Sorolla y los runners de la Quinta Avenida

En el Museo Sorolla figura un gouache de 43 x 22 centímetros que suele pasar desapercibido entre los fabulosos trabajos del pintor valenciano. Duerme guardado en los fondos y no se exhibe habitualmente en las salas. Es el número de catálogo 829 de la colección sorollista. Se pintó durante una estancia del pintor en Estados Unidos. En la tablita se obtiene una imagen cenital de la calle por la que discurre un grupo de corredores. Tenemos la suerte de poder presumir de una cosa: Joaquín Sorolla pintó uno de los primeros retratos de algo cercano al maratón.

En una imagen que parece sacada de un póster de la actualidad, se ve un ramillete de maratonianos. Pero es otra época y otro publicista; se trata del español que mejor ha tratado la luz del sol sobre un lienzo. ¿Qué pintan unos runners en un cuadro de 1911?

Son apenas diez corredores que visten de blanco, un color probablemente real, que corren por el esquinazo que forman la Calle 59 con la Quinta Avenida, justo enfrente de Central Park. En los laterales hay público. Una cantidad sorprendente. El mismo público que abarrota hoy las aceras de los primeros maratones norteamericanos. Joaquín Sorolla tituló “Carrera maratón; Nueva York” a esta obrita maestra hecha en ojo de halcón sobre las calles de la Gran Manzana.

Hemos podido podido comprobar que pudo no ser un maratón auténtico pero sí un momento de efervescencia social. Lo veremos más adelante. Era el otoño de 1911 uno de los momentos más fructíferos del genial artista, dado que acababa de firmar un contrato con la Hispanic Society que suponía la culminación de su éxito internacional. Triunfador en los museos de Sant Louis y el Art Institute de Chicago, durante aquella estancia Sorolla se alojó en una de las plantas altas del viejo hotel Savoy. En la época, el monumental edificio inaugurado en 1890 ya miraba al parque más famoso del mundo, Central Park, frente a un esquinazo hoy emblemático del maratón neoyorquino y al lado de nombres legendarios como la mansión Vanderbilt o el Hotel Plaza.

Era la culminación. El lujo del éxito. Aquella maravilla que ocupaba las calles 58 y 59 con la Quinta, frente al actual monumento a Sherman, era una isla que recreaba el lujo francés en sus interiores. Sorolla vivió alojado en uno de los flancos que miraban a la 59, por encima de los salones estilo imperio, Luis XIV y Luis XVI que representaban toda una metáfora: el auténtico triunfo profesional que le supuso firmar con Archer Huntington el contrato para pintar los lienzos de Visión de España. Estos trece paneles decorarían la biblioteca central de la Hispanic Society de Nueva York y le mantendrían bien posicionado en el statu quo artístico durante varios años.

Desde una de las plantas altas Sorolla lo bosquejó todo. De esa serie son las vistas aéreas de la Quinta Avenida, de los cruces aledaños, cuyas perspectivas nos ofrecen los techados de automóviles, carruajes de tiro y camiones primigenios. Ya es un bullicio mecánico al que aplica esa paleta con grises chispeantes y vivos colores. El otoño de 1911 le ofrece una nevada e hileras de paseantes y de todo ello toma rápidas notas fruto de su dominio del gouache.

Para los apasionados del correr se trata de una obra menor pero que retrata un evento deportivo fabuloso. Celebrado en 1911 y que montase tal jaleo runner por las avenidas de Manhattan habla de una época cuyo único vestigio no es la cultura del maratón de Nueva York que hoy conocemos sino una reliquia preciosa: todo lo que hoy conocemos como la gran burbuja de tipos corriendo sin más armas que la voluntad, o casi todo, viene de algo que comenzó en Yonkers.

Rebobinemos. El maratón de Yonkers (distrito norte de la ciudad, detrás del Bronx, en Westchester), se celebraba desde el día de Acción de Gracias de 1907. La popularidad de aquella manifestación de los ‘sportsmen’ modernos era tal que las masas se alineaban en los bordes de las calles, tal y como refleja Sorolla. Como relata Pamela Cooper en su libro The American Marathon “los corredores pasaban al lado del público en una hilera sudorosa y jadeando de manera audible a su paso por las carreteras polvorientas”. Correr, pásmense, igual que hoy día, era un éxito de integración de la sociedad, de una clase trabajadora que estaba erigiendo el país.

La federación nacional, la Amateur Athletic Association, englobaba un buen puñado de maratones que ya se celebraban en 1907 aunque Nueva York no tenía un equivalente a la B.A.A. que organizaba el maratón de Boston desde 1897. Eran cosas de la fragmentación de Nueva York en distritos-mundo y de la muy espabilada orientación de los clubes deportivos locales de más caché hacia la inversión inmobiliaria y a ganar riadas de dinero. Así las cosas, el Mercury Athletic Club de Yonkers fue el encargado de mantener el timón de aquel maratón neoyorquino. De la semilla que hoy día pervive en forma de la carrera más descomunal y espectacular del mundo: el TCS Maratón de Nueva York.

Todo tenía un trasfondo fascinante en aquellos años de invención y de crecimiento desmesurado. Había mucho más en el mundo de la zapatilla. En aquellos días las asociaciones deportivas actuaron en las ciudades americanas de principios del siglo XX como motores de control social y expansoras de integración étnica en ciudades como Nueva York, donde se hacinaban casi cinco millones de habitantes de hasta cien nacionalidades. El distrito de Yonkers, aunque estaba en mitad del campo de la época, crecía duplicando su población a principios de siglo a base de italianos e irlandeses. Según Cooper era una zona campestre muy popular en las pruebas de cross y campo de batalla habitual de varios clubes de la zona. Los clubes Mercury y Mohawk tenían en sus filas grandes corredores de fondo y el paso fue natural. Siguiendo la estela del partido de fútbol americano del día de Acción de Gracias, y dados los buenos resultados en el maratón de Boston de aquellos maratonianos locales que Sorolla pintó de blanco, 1907 fue el año del nacimiento del maratón para Nueva York.

Si conectamos los momentos históricos del deporte podremos pensar que, en apenas unos meses se estaba celebrando la dramática prueba de maratón de los Juegos de Londres 1908. Pues bien. La historia de sufrimiento del italiano Dorando Pietri en los últimos metros y la rivalidad entre católicos irlandeses y católicos italianos encendió la chispa en la ciudad. Duelos entre Hayes, el ganador real, y Pietri, el italiano que desfalleció en meta, se celebraron en el pabellón cubierto del Madison Square Garden… ¡sobre los olímpicos cuarenta y dos kilómetros!.

Y el bendito running subió como la espuma. El New York Journal organizó en noviembre de 1908 un maratón urbano que atrajo a ¡setecientos inscritos!. En la Brooklyn Sea Gate se celebró otro a los pocos meses, coincidiendo con el cumpleaños del presidente Abraham Lincoln. Y la fiebre continuó con los años venideros: Bronx, Columbia, Brooklyn, todos los distritos contaban con su prueba de largo aliento. Setenta años después el fundador del Maratón de Nueva York reconocería que aquella carrerita de Yonkers siempre fue una de sus favoritas e inspiradoras.

El Yonkers Marathon hoy está reducido a una reliquia preciosa con doscientos inscritos y desplazada a un circuito circular pegado al río Hudson, frente a los cincuenta mil corredores del maratón neoyorquino y el paso por todos los distritos de la ciudad. Pero en su día aquella carrera equilibraba en otoño la balanza sobre la que Boston apisonaba en Patriot’s Day (el primer lunes de abril). Como podemos ver por la tabla que pintó Sorolla en 1911, el fervor no era poco ante aquellos tipos corriendo durante tres y cuatro horas. Demuestra esto que vivimos en una era donde todo está ya inventado, por mucho que nos empeñemos en etiquetarlo con nuevos formatos.

Pero vayamos al mollar: ¿Qué demonios quedó plasmado en el cuadrito con el código de catálogo 829 de la colección del Museo Sorolla de Madrid?

Hemos podido contrastar que alguno de los recorridos de aquellos maratones de distancias muy variables pasó por debajo de la ventana donde Joaquín Sorolla pintó el otoño de 1911. Casi con toda seguridad fue el del Evening Standard Modified Marathon, una carrera muy popular de unos 20 kilómetros que se celebró durante una década recorriendo las avenidas desde el Jerome Avenue, en el Bronx hasta Lower Manhattan y discurriendo paralelo a Central Park. Descendía por la Séptima, la Calle 110, luego la Quinta y terminó por Broadway hasta el Ayuntamiento. Según el historiador Al Copland la carrera discurrió por avenidas tan centrales que se calculó alegremente que pudo haber un millón de personas presenciándola y, para 1914, una cifra monstruosa de ¡1.780 corredores!.

Con toda seguridad pasó con todo el griterío que hoy nos parece habitual y esto despertó la curiosidad de un retratista de las costumbres del cambio de siglo como fue el pintor valenciano. Los bocetos del progreso que Sorolla dejó para la Historia del Arte reflejaron la electrificación, el motor de explosión, los comercios metropolitanos, joyerías, farolas y, casualidades de la vida, tipos corriendo mientras la ciudad se vuelve loca.

Artículo publicado en la revista Runner’s World, oct 2017.

Maratón de Valencia. 11.300 inscritos

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Ya es definitivo. Con el cierre de las inscripciones del Maratón Divina Pastora Valencia, organizado por el Ayuntamiento de Valencia y la SD Correcaminos, se confirma que la prueba contará con 11.300 participantes, el cupo máximo establecido.

Más de un 20% de crecimiento basado en una buenísima campaña de marketing. Desde los días en que la prueba se tambaleó, las cosas han cambiado mucho y para bien, según refleja la respuesta de los participantes. Parece que se debe pasar por algún tipo de trauma catártico para tomar las cosas en serio. Ocurrió, recordemos, con el Maratón de Barcelona hace años, y ha ocurrido en la ciudad del Turia.

Dónde. Cuándo.

El domingo 17 de noviembre, la pasarela teñida de azul de la Ciudad de Las Artes y Las Ciencias se convertirá en un emblema con cada día más fieles. Será la meta de un circuito remodelado y con muchísimos kilómetros por el centro de la ciudad, aun teniendo demasiados virajes. Precisamente los kilómetros del centro de la ciudad serán el escenario de la parte final, el muro, el enfoscado del muro, y hasta la alambrada de pinchos que corona el muro. Este año se diseñaba un cambio radical del circuito para acoger los seis kilómetros finales por el entorno del Ayuntamiento, Gran Vía, y suprimiendo la horrenda visión de las ruinas del circuito de fórmula uno.

No estarán solos, si se puede estar solo entre once mil corredores, porque se une a ello una segunda salida con los participantes de la prueba de 10 kilómetros. Otros ocho mil atletas populares.

La organización se relame por la evolución de los participantes internacionales. Las cifras elevan al visitante a un 23% del censo. En cabeza, los italianos, que disponen de conexiones aéreas de bajo coste y una fluida relación mediterránea, consolidada por la asistencia mutua a las ferias de los maratones de ambos entornos.

La información práctica, en la web de la carrera.

Quedan dos semanas.

¿Facebook mide los maratones del mundo?

Una de barra de bar. He pensado que Facebook mide (de aquella manera) los maratones del mundo.

¿Cuánto? ¿cómo? ¿Qué dices?

Se me ha cruzado por medio un pequeño juego. He mirado si podría haber cierta correlación entre datos, a partir de los ‘me gusta’ que tiene cada carrera de maratón. Es interesante ver si se corresponde con un volumen muy parecido de inscritos (y algo menos a los llegados a meta). Que viva la estadística.

¿Valdrá para algo?

Vale. Si uno es community manager le puede servir para ponerse las pilas. Si es organizador, le terminará -o no- de convencer sobre la importancia de estar ahí, presente. Indudablemente es una cifra que nada más mide la popularidad de la red. En algunos casos esta popularidad se traslada directamente a los participantes. En otros (Boston) los datos desbarran por evidentes motivos de popularidad después de hechos puntuales (los atentados del Abril pasado). En el caso de la Marine Corps, os invito tal cual a ver las cifras.

 ¿Me pone aquí un cortado y un zumo?

Sigamos. No es tan fácil. Tiene su miga. He mirado qué porcentaje de esos ‘Like’ se traducen realmente en participantes. Un ejemplo: veinticinco mil de los veintiocho mil ‘me gusta’ en el perfil se prenden el dorsal en la camiseta. Podríamos decir que los participantes han sido un 85% de ellos. No es representativo de nada, o quizá de bastante, pero… lo he llamado porcentaje de efectividad social de la red  (por decir algo).

Al contrario, podría decirse que con un éxito relativo en participación, no son capaces de arrastrar un número similar de seguidores en facebook.

Lo mismo es solamente una desviación de cifras.

Pero sí hay dos tipos de cifras: las equilibradas, que se encuadran en el rango 90-110%, con valores muy similares entre redes sociales y dorsales, y las dispares, que (a) tienen muchos más seguidores que corredores o (b) muy pocos seguidores para la cifra final de participantes.

Camarero, otro café. Y un pincho de tortilla.

¿Qué pensáis vosotros?

mara. – Like/FB – Corren – (%+/-VAR)
Boston – 128.454 – 26.813 – 20.9%
Nueva York – 92.780 – 46.795 – 50.4%
Tokio – 28.494 – 25.000 – 87.7%
Paris – 34.358 – 38.690 – 112.6%
Berlin – 34.785 – 40.967 – 117.7%
Londres – 59.838 – 34.631 – 57.9%
Honolulu – 12.258 – 30.898 – 252%
Marine Corps – 83.135 – 30.000 – 36%
Viena – 15.308 – 10.500 – 68.6%
Hamburgo – 6.665 – 11.446 – 171%
Estocolmo – 7.225 – 15.680 – 217%
Praga – 17.889 – 5.690 – 31.9%
Frankfurt – 15.589 – 12.436 – 125.1%
Barcelona – 12.589 – 14.776 – 117.4%
Valencia – 12.924 – 7.781 – 60.2%
Madrid – 12.269 – 10.164 – 82.8%
Sevilla – 3.479 – 5.963 – 171%
Murcia – 989 – 2.020 – 204%

Datos de Fb a 22 de Octubre 2013, 15:40h. Datos de participación, wikipedia.org y websites de pruebas.

Maratones en España. Los tres ‘majors’

Comienza el movimiento informativo para la siguiente ronda de grandes maratones en España (Barcelona, Madrid y Valencia), con la cercanía del último de los tres en el calendario.

Valencia se celebrará en 32 días. El maratón que trasladó sus fechas a otoño, con 12.000 amigos en Facebook y 4.000 followers en twitter, ha ido a por los diez mil inscritos. Cerrará inscripciones cuando llegue a 11.300. El ‘crescendo’ de la carrera se simboliza en un calendario diseñado solo para embalar la ciudad hacia el evento grande. Este fin de semana otros diez mil participantes tomarán las calles en el Medio Maratón, integrado también en la organización del maratón. Divina Pastora es un bloque sólido entorno a los eventos a pie (si bien deberíamos tomar todos los asuntos monetarios con pinzas en este país nuestro).

El recorrido valenciano sufrirá espasmos. La ciudad quedará cortada como por un cuchillo que pase sobre mantequilla. Es la gran apuesta y los últimos diez kilómetros serán una fiesta o un infierno. El Ayuntamiento, la Gran Vía… todo lo que se mueva alrededor del centro y del cauce del Turia tendrá la marca maratón. Se esperan los resultados con impaciencia.

Es evidente; todos saben que, quien supere los 10.100 llegados a meta, se colocará por delante del ránking 2013 en participación. Es la cifra de llegados del maratón madrileño. La combinación de este, en la primavera pasada, optó por diversificar un recorrido para 10 y otro para 21 kilómetros.

Madrid y su etiqueta rocanrolera está apretando aunque suscita muchas dudas. Escasos 2.000 tuiteros enganchados aunque igual número de amigos en Facebook.

Y es que el año próximo está a la vuelta de la esquina. Sin duda alguna se han visto obligados desde la dirección técnica a dar un paso adelante. Tras la trifulca logística de este año y una avalancha de quejas, es de suponer que la franquicia Rock’n Roll maratones ha apoyado más medios y algún cambio en el cómo implementarlos. El equipo madrileño optó por anunciar cambios en el recorrido y una iniciativa de abajo arriba en el que los participantes expertos podían aportar mejoras. La evolución hacia 2014 ha supuesto regresar al recorrido de 1994. Quizá es un síntoma de Madrid. Quizá no se puede hacer más.

Barcelona mira todo este panorama, interesante por que la pugna derivará en mejores servicios, desde su primera posición en participación y resultados. La prueba de Marzo empieza a hacer valer ese dominio al que no se escapan las críticas. Hechas públicas las tarifas de inscripción para la edición de 2014, comienzan las críticas. Los mozos de Zurich comienzan a leer cosas como esta, al azar, de hoy a las 7.00am. Y las RSS cuentan: 12.300 seguidores en Facebook y 5.800 en su cuenta de twitter.

 

Para apretar las inscripciones en el tiempo, los primeros diez mil dorsales costarán 61€. Pasado ese ‘periodo de oportunidades’ se penaliza con una subida hasta 84€. No es más caro para la empresa esperar ni los servicios para los siguientes 10.000 corredores. Es obtener el máximo de capital ingresado lo antes posible. Probablemente esos 610.000 pavos sean un primer ingreso potente. ¿No podrían pelear por sacar el doble negociando derechos de televisión o de imagen?

En cualquier caso, la bola de nieve barcelonesa parece imparable y su objetivo es una fiesta deportiva al nivel de Hamburgo, Frankfurt, Roma y Estocolmo.

París, Londres o Berlín quedan todavía demasiado lejos.