Sorolla y los runners de la Quinta Avenida

En el Museo Sorolla figura un gouache de 43 x 22 centímetros que suele pasar desapercibido entre los fabulosos trabajos del pintor valenciano. Duerme guardado en los fondos y no se exhibe habitualmente en las salas. Es el número de catálogo 829 de la colección sorollista. Se pintó durante una estancia del pintor en Estados Unidos. En la tablita se obtiene una imagen cenital de la calle por la que discurre un grupo de corredores. Tenemos la suerte de poder presumir de una cosa: Joaquín Sorolla pintó uno de los primeros retratos de algo cercano al maratón.

En una imagen que parece sacada de un póster de la actualidad, se ve un ramillete de maratonianos. Pero es otra época y otro publicista; se trata del español que mejor ha tratado la luz del sol sobre un lienzo. ¿Qué pintan unos runners en un cuadro de 1911?

Son apenas diez corredores que visten de blanco, un color probablemente real, que corren por el esquinazo que forman la Calle 59 con la Quinta Avenida, justo enfrente de Central Park. En los laterales hay público. Una cantidad sorprendente. El mismo público que abarrota hoy las aceras de los primeros maratones norteamericanos. Joaquín Sorolla tituló “Carrera maratón; Nueva York” a esta obrita maestra hecha en ojo de halcón sobre las calles de la Gran Manzana.

Hemos podido podido comprobar que pudo no ser un maratón auténtico pero sí un momento de efervescencia social. Lo veremos más adelante. Era el otoño de 1911 uno de los momentos más fructíferos del genial artista, dado que acababa de firmar un contrato con la Hispanic Society que suponía la culminación de su éxito internacional. Triunfador en los museos de Sant Louis y el Art Institute de Chicago, durante aquella estancia Sorolla se alojó en una de las plantas altas del viejo hotel Savoy. En la época, el monumental edificio inaugurado en 1890 ya miraba al parque más famoso del mundo, Central Park, frente a un esquinazo hoy emblemático del maratón neoyorquino y al lado de nombres legendarios como la mansión Vanderbilt o el Hotel Plaza.

Era la culminación. El lujo del éxito. Aquella maravilla que ocupaba las calles 58 y 59 con la Quinta, frente al actual monumento a Sherman, era una isla que recreaba el lujo francés en sus interiores. Sorolla vivió alojado en uno de los flancos que miraban a la 59, por encima de los salones estilo imperio, Luis XIV y Luis XVI que representaban toda una metáfora: el auténtico triunfo profesional que le supuso firmar con Archer Huntington el contrato para pintar los lienzos de Visión de España. Estos trece paneles decorarían la biblioteca central de la Hispanic Society de Nueva York y le mantendrían bien posicionado en el statu quo artístico durante varios años.

Desde una de las plantas altas Sorolla lo bosquejó todo. De esa serie son las vistas aéreas de la Quinta Avenida, de los cruces aledaños, cuyas perspectivas nos ofrecen los techados de automóviles, carruajes de tiro y camiones primigenios. Ya es un bullicio mecánico al que aplica esa paleta con grises chispeantes y vivos colores. El otoño de 1911 le ofrece una nevada e hileras de paseantes y de todo ello toma rápidas notas fruto de su dominio del gouache.

Para los apasionados del correr se trata de una obra menor pero que retrata un evento deportivo fabuloso. Celebrado en 1911 y que montase tal jaleo runner por las avenidas de Manhattan habla de una época cuyo único vestigio no es la cultura del maratón de Nueva York que hoy conocemos sino una reliquia preciosa: todo lo que hoy conocemos como la gran burbuja de tipos corriendo sin más armas que la voluntad, o casi todo, viene de algo que comenzó en Yonkers.

Rebobinemos. El maratón de Yonkers (distrito norte de la ciudad, detrás del Bronx, en Westchester), se celebraba desde el día de Acción de Gracias de 1907. La popularidad de aquella manifestación de los ‘sportsmen’ modernos era tal que las masas se alineaban en los bordes de las calles, tal y como refleja Sorolla. Como relata Pamela Cooper en su libro The American Marathon “los corredores pasaban al lado del público en una hilera sudorosa y jadeando de manera audible a su paso por las carreteras polvorientas”. Correr, pásmense, igual que hoy día, era un éxito de integración de la sociedad, de una clase trabajadora que estaba erigiendo el país.

La federación nacional, la Amateur Athletic Association, englobaba un buen puñado de maratones que ya se celebraban en 1907 aunque Nueva York no tenía un equivalente a la B.A.A. que organizaba el maratón de Boston desde 1897. Eran cosas de la fragmentación de Nueva York en distritos-mundo y de la muy espabilada orientación de los clubes deportivos locales de más caché hacia la inversión inmobiliaria y a ganar riadas de dinero. Así las cosas, el Mercury Athletic Club de Yonkers fue el encargado de mantener el timón de aquel maratón neoyorquino. De la semilla que hoy día pervive en forma de la carrera más descomunal y espectacular del mundo: el TCS Maratón de Nueva York.

Todo tenía un trasfondo fascinante en aquellos años de invención y de crecimiento desmesurado. Había mucho más en el mundo de la zapatilla. En aquellos días las asociaciones deportivas actuaron en las ciudades americanas de principios del siglo XX como motores de control social y expansoras de integración étnica en ciudades como Nueva York, donde se hacinaban casi cinco millones de habitantes de hasta cien nacionalidades. El distrito de Yonkers, aunque estaba en mitad del campo de la época, crecía duplicando su población a principios de siglo a base de italianos e irlandeses. Según Cooper era una zona campestre muy popular en las pruebas de cross y campo de batalla habitual de varios clubes de la zona. Los clubes Mercury y Mohawk tenían en sus filas grandes corredores de fondo y el paso fue natural. Siguiendo la estela del partido de fútbol americano del día de Acción de Gracias, y dados los buenos resultados en el maratón de Boston de aquellos maratonianos locales que Sorolla pintó de blanco, 1907 fue el año del nacimiento del maratón para Nueva York.

Si conectamos los momentos históricos del deporte podremos pensar que, en apenas unos meses se estaba celebrando la dramática prueba de maratón de los Juegos de Londres 1908. Pues bien. La historia de sufrimiento del italiano Dorando Pietri en los últimos metros y la rivalidad entre católicos irlandeses y católicos italianos encendió la chispa en la ciudad. Duelos entre Hayes, el ganador real, y Pietri, el italiano que desfalleció en meta, se celebraron en el pabellón cubierto del Madison Square Garden… ¡sobre los olímpicos cuarenta y dos kilómetros!.

Y el bendito running subió como la espuma. El New York Journal organizó en noviembre de 1908 un maratón urbano que atrajo a ¡setecientos inscritos!. En la Brooklyn Sea Gate se celebró otro a los pocos meses, coincidiendo con el cumpleaños del presidente Abraham Lincoln. Y la fiebre continuó con los años venideros: Bronx, Columbia, Brooklyn, todos los distritos contaban con su prueba de largo aliento. Setenta años después el fundador del Maratón de Nueva York reconocería que aquella carrerita de Yonkers siempre fue una de sus favoritas e inspiradoras.

El Yonkers Marathon hoy está reducido a una reliquia preciosa con doscientos inscritos y desplazada a un circuito circular pegado al río Hudson, frente a los cincuenta mil corredores del maratón neoyorquino y el paso por todos los distritos de la ciudad. Pero en su día aquella carrera equilibraba en otoño la balanza sobre la que Boston apisonaba en Patriot’s Day (el primer lunes de abril). Como podemos ver por la tabla que pintó Sorolla en 1911, el fervor no era poco ante aquellos tipos corriendo durante tres y cuatro horas. Demuestra esto que vivimos en una era donde todo está ya inventado, por mucho que nos empeñemos en etiquetarlo con nuevos formatos.

Pero vayamos al mollar: ¿Qué demonios quedó plasmado en el cuadrito con el código de catálogo 829 de la colección del Museo Sorolla de Madrid?

Hemos podido contrastar que alguno de los recorridos de aquellos maratones de distancias muy variables pasó por debajo de la ventana donde Joaquín Sorolla pintó el otoño de 1911. Casi con toda seguridad fue el del Evening Standard Modified Marathon, una carrera muy popular de unos 20 kilómetros que se celebró durante una década recorriendo las avenidas desde el Jerome Avenue, en el Bronx hasta Lower Manhattan y discurriendo paralelo a Central Park. Descendía por la Séptima, la Calle 110, luego la Quinta y terminó por Broadway hasta el Ayuntamiento. Según el historiador Al Copland la carrera discurrió por avenidas tan centrales que se calculó alegremente que pudo haber un millón de personas presenciándola y, para 1914, una cifra monstruosa de ¡1.780 corredores!.

Con toda seguridad pasó con todo el griterío que hoy nos parece habitual y esto despertó la curiosidad de un retratista de las costumbres del cambio de siglo como fue el pintor valenciano. Los bocetos del progreso que Sorolla dejó para la Historia del Arte reflejaron la electrificación, el motor de explosión, los comercios metropolitanos, joyerías, farolas y, casualidades de la vida, tipos corriendo mientras la ciudad se vuelve loca.

Artículo publicado en la revista Runner’s World, oct 2017.

Diario de un maratoniano: ¿Sabes qué es un pasta-party?

Una semana más de cara a ese maratón de Barcelona en que nos hemos embarcado. Entrenamientos, planes, mirar si las piernas soportarán el entrenamiento y todo eso que un maratón conlleva. Más que el maratón en sí, lo que lo rodea.

Después de haber metido el diente al espinoso asunto de los alojamientos (solucionado con una web de lujo) queda, entre otras cosas, saber cómo organizas dos asuntos cruciales. Recoger el dorsal en la feria del corredor y qué ingerir (y dónde) en las horas previas a la prueba.

Correr cuarenta y dos kilómetros, sea al ritmo que sea, es tarea que exige a nuestro cuerpo un esfuerzo. Entrenamiento aparte, queda qué y cómo comer. Y en esto que, en los años setenta, las pruebas del otro lado del Atlántico idearon un par de eventos: el breakfast run y la pasta party. A la primera acudían a trotar gentes de todo el globo, en representación de sus países. A la segunda cosa acudían los corredores participantes a representarse a sí mismos y a sus depósitos de glucógeno. Sin ir más lejos, unos 18.000 corredores acudieron a comer macaroni, turkey sauce & marinara en Nueva York el pasado año. En el maratón de Valencia la cosa va de arroz. En otros las soluciones no son tan rebuscadas.

Foto: OnTheRun, Blog NYTimes.

Qué es.

Una fiesta. Como en todas las fiestas, hay un ambiente fabuloso. El entorno maratoniano, el corredor en su clan, el familiar que acompaña a mamá o papá. No se fuma. El calzado más usado tiene siglas y letras que todos conocemos. Estás en la salsa y nadie se va a sentir desplazado si come un plato de pasta o de arroz con tomate, un yogur, una naranja. Es más, ¡hasta a los niños les encanta! ¡Qué crío no adora la pasta!

Qué no es.

Un lugar cómodo. Se suele organizar en pabellones, bajo las gradas de algún estadio, y las colas mortifican al más rudo corredor. No se come a la carta. Tampoco es un lugar muy imaginativo. Te costará encajar si buscas algo más que el puro placer ‘runner’.

Glamour tampoco tiene y la ciudad desearía que tuviera todavía menos. Estamos hablando de los cuartos. Espinoso tema.

Entonces ¿debería ir a la comida de la pasta del Marató de Barcelona?

1. El argumento del cansancio (la vil excusa de nuestro rendimiento).

Acudí a mi primer plato de plástico con macarrones y tomate en 1989. He comido paella en Valencia y espagueti en Sevilla y llegó un momento en que dije basta. Además de economizar las horas que uno discurre en la ciudad, al paseo por la ciudad se unía una deficiente alimentación y un cansancio enorme. Uno prefiere, además, comer más o menos como siempre. De todo y variado. Más de una noche he discurrido digiriendo “de aquella manera” los macarrones y el tomate frito.

2. El argumento de disfrutar comiendo en la ciudad (la vil excusa del hostelero).

Mucho se ha escrito sobre el impacto del maratón en la ciudad. Que si la ciudad equis ignora su prueba. Que si qué envidia en Berlín que cortan la ciudad entera. Personalmente creo que es un esfuerzo que deberían reorientar. Como organizadores, corren con gastos, voluntarios y espacio dedicado a dar de comer a un 30 o 40% de los participantes de la carrera. Ese capital humano podría servir para la misma carrera en otros puestos clave.

Mi idea es que sería más interesante conseguir para cada dorsal un descuento determinado en los restaurantes de la ciudad. Comer bien, comer sentado y descansar. ¡Todo el mundo iría a probar los productos de la tierra o a comer “como en casa” – creo que muchos maratonianos no cocinarían esa pasta de combate si comiesen en casa el día anterior.

Imaginemos lo que cuesta que la ciudad se sienta parte de la fiesta. Convirtámosles en parte del negocio. Un ejemplo sin pies ni cabeza;  en la ciudad de la Torre del Oro este mes de febrero correrán unos 6.500 dorsales de participantes no-sevillanos. Suponemos además que los locales comen en su casa o en casa de su madre o suegra (esa surtidora de placeres). Si muchos, como media, irán acompañados de una persona para aprovechar el turismo de la ciudad, podrían generarse más de 10.000 vales. Si cada uno tiene un valor nominal de – digamos – veinte euros, calculemos el gasto medio añadido de cada comensal como extra a ese vale-regalo. ¿Quince pavos? Con las bebidas y los cafés y un buen descuento, es lo menos que quedará por tenedor.

Los potenciales 200.000€ de descuento atraerían 10.000 x 15€. Sí, otros 150.000€. Casi un cuarto de millón que va directo a la hostelería local en un solo servicio de comidas. En un maratón con unas cifras modestas y en tiempos de crisis.

Este tipo de cuentas son las que hacen que el negocio se acerque al evento. Con todo el respeto a los corredores que de algún modo quieren participar de la liturgia, treinta mil raciones de macarrones con tomate ¿qué aportan al conjunto de un maratón?

La burbuja de las carreras de montaña

Diez de la mañana de un día de invierno cualquiera. Dos mil setecientos dorsales disponibles. Se agotan en diez minutos.

¿Dan roscón? ¿Prometen un puesto de trabajo bien remunerado? No. Es inscripción a los 101km de Ronda, que agotado todo en horas. No se trata de una familiar carrera de fin de año. Ni de los populares diez kilómetros de tu ciudad, esos en los que todo corredor tiene puesto en rojo en el calendario. Hablamos de una prueba de ciento un kilómetros, a pie. Trata de que, superada la barrera de correr, franqueada la línea suicida del maratón, una vez relativizado a Filípides, el personal se pega de tortas por un evento de más de diez horas de esfuerzo a pie.

Tampoco es un caso único. Este invierno se alcanzarán las listas de espera en pruebas que se disputarán en verano como el Gran Trail Peñalara, Europa entera pedirá un dorsal para las diferentes distancias -crueles todas- del Ultra Trail del Mont Blanc y faltarían todavía otras cinco mil plazas para atender a todos los peticionarios. Cuanto más largo, más duro y más vistoso, más apetecible.

¿Está viviendo el running de campo su explosión definitiva? ¿Es, en cambio, una traslación de la carretera y las calles a la montaña?

Hay alguna pista que indica que la tendencia no es la de una burbuja típica. No hay pruebas infladas o sobredimensionadas salvo algún ejemplo. Las organizaciones, tanto de carreras de ruta como de campo, sostienen más o menos razonablemente los recursos asignados a cada participante. Una burbuja es la exposición desmedida de una oferta a una demanda inexistente, más o menos. En este caso hay más demanda que oferta.

Sí hay un incremento de precios pero no es una progresión geométrica de los últimos años. Es un movimiento sostenido. Además se debe, en gran medida, a que ahora los costes reales de la prueba se repercuten en la inscripción, dado que las subvenciones públicas han remitido o no son tan elevadas.

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Fuente: Memphismadrid-Kataverno.com

Me parece más bien una especie de conquista alocada de nuevos formatos.

En Francia se pudo observar el mismo fenómeno durante los primeros años noventa. El hastío de algunos corredores frente a la eterna lucha en circuitos monótonos, la aparición de los trails y una madurez en el pelotón confluyeron. Generó una buena estampida de corredores experimentados y amantes del monte generaron el movimiento más poderoso de correr por las montañas en Europa. Superó incluso en importancia y volumen de las cifras a las que se movían en Estados Unidos.

Hablamos de una prisa desmedida por acudir al mayor número de pruebas posible. El aumento de corredores en general ha sido demasiado y no hay tantas carreras como se desean. De la ruta salen entusiasmados corredores hacia el campo. En las carreras populares se ha triplicado la participación en apenas cinco años. La consecuencia inmediata es que todo el pelotón intenta inscribirse a todas.

¿Inscribirse a más de una de esas barbaridades de quince horas corriendo por el campo? Sí. Y a más de cinco al año. El corremontes hispano circula desbocado. Yo creo que es más una burbuja emocional del corredor.

Además la sesera de los practicantes de esta variedad de correr, la del risco, la senda virada y los valles magníficos, está siendo bombardeada con el fenómeno Kilian. Es increíble lo que ha conseguido en los medios la presencia de un superclase que, de haber ocurrido en los años de los Fiz, Antón y compañía, habría pasado desapercibido. ¿Alguien recuerda el dominio del monte de Quico Soler? Pero Soler no llegó en el momento preciso y parece ser que Jornet sí. Y todo esto ha arrastrado aún más a corredores ansiosos de liberarse de peñasco en peñasco.

¿Supone todo esto que habrá carreras que no sobrevivan a la burbuja?

A la locura (burbuja) del corredor sobrevivirán las carreras que cedan a todas las exigencias del runner. Y éste es muy detallista. Exigente. A veces no hay quien nos soporte. Si esto se ha de hacer a costa de aumentar los precios, se romperá el equilibrio. O sea, aguantarán las que más capital manejen.

Se debería empezar a hablar de un capitalismo salvaje del ocio. Que siga el debate.

On the run; cómo hacer televisión con tu hobby

Encontramos en la red un magazine hecho con simpatía -simpatía norteamericana- llamado On The Run, que ha sido elaborado y subido a Youtube por el club New York Road Runners. Este club (conocido también como el NYRRC) cuenta ya con 55 años de antigüedad. Es parte de la historia de este deporte: correr.

Puesto que ayer se disputó el ING New York City Marathon, qué menos que ver los tres bloques que han dedicado a este evento de eventos. Reserva un rato de tu tiempo. Bocata, cerveza, palomitas, sofá y manta.

– Bloque 1.

– Bloque 2.

– Bloque 3.

¿Serías capaz de seguir su ritmo?

El canal YouTube de AsicsAmerica ha colgado un vídeo en el que se te ofrece la oportunidad.

¿Seguirías el ritmo del maratoniano norteamericano Ryan Hall?

¿Durante más de uno o dos minutos?

Colgados de un arnés, los que han querido probar han visto a la velocidad que hay que mover el cuerpo para alcanzar los fatídicos veinte kilómetros por hora.

Todo forma parte de una campaña de Asics de cara a este fin de semana. Se ha instalado en el corazón de Nueva York, donde el domingo se celebra el gran espectáculo del año: el ING New York City Marathon. El mito trasladado al mundo del corredor de la calle y del parque.

Pues bien. Esa es la velocidad que sostendrá cualquiera de los diez primeros clasificados en la carrera.

No lo intentéis en casa. Va en serio.

¿Facebook mide los maratones del mundo?

Una de barra de bar. He pensado que Facebook mide (de aquella manera) los maratones del mundo.

¿Cuánto? ¿cómo? ¿Qué dices?

Se me ha cruzado por medio un pequeño juego. He mirado si podría haber cierta correlación entre datos, a partir de los ‘me gusta’ que tiene cada carrera de maratón. Es interesante ver si se corresponde con un volumen muy parecido de inscritos (y algo menos a los llegados a meta). Que viva la estadística.

¿Valdrá para algo?

Vale. Si uno es community manager le puede servir para ponerse las pilas. Si es organizador, le terminará -o no- de convencer sobre la importancia de estar ahí, presente. Indudablemente es una cifra que nada más mide la popularidad de la red. En algunos casos esta popularidad se traslada directamente a los participantes. En otros (Boston) los datos desbarran por evidentes motivos de popularidad después de hechos puntuales (los atentados del Abril pasado). En el caso de la Marine Corps, os invito tal cual a ver las cifras.

 ¿Me pone aquí un cortado y un zumo?

Sigamos. No es tan fácil. Tiene su miga. He mirado qué porcentaje de esos ‘Like’ se traducen realmente en participantes. Un ejemplo: veinticinco mil de los veintiocho mil ‘me gusta’ en el perfil se prenden el dorsal en la camiseta. Podríamos decir que los participantes han sido un 85% de ellos. No es representativo de nada, o quizá de bastante, pero… lo he llamado porcentaje de efectividad social de la red  (por decir algo).

Al contrario, podría decirse que con un éxito relativo en participación, no son capaces de arrastrar un número similar de seguidores en facebook.

Lo mismo es solamente una desviación de cifras.

Pero sí hay dos tipos de cifras: las equilibradas, que se encuadran en el rango 90-110%, con valores muy similares entre redes sociales y dorsales, y las dispares, que (a) tienen muchos más seguidores que corredores o (b) muy pocos seguidores para la cifra final de participantes.

Camarero, otro café. Y un pincho de tortilla.

¿Qué pensáis vosotros?

mara. – Like/FB – Corren – (%+/-VAR)
Boston – 128.454 – 26.813 – 20.9%
Nueva York – 92.780 – 46.795 – 50.4%
Tokio – 28.494 – 25.000 – 87.7%
Paris – 34.358 – 38.690 – 112.6%
Berlin – 34.785 – 40.967 – 117.7%
Londres – 59.838 – 34.631 – 57.9%
Honolulu – 12.258 – 30.898 – 252%
Marine Corps – 83.135 – 30.000 – 36%
Viena – 15.308 – 10.500 – 68.6%
Hamburgo – 6.665 – 11.446 – 171%
Estocolmo – 7.225 – 15.680 – 217%
Praga – 17.889 – 5.690 – 31.9%
Frankfurt – 15.589 – 12.436 – 125.1%
Barcelona – 12.589 – 14.776 – 117.4%
Valencia – 12.924 – 7.781 – 60.2%
Madrid – 12.269 – 10.164 – 82.8%
Sevilla – 3.479 – 5.963 – 171%
Murcia – 989 – 2.020 – 204%

Datos de Fb a 22 de Octubre 2013, 15:40h. Datos de participación, wikipedia.org y websites de pruebas.

El maratón de Boston de 2014 será algo grande

El próximo día 9 se abren las inscripciones para poder participar en el maratón de Boston. Lo anunciaba el Boston Globe esta mediodía.

 

El baile de cifras promete ser espectacular. Para empezar, la inscripción online (exclusivamente, salvo corredores élite que son contratados) pondrá a disposición de la comunidad de corredores del mundo un total de 36,000 dorsales. Nueve mil más para poder acoger a los damnificados por la edición de 2013.

¿Es la mayor manifestación maratoniana de la primavera? Por descontado, y no solo en Estados Unidos. Más todavía cuando el terror atacaba la línea de meta de Boston hace un año. No es el summum en participación de los héroes de la primavera runner. Londres aportará unos miles más, sin duda. Además viviendo una explosión global después de los Juegos de 2012. París congregará otros cuarenta mil unos días antes y los paseará por el Bois de Boulogne, Roland Garros y el Arco del Triunfo.

Pero Boston es Boston. Este año, aún más. 

Treinta y seis mil lugares reservados son, en términos relativos, la crema de la crema del planeta maratoniano. El particular método de aceptación de la carrera que encogía el estómago de medio mundo el pasado mes de Abril reserva bloques de inscripción por edad. ¿Qué significa esto?

Existe una tabla de edad y unos tiempos mínimos de calificación. Así, un corredor de 30 a 35 años deberá acreditar 3h10 en algún maratón previo. Una corredora de 50 a 55 años deberá demostrar 4h00. La tabla completa está disponible en la web de la BAA. O sea, los más rápidos de cada una de esas edades del hombre tienen la oportunidad de exprimirse un poco más en el clásico recorrido, que está vigente desde 1898.

Con este sistema se ha pretendido contener la avalancha que supone ser el maratón más solicitado de los clásicos. Su edición número 117 ha sobrevivido -probablemente- gracias a un control estricto de los participantes. Y se optó por el corte en mejores marcas personales. ¿Un método justo y equitativo?

No se sabrá nunca. Muchos pedirán tener una oportunidad de disfrutar de la carrera del unicornio (el anagrama de la Boston Athletic Association). Más aún tras la edición de 2013, que convierte a la de este próximo Abril en una carrera altamente simbólica. No sabremos si la prueba habría sobrevivido al éxito con otro método, como el de la venta a los operadores exteriores de todo el mundo que usa su prima lejana, el maratón de Nueva York.

Nos imaginamos que el añadido de los atentados de 2013 ha hecho temer por un serio bloqueo de los sistemas de aceptación y reserva. Por todo ello, se ha dado una (¿injusta?) vuelta de tuerca a la calificación; supongamos que hay 4.000 dorsales para un grupo de edad. Es de prever que este año no serán 8.000 sino 15.000 los aspirantes. Pues tendrán preferencia los que acrediten no menos de 20 minutos de rebaja sobre esa marca.

Una decisión que traerá cola, os lo garantizo.

Un día de los patriotas diferente

Este próximo año la prueba irá al Lunes festivo estadounidense, Patriot’s Day, que se celebra el 21 de Abril. Una festividad muy marcada para todos los ciudadanos de Massachussets. En Abril pasado, una discutible relajación de la seguridad en esta fecha tan señalada trajo consigo una concatenación de fatalidades.

El ataque de unos demenciados con aspiraciones terroristas produjo muerte, terror y la solidaridad del mundo del deporte. La organización es sensible a las condiciones especiales de esta nueva primavera, por lo que anuncian un incremento de la seguridad y de todos los medios posibles.

Como colofón no hay mejores palabras posibles que las que extraemos de la web oficial. Todo el mundo estará mirando a Boston y la prueba no puede hacer sino responder como mejor sabe a esta demanda.

Adjuntamos las palabras del Director Ejecutivo de la prueba, Tom Grilk. [www.baa.org]

“The B.A.A. is aware of the significantly increased interest in registering for the 2014 Boston Marathon,”  “The rolling admission schedule will provide runners with the fastest qualifying times in their age and gender group the ability to have their entry accepted in an orderly and systematic manner. We understand many marathoners and qualifiers want to run Boston in 2014, and we appreciate the support and patience that the running community has demonstrated because of the bombings that occurred this past Spring.”