grabada tu información de emergencia médica

4. Algunos nombres a seguir entre los 100 mejores que asistirán según la Asociación Internacional de pruebas trail (ITRA)

5. La Web tv en la que se podrá seguir cada una de las cinco carreras: en ultratrail.tv

6. Métodos de seguimiento LiveTrail® para facebook, twitter, vamos, de lo mejor en materia de seguimiento en línea en pruebas al aire libre. O por SMS para familiares y amigos.

7. Conferencias que se celebrarán en ese sarao fantástico donde las marcas quieren estar: el Salón del Ultra-Trail

Es una buena batería de asuntos, como veis. ¡Y en solo dos semanas! Espero que sirva como guía y que alguien pase a alguien el enlace de este post. De los detalles del buen trabajo se aprende y todo mejorará. Con esa metodología y medios no habrá burbuja que valga sino crecimiento de calidad.

Me queda una duda. Si cuidan así a los medios de comunicación, ¿cómo no cuidarán a los auténticos protagonistas de la aventura, los corredores?

© The North Face® Ultra-Trail du Mont-Blanc® – Clément Vaillant

Preparándonos para la ‘grande boucle’ de las carreras por montaña: UTMB


Fuente: The North Face Ultra Trail Mont Blanc

UTMB. Marca registrada. un concepto registrado. ¿Cómo, si no?

No en vano es más que un trail montañés. Es un ultra por todas las connotaciones que este prefijo latino tiene en la escala deportiva. La preparación y el detalle es impresionante. La movilización logística de dar la vuelta con siete mil personas corriendo y gateando alrededor del Mont Blanc, el Monte Bianco de los italianos que lo miran desde Courmayeur, es impresionante.

Courmayeur. Esta localidad será la partida de la aventura que os relataré. Está situada en la boca sur del tremendo túnel del Mont Blanc, donde se produjeron infaustos accidentes en el pasado. Desde su centro partiremos dos mil corredores de montaña para terminar lo que nuestros compañeros de la carrera grande dejarán empezado unas horas antes. En concreto, miles de duros corremontes habrán salido la tarde anterior desde Chamonix, en el lado norte, el francés. Más miles. Más enormidad.


Fuente: The North Face Ultra Trail Mont Blanc Website

Y es que todo suena grande. Todo es ultra. Desconozco si hay fans y tifosi violentos alrededor del concepto del Ultra Trail del Mont Blanc. Podrían generarse sin lugar a equivocarnos. Tú organiza una carrera de montaña. Aloja en unos valles alpinos a todo el mundo. Dótalo de una asistencia de tres ejércitos de tres países y de media docena de temblorosos comerciales de agencias aseguradoras, mirando todos al cielo para que el pronóstico de ‘la méteo’ sea de sol y buen tiempo.

Que el matrimonio Poletti y el enorme equipo a su cargo, los patrocinadores de todo color, la forma física que presentemos cada uno sea un engranaje y las incidencias no pasen de raspones. Y esguinces. Y las alucinaciones propias de llevar despierto noche y día mientras subes y bajas valles y cimas.

Mímalos, a los siete mil. Día y noche, sin excepción. Ah, esos voluntarios. Dedícales desde tu desagradecido puesto de director de carrera unas certeras y duras instrucciones para que ellos puedan transmitir únicamente una sonrisa a esa exhausta figura que llega en mitad de la niebla, de la oscuridad.

Fuente: The North Face Ultra Trail Mont Blanc Website

Bien es verdad que somos un medio de comunicación. Y que comunicaremos lo bueno, lo malo si lo hubiera y lo excelso, lo épico. Si seguís este blog sabréis que no soy de mucha épica. Esto es poner un pie y luego otro. Aún así, el goteo de detalles alucinantes sigue llegando a mi cuenta y llevo semanas anteponiendo esos mensajes a otros más inmediatos.

Es normal que os los refiera.

Recuerdo haber leído de un ‘asomado’ a este blog, “habláis bien de ellos porque nos invitan a correr por la cara”. Pero el trato me tiene sinceramente abrumado con esa perfección milimétrica de su departamento de Prensa. Tanto en información para la carrera, para alojamientos, la escalonada y paulatina inscripción y confirmación.

Sí señores y señoras y cabras del monte. El Ultra Trail del Mont Blanc demuestra una seriedad que otros eventos-masa ya quisieran. ¿O es que habéis olvidado el birrioso y cómico espectáculo de la organización de lo que queda del viejo Giro de Italia? ¿O las trampas al póker de las ligas profesionales que se sostienen con dinero público y escamotean la fiscalidad de los clubes de primer nivel?

Si fuera periodista de ciclismo tendría un referente a mano para cuestionar y contrastar todas estas impresiones: el Tour de Francia. ¿Es el UTMB la otra ‘grande boucle‘?

Algunas cifras sobre el Ultra Trail del Mont Blanc 2014

Algunas cifras que deberíamos saber, con el objetivo de comprender qué hay detrás de esa apasionante atracción de la carrera de montaña más solicitada del planeta.

El The North Face Ultra trail del Mont Blanc mueve estos números. Y no ha hecho más que empezar.

1. Este año, más de 14.000 corredores han respondido a la llamada de las inscripciones. De todas ellas, habrá 7.500 que se plantarán en las líneas de salida de las 5 carreras representando 77 naciones, movilizando más de 2.000 voluntarios y desplazando 50.000 espectadores

2. En el total de las 5 pruebas : 52,1% de corredores extranjeros y 47,9% de corredores franceses Es el primer año en el que habrá más corredores extranjeros que franceses en las carreras del Ultra-Trail®
El top 5 de países sigue idéntico al de 2013. Tras Francia, viene España: 8,93 % ; Italia : 8,90% ; el Reino Unido: 6,22% ; Japón : 3,73%. Vienen a continuación Bélgica, Suiza, Alemania y los Estados Unidos.

En 2014: España ha pasado por delante de Italia, ¡y los japoneses han doblado a los belgas!

3. En todo este fregado habrá 77 naciones representadas. ¿Mundialización? ¿No es esta una de las premisas para ser incluido en el programa olímpico?

Entre estas 77 nacionalidades hay 3 pequeñas novedades: Brunei, Mauricio y San Marino.

4. Un plantel de élites de más de 300 dorsales. En concreto 317 corredores (mujeres y hombres) con el «potencial top 10» según los criterios de la International Trail Running Association.

5. Ellas. En 2014, las mujeres inscritas representan el 13,3% de los corredores, es decir, una progresión del 3% en relación a 2013. Están bien representadas en la OCC (más de la cuarta parte de los inscritos). El UTMB® es la carrera con menos representación, con sólo un 8,14% de mujeres.

6. Edades. ¡De 20 a 70 años y más!
Los de más de 70 años prefieren un recorrido menos largo: 10 inscritos en la OCC de los cuales 2 son mujeres y 4 en el UTMB® entre los cuales hay una mujer.
Los más jóvenes (categoría Espoir a partir de 20 años – edad mínima para inscribirse) prefieren también la OCC : 32 inscritos en la OCC contra 5 en el UTMB®.

7. En la prueba de iniciación, colapso ya desde su primera edición. La nueva carrera lanzada en esta edición 2014 ha visto un verdadero éxito y ha hecho necesario un sorteo: la organización ha recibido 2.443 solicitudes de inscripción para 1.000 plazas disponibles.

8. ¿Experiencia? Cada vez hay más corredores nuevos, entre los deportistas que vienen de otras disciplinas. La cantidad de participantes que vienen por primera vez al evento aumenta regularmente en la mayor parte de las carreras.

Todo esto completa un escalón más en esta ascensión imparable que invita a recorrer durante horas, subiendo y bajando, los contornos del macizo del monte blanco.

Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

La burbuja de las carreras de montaña

Diez de la mañana de un día de invierno cualquiera. Dos mil setecientos dorsales disponibles. Se agotan en diez minutos.

¿Dan roscón? ¿Prometen un puesto de trabajo bien remunerado? No. Es inscripción a los 101km de Ronda, que agotado todo en horas. No se trata de una familiar carrera de fin de año. Ni de los populares diez kilómetros de tu ciudad, esos en los que todo corredor tiene puesto en rojo en el calendario. Hablamos de una prueba de ciento un kilómetros, a pie. Trata de que, superada la barrera de correr, franqueada la línea suicida del maratón, una vez relativizado a Filípides, el personal se pega de tortas por un evento de más de diez horas de esfuerzo a pie.

Tampoco es un caso único. Este invierno se alcanzarán las listas de espera en pruebas que se disputarán en verano como el Gran Trail Peñalara, Europa entera pedirá un dorsal para las diferentes distancias -crueles todas- del Ultra Trail del Mont Blanc y faltarían todavía otras cinco mil plazas para atender a todos los peticionarios. Cuanto más largo, más duro y más vistoso, más apetecible.

¿Está viviendo el running de campo su explosión definitiva? ¿Es, en cambio, una traslación de la carretera y las calles a la montaña?

Hay alguna pista que indica que la tendencia no es la de una burbuja típica. No hay pruebas infladas o sobredimensionadas salvo algún ejemplo. Las organizaciones, tanto de carreras de ruta como de campo, sostienen más o menos razonablemente los recursos asignados a cada participante. Una burbuja es la exposición desmedida de una oferta a una demanda inexistente, más o menos. En este caso hay más demanda que oferta.

Sí hay un incremento de precios pero no es una progresión geométrica de los últimos años. Es un movimiento sostenido. Además se debe, en gran medida, a que ahora los costes reales de la prueba se repercuten en la inscripción, dado que las subvenciones públicas han remitido o no son tan elevadas.

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Fuente: Memphismadrid-Kataverno.com

Me parece más bien una especie de conquista alocada de nuevos formatos.

En Francia se pudo observar el mismo fenómeno durante los primeros años noventa. El hastío de algunos corredores frente a la eterna lucha en circuitos monótonos, la aparición de los trails y una madurez en el pelotón confluyeron. Generó una buena estampida de corredores experimentados y amantes del monte generaron el movimiento más poderoso de correr por las montañas en Europa. Superó incluso en importancia y volumen de las cifras a las que se movían en Estados Unidos.

Hablamos de una prisa desmedida por acudir al mayor número de pruebas posible. El aumento de corredores en general ha sido demasiado y no hay tantas carreras como se desean. De la ruta salen entusiasmados corredores hacia el campo. En las carreras populares se ha triplicado la participación en apenas cinco años. La consecuencia inmediata es que todo el pelotón intenta inscribirse a todas.

¿Inscribirse a más de una de esas barbaridades de quince horas corriendo por el campo? Sí. Y a más de cinco al año. El corremontes hispano circula desbocado. Yo creo que es más una burbuja emocional del corredor.

Además la sesera de los practicantes de esta variedad de correr, la del risco, la senda virada y los valles magníficos, está siendo bombardeada con el fenómeno Kilian. Es increíble lo que ha conseguido en los medios la presencia de un superclase que, de haber ocurrido en los años de los Fiz, Antón y compañía, habría pasado desapercibido. ¿Alguien recuerda el dominio del monte de Quico Soler? Pero Soler no llegó en el momento preciso y parece ser que Jornet sí. Y todo esto ha arrastrado aún más a corredores ansiosos de liberarse de peñasco en peñasco.

¿Supone todo esto que habrá carreras que no sobrevivan a la burbuja?

A la locura (burbuja) del corredor sobrevivirán las carreras que cedan a todas las exigencias del runner. Y éste es muy detallista. Exigente. A veces no hay quien nos soporte. Si esto se ha de hacer a costa de aumentar los precios, se romperá el equilibrio. O sea, aguantarán las que más capital manejen.

Se debería empezar a hablar de un capitalismo salvaje del ocio. Que siga el debate.

¿Podríamos soñar con una “sainte” a la española?

El pasado puente se celebró la Saintélyon. De Saint Etienne a Lyon de noche y en invierno. Por el campo.

Media docena de locos se inscribieron.

Mejor dicho, doce mil corredores. Que disputan el honor de cruzar de una a otra gran ciudad francesa a lo largo de más de noventa kilómetros, con natural disposición y alegre espíritu mientras el clima dice lo que dice.

El vídeo de la edición del pasado fin de semana, aquí.

Fuente: SayntéLyon.com

Uniendo París, Hamburgo y Rotterdam por relevos

Entre los eventos que pasan sin pena ni gloria para los medios de comunicación europeos hay uno con carácter. La RoPaRun (Rotterdam-Paris-Run). Tiene suficiente empaque para mencionar que este año ha recaudado cinco millones y medio de euros para la investigación contra el cáncer. Es un triángulo que lleva corredores y sus equipos de apoyo desde Hamburgo y París hasta Rotterdam.

La ROPARUN es una prueba por relevos que se inició en 1992. Entonces unía Rotterdam con París. Atravesando durante aproximadamente 520 kilómetros las tierras de las batallas contra el mar y las batallas entre los europeos. Desde el primer año la roparun demostró que era una cuestión de organización, espíritu de equipo y un mínimo de treinta horas corriendo entre los diferentes componentes. Los equipos tienen máximo ocho corredores que tendrán que repartirse más de sesenta kilómetros cada uno.

Con llegada desde 2004 en el mismo Coolsingel, la avenida central de Rotterdam donde se establece la meta del mundialmente conocido maratón, equipos e instituciones tienen como objetivo la combinación de la aventura deportiva y la consecución de un fin solidario. En 2004 se invertía el sentido de la prueba y la ruta adquiría la dirección Sur-Norte. Para 2004 el componente de charity se había acrecentado de manera exponencial, de los 40.000 euros hasta los 2,400.000 de esa edición.

La ampliación de la prueba de mediados de Mayo al territorio alemán y acogiendo así una segunda ruta supuso en 2013 el diseño de un recorrido alternativo. Así, durante 560km, se une Hamburgo con la ciudad del Maas.

¿Una idea para 2014?

Fotos: Roparun.nl+PhoToos.nl